La caída de la economía mundial es la caída de la demanda de materias primas, principales productos de la exportación de la periferia

La economía venezolana está enfrentando la confluencia de cuatro hechos adversos: la crisis económica mundial, la crisis estructural del capitalismo dependiente venezolano [2], las sanciones y medidas y coercitivas unilaterales y, en los últimos meses, una crisis sanitaria mundial producida por la pandemia del COVID-19.  

La crisis económica mundial se inscribe, a su vez, en una crisis de varias dimensiones, lo que hace que se perciba como una crisis civilizatoria o, desde una perspectiva más integral, una crisis del modo de vida; donde resalta, de forma muy particular y relevante, la dimensión ambiental y climática.

Desde mediados de 2019, se venía pronosticando una disminución de la actividad económica global. La pandemia aceleró y profundizó esta tendencia ralentizadora y la convirtió -en corto plazo- en una profunda recesión. El “autómata planetario”, tal como llamó Carlos Marx a la economía mundial, está infartado, la pandemia ubicó sus primeros epicentros en las tres fábricas mundiales: Asia primero, pasó luego por Europa, se instaló en Estados Unidos, para,  finalmente, detenerse en América Latina.

La caída de la economía mundial es la caída de la demanda de materias primas, principales productos de la exportación de la periferia.

La economía venezolana es parte de esta periferia dependiente cuyo modo histórico de articulación a la economía mundial, desde el siglo XX, ha sido principalmente a través de una mercancía muy particular: el petróleo. Aspecto muy importante, porque es una mercancía que hace funcionar al mundo. Esta singularidad, que suele mostrarse obvia, es fundamental para comprender, en el caso venezolano, la intensidad y la complejidad de la dependencia [3] y sus mecanismos. El petróleo mueve la economía mundial como fuente de energía principal y  proporciona un número enorme y variado de productos derivados.

A pesar de los acelerados procesos de sustitución por fuentes sustentables, no fósiles, el autómata planetario, por ahora, se alimenta principalmente de petróleo [4]. Normalmente, necesitaba entre 90 y 100 millones de barriles diarios.  Esta era la demanda de petróleo hasta mediados de 2019. Sin embargo, mucho antes del coronavirus, la oferta mundial de petróleo superaba ampliamente dicha demanda. A principios de abril, con el inicio de la pandemia, se estimaba que esa demanda mundial de petróleo se había reducido en 30 millones de barriles diarios. Como resultado, el petróleo se empezó a almacenar y los inventarios se saturaron en todo el mundo.  El mes de abril de 2020, llega acompañado de un paisaje mundial con tanqueros que flotan abarrotados con una carga que no termina de llegar a destino, en tanto los depósitos en tierra, igualmente henchidos, no pueden recibir más producción.

Esta paralización del consumo y del comercio del petróleo, lleva a una baja extrema de la actividad productiva en este sector, y ello conlleva a inhibición de las inversiones. Como resultado de este círculo vicioso, la capacidad productiva futura del sector petrolero mundial se verá afectada. Los impactos de este ciclo depresivo, en la actividad petrolera global, sobre la economía venezolana pueden ser disímiles.

A este cuadro se le debe agregar lo acontecido en la producción  de hidrocarburos de esquistos. La producción y las inversión en el shale oil, están siendo afectadas por la incapacidad de mantener dichas inversiones ante los actuales costos de producción, dada la situación de bajos precios del petróleo convencional. El resultado, en lo que va de año,  es que la crisis económica y las perspectivas altamente incierta de una recuperación  significativa de la economía mundial, llevan a un fracaso de la estrategia energética de Estados Unidos. El complejo energético estadounidense (sus grandes empresas petroleras transnacionales) deben estar evaluando su reposicionamiento en un futuro donde la producción petrolera convencional recobra su peso, y en este escenario probable debe aparecer Venezuela, cuyas reservas y su privilegiada ubicación siguen siendo su atractivo fundamental.

Junto con la contracción en la actividad petrolera mundial, sobrevino un fuerte descenso de los precios del petróleo. La canasta de exportación de petróleo venezolano está compuesta principalmente por crudos pesados, ya a principios de abril de este 2020, la caída de los precios petroleros reducía, en forma significativa, el margen entre los costos de producción de algunos de estos crudos pesados y sus precios en el mercado.

En resumen, cae la demanda de petróleo por la caída de la economía mundial, especialmente de sus principales consumidores, caen los precios del petróleo y hay una sobreoferta del crudo y sus derivados. Las expectativas de recuperación son pesimistas y se estima que, el reinicio del funcionamiento de la economía China, no será suficiente para compensar la mencionada caída de la demanda mundial de crudo.

Lo anterior significa, para la economía venezolana, una reducción al extremo de los ingresos fiscales petroleros. El petróleo llegó a significar más del 95% de las exportaciones totales, alrededor del 50% de los ingresos fiscales y entre un 18 y 23% del PIB.

