“López Obrador debe convocar a la gran unidad de un frente popular democrático anti-fascista para evitar cualquier situación similar a la de Bolivia o Venezuela”

“A todo cambio progresista en la política de un país sobreviene una reacción en sentido contrario: La forma de reacción conservadora más violenta y peligrosa es sin duda el fascismo”

“Es necesario que los partidos y organizaciones que se reconocen de izquierda entren en alianza con todas las fuerzas progresistas del país para cerrar filas”

“Sólo la unidad del pueblo organizado puede detener la ofensiva por parte de los sectores más conservadores y reaccionarios de México”

Es bien sabido que a todo cambio progresista en la política de un país sobreviene una reacción en sentido contrario, en otras palabras, la respuesta del bando conservador. No pocas veces esta resistencia de la clase privilegiada a perder sus ventajas suele desembocar en la violencia. La historia antigua y reciente ofrece innumerables pruebas de lo anterior: desde el asesinato de Julio César por miembros del senado romano pertenecientes a los conservadores “optimates”, hasta el golpe de Estado contra el presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, por medio del ejército y auspiciado por el gobierno de Estados Unidos.

La forma de reacción conservadora más violenta y peligrosa es sin duda el fascismo y su expresión más mortífera jamás aplicada ha sido el nazismo alemán. Pero ¿cómo es que tal ideología pudo prevalecer sobre el sistema político alemán en el periodo de la llamada República de Weimar? En gran medida la respuesta está en el apoyo que el partido nazi recibió de los grandes empresarios alemanes y de las concesiones que los partidos de derecha tradicionales hicieron ante las demandas de Hitler. Sin embargo, la militancia de la izquierda se auto-engañaría si no reconociese sus propios errores. Sobre todo la equivocada y desastrosa política de la Internacional Comunista de equiparar al partido Socialdemócrata alemán con el nazi, impidiendo así hasta muy tarde, una posible alianza anti-fascista del Partido Comunista Alemán con el Partido Socialdemócrata.

Lo más grave para la izquierda sería no aprender de estos errores. Pero sigue habiendo organizaciones ultra dogmáticas que siguen haciendo esta irresponsable valoración; una línea política que es más el producto del rencor y la soberbia surgidos de la división entre socialdemócratas y comunistas a principios del siglo XX, que del estudio detenido y dialéctico de la realidad. Así pues en México tenemos organizaciones y partidos de la izquierda, que maliciosa o erróneamente equiparan el gobierno de López Obrador con todos los anteriores pertenecientes al llamado periodo neoliberal. Con esto no sólo evitan la unidad de un frente amplio que impida el regreso de las fuerzas conservadoras al poder, sino que benefician directamente a la derecha política, que pudiese regresar en forma de fascismo,  como ocurrió en Chile.

Pero ¿quién representa al fascismo en México? La respuesta es clara, el Partido Acción Nacional, principalmente, ha sido históricamente y sigue siendo en nuestro país la fuerza política que representa más aproximadamente una ideología de corte fascista. El PAN es un partido de corte racista, machista, ultra-católico, homofóbico, clasista y rabiosamente anti-comunista. Pero paradójicamente, y a diferencia de los fascistas europeos y norteamericanos que son ultra-nacionalistas, el panismo es por el contrario, profundamente traidor y entreguista de los recursos naturales y humanos de México. No es coincidencia entonces que el PAN tenga estrechas relaciones con la igualmente racista, traidora y clasista oposición venezolana, el régimen ultra-católico golpista de Bolivia o el militarizado y pro-yankee gobierno colombiano.

Tampoco sorprende entonces que el PAN y demás componentes ultra conservadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido de la Revolución Democrática (PRD) y sus respectivas organizaciones satélites se encuentren ya en pláticas para formar un frente electoral opositor. Esto con el objetivo de, primero, salvar el registro, y segundo y más importante, remover a Obrador y-o a su partido MORENA del gobierno.  No extraña entonces que los opositores más nefastos, desprestigiados y canallas de la política mexicana se agrupen ya en distintos foros, colectivos, medios y organizaciones para repetir calumnias contra López Obrador, como por ejemplo los ex presidentes Calderón y Fox, los pseudo-periodistas Loret de Mola, Andrés Sarmiento, Denise Dresser, Brozo, los gobernadores Jaime Rodríguez el “bronco” y Enrique Alfaro o la organización FRENA y las cámaras empresariales. Todos estos individuos y muchos otros representan el núcleo proto-fascista mexicano.

Ante esta amenaza es necesario que los partidos y organizaciones que se reconocen de izquierda abandonen sus posturas dogmáticas y que entren en alianza con todas las fuerzas progresistas del país para cerrar filas. Si bien es cierto que la oposición está muy debilitada, también es cierto que cuentan con los recursos económicos para fortalecerse y que seguramente lo harán. Por esto es necesario que también MORENA y el presidente López Obrador hagan lo propio, convocando a la gran unidad de un frente popular democrático anti-fascista para evitar cualquier situación similar a la de Bolivia o Venezuela.

Para articular este frente el presidente deberá acercarse a los sindicatos combativos y organizaciones de masas como por ejemplo el Sindicato Nacional de Electricistas  y el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana. También deberá apoyarse en las organizaciones marxistas que han tenido la certeza de ver su gobierno como uno de naturaleza nacionalista-antiimperialista y progresista y que tienen además una amplia experiencia combatiendo el fascismo, como por ejemplo: el Partido Popular Socialista de México, el Partido de los Comunistas Mexicanos y el Movimiento Comunista de México, quienes ya se encuentran activos en el frente de la defensa de la 4ta T.

Sólo la unidad del pueblo organizado puede detener la ofensiva por parte de los sectores más conservadores y reaccionarios de México. No nos engañemos, los ataques en contra del presidente López Obrador y de su gobierno no neoliberal, nacionalista y popular ya han comenzado y sólo habrán de arreciar. Así pues nunca es demasiado temprano para combatir al fascismo.