El bloqueo económico

Al mismo tiempo, está el bloqueo económico y financiero, a través de sanciones y medidas coercitivas unilaterales, aplicadas por la administración estadounidense desde 2015.

La estrategia del imperialismo estadounidense, se ha centrado en reducir al máximo la capacidad de producción y de exportación del petróleo venezolano. Con ello persigue tres objetivos:

  1. a) el primer objetivo, busca sacar del mercado mundial la oferta petrolera venezolana, en línea con la estrategia energética que se concreta en el Gobierno de Barack Obama y tiene continuidad con Donald Trump, en tanto buscaba posicionar la oferta de petróleo de esquisto (shale oil). Al mismo tiempo, dicha estrategia comparte el objetivo de debilitar a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y a otros productores importantes de petróleo. Por ello, enfrenta a Rusia, a Irán y a Venezuela;
  2. b) El segundo objetivo es recuperar/consolidar un área geopolítica de influencia, y posibilitar que América Latina sea el patio trasero donde se asegura fuentes energéticas, materias primas y mano de obra barata, además de liberalizar las economías al grado de disolver sus Estados nacionales, con el propósito de dejar el territorio despejado a las empresas trasnacionales; y,
  3. c) Finalmente, trata de eliminar cualquier resistencia política, representada por gobiernos nacionalistas o progresistas, y por movimientos sociales, que planteen mayores grados de autonomía, soberanía, independencia económica, y propuestas económicas alternativas.

De esta forma, desde el terreno de la acción política y a través de su poder económico-financiero, Estados Unidos y Europa, buscan asfixiar el presupuesto público venezolano, suponiendo que: al disminuir la capacidad de funcionamiento del gobierno nacional, se propiciará el descontento sociopolítico necesario para su caída, y posterior sustitución por un gobierno alineado a los intereses geopolíticos estadounidenses.

Esto último implica que, los bloques imperialistas, simultáneamente construyen una especie de “gobierno” paralelo [5], con el objeto de garantizar una administración colonial, al mismo tiempo que permite legitimar la ilegal apropiación de grandes recursos financieros.

El objetivo último, de esta agenda entre Estados Unidos y la Unión Europea, se puede ver en un sentido restringido como el logro de consolidar el control geopolítico de una región que garantiza la provisión de recursos estratégicos. En un sentido más amplío, se trata de lograr la disolución del Estado Nacional, la imposición de un protectorado encubierto en un “gobierno aliado” y finalmente culminar el proceso de imposición de la civilización occidental, a través de la recolonización, como forma política que permita garantizar la continuidad del modo de vida capitalista a nivel mundial.

Por tanto, las acciones en contra del actual gobierno de Venezuela deben entenderse dentro de una confrontación más global, cónsonos con la recomposición de la hegemonía estadounidense y europea, frente a los bloques geoeconómicos y geopolíticos emergentes. En este sentido, la estrategia imperial apunta más allá de la sustitución del Gobierno Bolivariano, dado que se orienta –fundamentalmente- a la disolución del Estado Nacional, para consolidar un área de influencia regional.

El imperialismo está reconfigurando una estrategia de integración regional dependiente que requiere la conversión de las naciones, políticamente o formalmente independientes, en “mercados” y espacios geopolíticos subordinados a las necesidades de las compañías trasnacionales y, por tanto, a los intereses estratégicos del Estado imperialista.

Para ello, en el caso del bloqueo a Venezuela, la estrategia de acoso recurre a lo que ha llamado la autora Naomí Klein, “el capitalismo del desastre [6] o como lo denominó el brasileño Antonio Moniz Bandeira, “una fórmula para el caos” [7] en el caso de las operaciones encubiertas (atentados terroristas, asesinatos, sabotajes, boicot económico) que llevó a cabo Estados Unidos en Chile con el propósito de derrocar el Gobierno de Salvador Allende. Su estrategia consiste, como dijo Henry Kissinger y Barack Obama, de “hacer crujir” o de “torcer el brazo” a la economía venezolana, asfixiarla poniéndole la rodilla en el cuello.

Este estrangulamiento se ha expresado en:

  1. La confiscación ilegal de activos externos de la Nación, entre ellos resalta la compañía CITGO (ubicada en Estados Unidos), la empresa Monómeros (ubicada en Colombia), los depósitos en diferentes bancos extranjeros y el oro en reserva en el Banco de Inglaterra;
  2. La obstaculización del comercio exterior de los principales rubros de exportación como el petróleo y el oro;
  3. La prohibición del uso del sistema financiero internacional, bien sea para financiamiento, pago de bienes y servicios y manejo de la deuda externa pública; y,
  4. Las sanciones a funcionarios públicos en puestos claves con el objeto de anular la capacidad del Estado para gestionar transacciones externas.

La amenaza y la coerción tanto a las compañías navieras que transportan el crudo venezolano como a las refinerías que lo reciben y procesan (como es el caso de la India), ha llevado a Venezuela a un incremento del almacenamiento del petróleo producido y a una caída brusca de sus exportaciones. Es así como, la caída de los niveles de producción, son -en gran parte- resultado de las sanciones. Actualmente, se estima que la producción está por debajo de los 800 mil barriles diarios de petróleo, un nivel de producción significativamente inferior a los niveles alcanzados por el sector petrolero venezolano, que llegaron a ubicarse muy por encima de los 3 millones de barriles diarios.

Estas acciones limitan, al extremo, la capacidad de la economía venezolana de importar bienes de consumo, intermedios y de capital. Pero especialmente, disminuyen el acceso en los mercados internacionales, por parte del gobierno nacional, de rubros que tienen que ver con la alimentación y la salud.  Y para la empresa petrolera estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA), obstaculizan el suministro de insumos y equipos.

Es importante señalar que, las sanciones no sólo afectan al Gobierno sino que, al mismo tiempo, obstaculizan y encarecen las transacciones internacionales del sector privado. Especialmente, afectan las actividades productivas internas que requieren apoyarse en el comercio internacional, en el sistema financiero internacional, y en la prestación de servicios extranjeros de mantenimiento de equipos y  soporte sistemas tecnológicos [8].

Aspectos coyunturales de la crisis económica nacional

El análisis económico de los últimos años, no puede omitir la confrontación política y social que se ha desplegado desde la asunción del Presidente Nicolás Maduro. Las fuerzas opositoras han optado,  por una estrategia insurreccional bajo diversas modalidades y todas incluyen el apoyo directo de potencias extranjeras. Esta confrontación sociopolítica ha tenido una gran responsabilidad en la evolución de la economía. La desestabilización política se combina con la desestabilización económica. La pugna de poder político se alimenta de la pugna, protagonizada por sectores económicos y sus representantes políticos, por controlar la renta petrolera y otros recursos naturales que generan altos niveles de ingresos.

Igualmente, la ofensiva política restauradora, apunta a la desarticulación de toda expresión alternativa que promueva un desarrollo nacional autónomo y con altos grados de soberanía.

La llegada de COVID-19 y la actual fase de la crisis mundial, encuentra a una economía venezolana que ha acumulado 6 años consecutivos de contracción. Las ultimas cifras disponibles de actividad económica publicadas por el BCV, y que datan del primer trimestre de 2019 (hace un año), así lo demuestran, con tasas trimestrales que superan el 20%  de caída de la actividad económica global medida por el PIB. De tal forma que, en el primer trimestre de 2019, el PIB decreció en -26,8%. Este resultado global, involucra caídas drásticas en sectores manufactureros (-56,3%), comerciales (-39,2%), construcción (-74,1%), transporte (28,2%), entre otros. La economía, desde el punto de vista macroeconómico, está colapsada.

Además, se desató una dinámica inflacionaria que se transformó en una hiperinflación. Este proceso inflacionario tiene varios factores estructurales y propagadores que explican su causalidad. Estas diversas causas de la inflación, son opacadas por la influencia que ejerce la variación del tipo de cambio sobre el aumento de los precios. La espiral inflacionaria, característica de los procesos hiperinflacionarios en América Latina [9], se alimenta -además de las condiciones estructurales- de factores propagadores, resaltando un sostenido proceso indizatorio que se ha generalizado en toda la sociedad (desde los grandes vendedores de bienes finales, hasta los pequeños comerciantes, prestadores de servicios de reparación u otro fijador de precios de bienes y servicios, siguen una cadena contagiosa de indización de precios)  y contribuyen, de esta forma, a la propagación del componente inercial de la inflación.

El ¿cómo se llegó a esta escalada hiperinflacionaria?, tiene varias interpretaciones. Hay dos abordajes fundamentales para explicar el proceso inflacionario. Uno de ellos, el dominante, lleva a la tradicional interpretación ortodoxa del problema de la inflación que considera como única y siempre causa la expansión monetaria. Esté es el enfoque monetarista que predomina en el relato neoliberal y en general, en el sentido común impregnado tanto en la academia como en el calle.  El otro, poco explorado y desarrollado sistemáticamente en la actualidad, basado en un análisis de  las causas estructurales y de los factores propagadores de la inflación, en una economía capitalista dependiente con predominio de la explotación petrolera, y las consecuencias que se derivan de la captura y distribución de una renta internacional. Igualmente, se debe incluir en esta segunda explicación de la inflación la acción de los actores y poderes fácticos (pugna distributiva) junto con la política económica del gobierno.

Esta hiperinflación y el colapso macroeconómico acontecen en un contexto donde se han debilitado las capacidades por parte del Estado para influir en la actividad económica. Esta coyuntura es resultado, en una parte significativa, de un largo proceso de confrontación sociopolítica, iniciado desde el mismo momento en que el recién gobierno de Hugo Chávez inició una hoja de ruta de cambios legales y constitucionales que fueron, inmediatamente, percibidos las clases dominantes nacionales [10] y por el capital trasnacional como amenazas a sus intereses. Dicho proceso de confrontación, luego de la muerte del Presidente Hugo Chávez y desde el inicio del gobierno del presidente Nicolás Maduro, adquirió un carácter de ofensiva final.

Esta confrontación política, es una manifestación de la particularidad de la lucha de clases en el caso venezolano. Una lucha de clases que se ve mediatizada y, al mismo tiempo, obnubilada por la pugna distributiva por la renta petrolera.

Durante más de década y media, los sectores dominantes, apoyados en un sistema bancario predominantemente privado, comandaron una fuga de capitales que les permitió aprovisionarse de activos financieros externos y, de esta forma, obtuvieron un poder extraordinario para fijar el tipo de cambio. Es importante señalar que la estrategia de emisión descontrolada de deuda externa pública, bajo la modalidad de títulos denominados en dólares pero comprados en moneda nacional, junto con la desviación de la divisas otorgadas por el control de cambio, se constituyeron en una carretilla que posibilitó una particular fuga de capitales. Gran parte de los dólares que circulan actualmente en la economía venezolana tiene su origen en esta forma de privatización (apropiación) y exportación de la renta petrolera por parte de los sectores económicos privados.

La economía mutante

Durante este largo proceso recesivo e hiperinflacionario (2013-2020) la economía venezolana experimentó un conjunto de cambios que pueden llegar a ser estructurales, más bien pueden calificarse de una mutación en la medida que fue un proceso adaptativo como respuesta a las condiciones a la que ha sido sometida.

Entre estos cambios podemos resaltar, en forma esquemática, los siguientes:

  1. Coexistencias de diversas monedas. A principio 2019 estimaban aproximadamente, la circulación en diferentes partes del territorio nacional, unas seis monedas (dólar estadounidense, peso colombiano, real brasilero, euro, dólar guyanés) [11] incluyendo la moneda nacional (el bolívar), con predominio del dólar estadounidense. Esto significaba una expulsión del bolívar como medio de cambio, aunque se sigue utilizando el bolívar en las transacciones bancarias internas. Investigaciones privadas, estimaban que el 60% de las transacciones se realizaban en divisas. En 2020, se confirma una tendencia donde el dólar no sólo se utiliza como medio de cambio y como reserva de valor, sino que se empodera como unidad de cuenta para expresar los precios de los bienes.
  2. Desde 2015, se incrementó el uso de criptomonedas, con predominio del Bitcoin. Igualmente, la actividad de minería de criptomonedas se fue extendiendo, hasta convertirse Venezuela en uno de los países con mayor utilización de criptomonedas. El Gobierno Nacional introdujo su propia criptomoneda (o criptoactivo) que bautizó como el Petro, sin embargo la misma no ha cumplido, hasta ahora, con las expectativas que se anunciaron, debido a que no ha logrado la usabilidad ni la confianza necesaria para convertirse en referencia frente a la dolarización, además de contribuir con la estabilización cambiaria
  3. Utilización de sistemas de pagos electrónicos en forma extensiva. Actualmente, una gran parte de las transacciones se hacen por vía digital. Venezuela, paradójicamente, se puede ubicar en uno de los principales países cuya economía utiliza intensiva y extensivamente medio de pagos electrónicos. Sin embargo, este mecanismo excluye a una parte de la población que no tiene capacidad adquisitiva para adquirir una unidad de telefonía móvil.
  4. Destaca el debilitamiento institucional de organismos económicos fundamentales que posibilitaban la regulación, la coordinación de políticas y la influencia del Estado en el funcionamiento económico. Como ejemplo, resalta entre otros, la situación del Banco Central: mientras las reservas internacionales del Banco Central están en sus niveles históricos más bajos, la economía está inundada de divisas de diferentes orígenes. Mientras no se publican oportunamente las estadísticas económicas y sociales fundamentales o su publicación experimenta retrasos importantes, es notorio el surgimiento de generadores de información macroeconómica y social desde el sector privado y desde el poder político paralelo [12], que pretenden suplir, en forma imperfecta, esta función fundamental de generación de información económica, controlando – de esta forma- la conformación de expectativas.
  5. La banca tiende a convertirse, de facto, en una gigantesca casa de cambio, y la función de intermediación -que nunca la cumplió cabalmente- casi se han extinguido.
  6. Pero uno de los cambios más importantes que se ha dado es en el mercado de trabajo. En primer lugar, ha ocurrido una flexibilización laboral de facto, lo que implica la proliferación de mecanismos de contratación informal que desmejoran las condiciones laborales en tanto se celebran acuerdos (o imponen) tanto de remuneraciones como de relaciones laborales que sacrifican las prestaciones y beneficios asociados al salario. Los empleadores, ante la medidas protectoras gubernamentales de inamovilidad laboral y los aumentos de salarios mínimos, responden con diversas modalidades de flexibilización laboral que aplican violentando los derechos conquistados por los trabajadores. Mientras que, por el lado de los trabajadores ocupados, ante la posibilidad de perder el empleo, aceptan en silencio estas nuevas reglas de juego.
  7. En segundo lugar, la devaluación sustancial y permanente del bolívar, y su alta incidencia sobre la dinámica inflacionaria, ha generado dos efectos sobre el mundo laboral. El primero de ellos, es el profundo deterioro de los sueldos y salarios, que se traduce en una dramática caída del ingreso familiar. Luego, como parte del proceso inflacionario y de la dolarización de facto, ocurre la ampliación de la desigualdad y la concentración del ingreso. Los sectores o clases sociales dominantes han sido ampliamente beneficiadas por la crisis, un segmento de los sectores medios de ingresos logró crear mecanismos de protección a través del atesoramiento de dólares, otro segmento de estos estratos medios ha experimentado una profunda depauperación. En éste último segmento, se percibe una regresión de ingresos para aquellos sectores profesionales que se desempeñan en la educación, la salud y otras actividades claves para el desarrollo económico y social. En términos generales, los sectores laborales han experimentado un acentuado proceso de pauperización y flexi-precarización. El segundo efecto, se deriva del anterior, dado que la devaluación profunda y progresiva, conduce a la reducción del costo laboral a niveles nunca vistos, esto a su vez posibilita condiciones favorables no sólo a la explotación sino a la superexplotación de la fuerza de trabajo.
  8. Si la distorsión de precios relativos de los bienes y servicios se ha convertido en el rasgo predominante en los últimos siete años, la distorsión en los precios relativos de la mercancía fuerza de trabajo ha llegado a niveles surrealistas: un plomero (fontanero, sanitario) o un electricista, si atiende a un cliente en una zona de ingresos medios, puede ganar como tarifa mínima (en dólares) y en pocos horas de trabajo, lo que le costaría ganar a un profesional empleado en el sector público en un mes. Un profesor universitario, de una universidad pública, si necesita tomar un taxi para ir a dar clases, pagaría de tarifa al taxista, por uno solo viaje, mucho más de lo que gana en un mes.
  9. La inflación, entre otras características, expresa una pugna distributiva: en la cual aquellos sectores propietarios de los medios de producción, tienen el poder de controlar la fijación de precios de los productos, mientras que el poder de los trabajadores está en desventaja para fijar los sueldos y salarios.
  10. El Gobierno Nacional, a pesar de las inmensa limitación presupuestaria, ha desplegado un mecanismo que ha denominado de “protección” de los sectores mayoritarios de la población. Adicional a la política de ajustes de salarios mínimos, ha creado un conjunto de transferencias sociales, que les ha denominado “bonos”, que son distribuidas a través de una plataforma digital (el sistema PATRIA). A mismo tiempo creó una red de distribución de cajas de alimentos, a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP ), que permiten el acceso a bienes de consumo alimentario fundamentales. Estas iniciativas, aunque han compensado en parte el deterioro del ingreso familiar, resultan insuficientes para recomponer la capacidad de compra del ingreso y el consumo de las familias, carcomidos día a día por la espiral inflacionario. La dinámica especulativa con el tipo de cambio y el ritmo de crecimiento de los precios superan ampliamente estos mecanismos compensatorios o de “protección”. Sin embargo, la creación de este sistema de transferencias monetarias y de bienes, por parte del Estado, puede ser la base para el establecimiento de una especie de renta universal (adaptada a nuestra realidad) que, combinada con una estrategia de recuperación de las remuneraciones (que incluya favorecer la producción interna) se pueden convertir en herramientas necesarias para reactivar la actividad productiva.
  11. Igualmente, resaltan mecanismos compensatorios que, algunos segmentos del sector privado, han implementado para compensar la contracción salarial y mantener el empleo. Algunos establecimientos están pagando en especie (bolsas de bienes esenciales) a los trabajadores además de la remuneración monetaria. Estas modalidades de remuneración son minoritarias, pero reflejan los cambios sustantivos en el mercado laboral

Resistencia, y rutas alternativas desde la “otra economía”

He mencionado algunos de los cambios que se han dado en la economía venezolana en un breve lapso de tiempo, me atrevo a llamarlos “mutación”, en tanto se asemeja más a un proceso adaptativo. Es un cambio estructural que nadie buscó, sino que se fue dando en forma espontánea. Dejé para último un conjunto de cambios que me parece relevante para el tema que hoy nos convoca. Este rango de cambios puede que responda a la pregunta: ¿Cómo ha resistido la sociedad y la economía esta situación que, en general, es altamente adversa?

Parte de la respuesta está en la calle, en el territorio, especialmente en los productores agrícolas, en las propuestas de organizaciones populares que han asumido la dimensión económica y productiva, en unas condiciones extremadamente adversas.  Las limitaciones impuestas por el bloqueo, pareciera que han generado condiciones para la recuperación de cierto tipo de producción e incluso para la sustitución de importaciones.

Es una realidad, que tal vez no está siendo recogida adecuadamente por los indicadores tradicionales de actividad económica, pero conforma una parte de la oferta interna de bienes que está siendo cubierta por producción nacional. Esto es notorio en los bienes de origen agrícola. Una parte de la economía productiva se ha adaptado y, a pesar de las condiciones adversas, ha logrado abastecer los mercados de productos cosechados en el territorio nacional.

Muchos de los productos que observamos en los diferentes tipos de mercados que existen en algunas ciudades principales no vienen del planeta Marte, vienen de nuestra economía. No se trata de idealizar esta realidad, se trata de reconocerla y comprenderla, dado que los análisis de los diferentes economistas están enajenados con los indicadores y las metodologías tradicionales y no toman en cuenta esta “otra economía”.

Esta oferta productiva, estimulada en gran parte por la imposibilidad contar con renta petrolera para seguir importando indiscriminadamente  alimentos, actualmente no deja de tener amenazas tanto en las condiciones de producción y transporte agudizadas por el bloqueo [13], como en las deprimida capacidad de compra de la población.

Otra forma de enfrentar el bloqueo y el desabastecimiento ha sido la flexibilización del comercio exterior. El gobierno nacional, dada la situación extraordinaria, ha permitido y tolerado un grado de apertura comercial, que ha posibilitado mantener e incrementar un flujo comercial controlado principalmente por el sector privado y sostenido por la capacidad de compra de sectores altos y medios de ingreso de la población con capacidad de atesorar divisas. El tipo de bienes que se comercian en este segmento, a través de unas especies de duty free shop [14] que han proliferado en ciudades principales. La oferta de estos establecimientos, por lo general, son bienes que reproducen e imitan patrones de consumo de los centros. Esta apertura no sólo ha permitido la realización de un consumo suntuario e imitativo, sino que ha posibilitado el abastecimiento de bienes esenciales, tales como productos de aseo personal y medicinas. De esta forma se morigeró, parcialmente, el gran desabastecimiento de rubros que se manifestó en los años 2016 y 2017.

La coexistencia de estos mercados importadores, y de otros mecanismos de importación (como los puerta a puerta), con los intentos de levantar una producción nacional (desde el gobierno como desde el sector privado y de economía social), representan una de las mayores paradojas de una economía que opera en condiciones especiales.

Se puede conjeturar que, la promoción de importaciones a través de los bodegones y las compras puerta a puerta, conspira con los intentos de apoyar a la producción interna y de una estrategia de sustituir importaciones. A pesar de ello, esta coexistencia es posible dada la segmentada distribución del ingreso y los diferenciados patrones de consumo que ésta condiciona.

Esto último, entre otras cosas, significa que gran parte de la población, no tiene capacidad para acceder y replicar el patrón de consumo que reproducen estos establecimientos, dado que, a pesar que el dólar está difundiéndose entre ciertos segmentos laborales como forma de pago, la mayoría del pueblo oprimido no tiene capacidad adquisitiva ni en dólar ni en moneda nacional (y aún menos en criptomonedas).

Al mismo tiempo, el gobierno nacional está desplegando esfuerzos para consolidar nuevas relaciones comerciales y de cooperación económica sur-sur, y, especialmente, con los bloques de poder emergentes como Irán, Rusia, India y China.

En cuanto al sector petrolero, el reto es reactivar la capacidad de producción, junto con la redefinición del sector petrolero dentro de una estrategia nacional, recuperando la capacidad de refinación, la industria petroquímica y el aprovechamiento del gas.

Queda por definir, una clara estrategia productiva donde se redefina sustantivamente el carácter de la industrialización  y de la producción agrícola, donde la pequeña y mediana industria y el sector de economía social, cumplan un rol fundamental en la construcción de un tejido productivo.

Queda por definir, el rol productivo de aquellas experiencias desde la organización popular y comunal que han demostrado -durante los últimos años- no sólo sobrevivir sino alcanzar grados de influencia sobre la capacidad productiva interna. Algunas han logrado ser exitosas, especialmente en el rubro de la producción agrícola.

Estamos, de esta manera, dentro de una realidad heterogénea donde conviven y se yuxtaponen diversas y contradictorias formas de organizar la producción, el consumo y la distribución. Diversas formas de propiedad y de gestión de esta propiedad.

Lo anterior implica ajustar la lectura de la realidad productiva de la economía venezolana. Mientras la medición (y la concepción) macroeconómica muestra una situación de colapso, con récord de contracción en las ramas de actividad, los mercados son abastecidos por una producción que, definitivamente, escapa a la medición tradicional; mientras el sector construcción muestra índices macroeconómicos depresivos, el gobierno hace un esfuerzo por continuar y consolidar unos de los programas más significativos e integrales como ha sido la Gran Misión Vivienda Venezuela; al mismo tiempo, los movimientos de pobladores [15] han culminado proyectos habitacionales y el sector privado mantiene, en urbanizaciones de clase alta, equipos de construcción funcionando.

Lo cierto es que, esta realidad muestra que estamos frente al quiebre de la economía capitalista dependiente y rentista petrolera, tal como la conocemos. Que los sectores sociopolíticos protagonizan una confrontación que detrás de su rostro político, se revela la pugna por el control de los recursos estratégicos y por imponer un patrón de acumulación.

Ante el quiebre siempre hay diversas rutas de resolución. Los escenarios de salida pueden ser diversos y divergentes.

Uno de tales escenarios, tiene mayor probabilidad de ocurrencia: la consolidación de una inserción internacional dependiente, basada en un patrón de acumulación que se base en la  explotación de bienes primarios como la minería y el sector petrolero. Es decir, lo que algunos han llamado la reprimarización, con destrucción de los pocos segmentos de manufactura que todavía luchan por sobrevivir y en perjuicio de la producción agrícola orientada a la soberanía alimentaria.

La otra alternativa implica un cambio de la matriz productiva, que conduzca a su vez a cambios en la matriz energética, en la matriz tecnológica y en el patrón de consumo. Esta vía es más compleja y requiere de la participación popular, dado que, una de sus variantes,  se basa en la promoción de relaciones sociales basada en poder de los trabajadores asociados y en la organización comunal; valorando el papel del trabajo humano, junto con la consolidación del mercado interno y la oferta productiva nacional.

Dentro del impulso de la economía productiva, la producción de alimentos permite combinar objetivos económicos pero también  objetivos en el campo de la salud, en la medida que favorece los requerimientos nutricionales de la población y además promueve formas productivas y relaciones sociales en armonía con el ambiente y alternativas a las establecidas por la industrialización dominante.

Paradójicamente, la crisis capitalista y la pandemia ofrecen oportunidades.  La pandemia, tiene un efecto catalizador de la crisis estructural del capitalismo pero también le imprime un característica única (particular, especial) dado que: el espacio, el lugar de trabajo y el hábitat se han adaptado durante la pandemia, pero también mostrarán cambios sustantivos en la etapa de la post-pandemia; cambios impuestos tanto por el cuidado sanitario como por la forma en que se reestructurará el aparato productivo del capitalismo.

En resumen, la actual situación de crisis, es al mismo tiempo una oportunidad para sustituir parte de lo importado por producción nacional. Pero también es la posibilidad de ir más allá: es el momento para promover la economía local, territorial, regional, comunal, basada en principios de soberanía alimentaria, de formas productivas ecológicas  y, con énfasis, en una profunda participación popular y de las fuerzas sociopolíticas que apuesten a la defensa y consolidación de la unidad nacional.

NOTAS:

1. Presentación en el Séptimo Foro Sur-Sur por la Sostenibilidad (SSFS7): Cambio climático, crisis global y regeneración de la comunidad. Enfrentando la triple amenaza en Venezuela: la pandemia, la crisis económica y la crisis climática. Universidad de Lingnan, Tuen Mun, Hong Kong. Co-organizado con ALBA Movimientos, Capítulo Venezuela. Caracas, 16 de julio de 2020.
2. En esta presentación, haré referencia (muy general) de estos factores adversos con excepción de la crisis estructural del capitalismo venezolano, en parte porque esta intervención se refiere más a los aspectos coyunturales. Aunque la “situación actual” es resultado de estos factores geno-estructurales, la explicación de la dialéctica del capitalismo dependiente y petrolero venezolano requiere una exposición específica.
3. Cuando me refiero a la dependencia, lo hago desde la perspectiva de la teoría de la dependencia, y especialmente de la teoría marxista de la dependencia. Partir de este marco de referencia teórico, implica comprender que si la acumulación del capitalismo dependiente es de por sí sui-generis (R. M. Marini), en el caso de una economía capitalista dependiente y petrolera, basada en la captura de la renta internacional a partir de la actividad petrolera, es aún más sui generis porque no es cualquier renta de la tierra de cualquier producto primario, es el petróleo con su peso tanto en la economía mundial como en la economía nacional.
4. Por supuesto, hay que tener presente que, uno de los cambios que se viene incubando desde hace unos años es la sustitución de la fuente de energía fósil por fuentes alternativas, tendencia sustitutiva que puede acelerarse con la actual fase de la crisis climática. Sin embargo, el petróleo continúa siendo la principal fuente de energía, y es posible que mantenga este reinado por un largo período de tiempo, a pesar que la innovación en la sustitución energética viene avanzando a pasos acelerados, no sólo en países centrales sino también en la periferia y la semi-periferia.
5. Con expresiones nacionales e internacionales
6. Klein, N. La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós, Buenos Aires, 2008
7. Moniz Bandeira, L.A. Fórmula para o caos. A derrubada de Salvador Allende, 1970-1973. Edit. Civilizaçao Brasileira, Rio de Janeiro, 2008
8. Algunas empresas privadas que actúan en actividades fundamentales (como los servicios salud), empiezan a confrontar la imposibilidad de renovar las licencias de aplicaciones informáticas necesarias para la operación de equipos de alta tecnología. Lo mismo ocurre con el mantenimiento de equipos vinculados a grandes marcas trasnacionales, debidos a que éstas se cohíben de prestar tales servicios ante la posibilidad de ser afectadas por las sanciones. Otras firmas privadas, experimentan fuertes obstáculos con los bancos que utilizan para el manejo de sus cuentas externas.
9. En las décadas de 1980 y 1990, se dieron procesos hiperinflacionarios en Suramérica, destacando las experiencias de Brasil, Argentina, Perú y Bolivia. Esas dinámicas inflacionarias, permitieron la elaboración, desde el pensamiento económico latinoamericano, de un conjunto de estudios, que se tradujeron en aportes teóricos para la comprensión del fenómeno en nuestra región.
10. En los primero años del gobierno del presidente de Hugo Chávez, el organismo que agremia a los grandes propietarios de tierras, la Federación de Ganaderos (Fedenaga), expresó su rechazo, y su clara actitud confrontacional, cuando el presidente del gremio rompió públicamente un ejemplar de la Ley de Tierras recién aprobada. Esta acción, ocurrida en noviembre de 2001, estuvo acompañado de un discurso que se asemejaba más a una declaración de guerra: “Si él quiere plantearle una guerra al sector privado venezolano, a la sociedad civil venezolana en los términos que él imponga en ese terreno, nosotros nos vamos a enfrentar” (http://www.avn.info.ve/contenido/burgues%C3%ADa-rompi%C3%B3-ley-tierras-y-declar%C3%B3-guerra-permanente-al-pueblo-hace-12-a%C3%B1os)
11. Se puede incluir el oro, como medio de cambio, utilizado en los pueblos mineros de la región de Guayana. La remuneración de los mineros, la gasolina, los alimentos, el alquiler del hogar y otros bienes y servicios se intercambian por “gramas” ( así se le ha denominado en alusión al gramo de oro). En ciudades, de esta región, como El Callao, Tumeremo y Puerto Ordaz, existen especie de “casas de cambio” que establecen un tipo de cambio “grama” por dólar estadounidense.
12. La Asamblea Nacional, controlada por las fuerzas opositoras, creó indicadores de nivel de precios y de actividad económica, en una abierta disputa por el control del poder comunicacional de la información macroeconómica. Igualmente, proliferaron indicadores económicos proxy elaborados por consultoras privadas. El silencio informativo durante dos años, por parte del Banco Central (ente oficial encargado en Venezuela de las Cuentas Nacionales y del Índice Nacional de Precios al Consumidor) en la publicación de las cifras de inflación y el retraso en la difusión de la medición de la actividad económica (PIB), favoreció el fortalecimiento, y la legitimación, de un poder paralelo de información económica.
13. De acuerdo a las ultimas medidas de bloqueo, anunciadas a finales de julio, hay un abierto intento por impedir que, Venezuela, disponga de diesel, combustible fundamental para el transporte de bienes agrícolas.
14. Se han convertido, de facto, en tiendas libres de impuestos y hasta de supervisión aduanera, y en el vocablo común han sido bautizados como “bodegones”. Igualmente, se han entronizado importaciones “puerta a puerta”, desde cualquier lugar del mundo pero especialmente desde Estados Unidos. Con lo cuál se configura un bloqueo singular, y que privilegia a un sector de ingresos medios que posee cuentas en el exterior y tienen acceso a mecanismos de compra por internet (Zelle, Pay Pal, etc).
15. El movimiento de pobladores son organizaciones populares que, entre otras actividades, tienen proyectos de autoconstrucción de viviendas y hábitat.

Autor

Economista, MsC en Desarrollo Económico. Diplomado en Integración Regional.

Entre los cargos que ha desempeñado: Embajador-Representante ante Mercosur y Aladi, fue Director del Banco Central de Venezuela, fue Viceministro de Planificación Económica, y ex-directivo de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA).

Actualmente es investigador-asociado del Centro Latinoamericano de Estudios Estratégicos (CLAE), profesor Teorías del Desarrollo y del Subdesarrollo en la Escuela de Economía de la Universidad Central de Venezuela. Investigador-asociado de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el Estudio de la Deuda Pública (RICDP).