El remate de su discurso, al tratarse de palabras del presidente de la mayor potencia militar, que tiene bases alrededor del mundo y continúa adelantando guerras y amenazas, genera inquietud.

En su discurso de la victoria el  presidente #46 de los Estado Unidos  exhortó  a los norteamericanos a unirse para salir de la crisis de la nación,  referenciando tres momentos históricos,  1860, la de 1936 y  1960,  remató su discurso diciendo,  “Dios bendiga a los norteamericanos y a nuestras tropas”.

El remate de su discurso, al tratarse de palabras del presidente de la mayor potencia militar, que tiene bases alrededor del mundo y continúa adelantando guerras y amenazas, genera inquietud.

La otra referencia a su política internacional es que Estados Unidos debe recobrar su credibilidad internacional,  aún no dijo  cómo lo hará.

De su referenciación en el pasado podríamos colegir algunos lineamientos de su gobierno.

Mencionó el año 1860, para tener presente la década en que se constituyó la Unión, después de la guerra civil; un paso hacia la modernización capitalista, con la inclusión al mercado laboral, mediante la abolición de la esclavitud, de miles de afrodescendientes, pero manteniendo la odiosa discriminación racial que originó la larga lucha por derechos que trasciende hasta hoy.  La Unión permitió financiar la maquinaria   militar y la política   expansiva justificada  como  espacio vital, que aún  mantiene los Estados Unidos, a punta de cañón.

En su discurso anunció que va a cambiar el lenguaje satanizante, si lo logra, facilitaría  diferir  en base a argumentos y no a descalificaciones aun  más allá de los Estados Unidos.

Lo cual no garantiza que el gobierno de Biden va a cambiar las prácticas discriminatorias, pero si, lograr un mejor clima para resolver los conflictos sin el uso de la violencia. Porque la segregación racial y clasista solo cambiará si los movimientos como “Black Lives Matter” se mantienen activos.

Cuando Biden se refiere a 1936, evoca el momento de mayor fuerza del “New Deals”, nuevo acuerdo, aplicado por el gobierno de Franklin D. Roosevelt, para afrontar los efectos de la gran depresión económica de 1929, que trascendió hasta 1939; el cual, consistió en la intervención del estado en la economía y el desarrollo social. Invirtiendo en obras de infraestructura y bienestar social, para aumentar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, estimulando el crecimiento económico mediante mayor capacidad de consumo. Lo cual implica mayor aporte de impuestos de los ricos.

Hay que esperar que Biden haga algo en ese campo y lo permitan las grandes corporaciones, el Congreso; dependerá de lo que los movimientos sociales exijan.

Esa política tuvo réplicas en Latinoamérica y el Caribe, en esa época, similares a las de este siglo con los gobiernos progresistas.

También Biden rememoró la política de JF Kennedy, New Frontier- nueva frontera, la aplicada para enfrentar la crisis de los EEUU en la década de 1960, reforzar la campaña anticomunista mundial, combatir la revolución cubana y su influencia en nuestra américa.

El  plan económico de la política nueva frontera   fortaleció  la inversión para el avance científico-tecnológico, asentado en el  entramado industrial militar, lo cual aceleró la carrera armamentística;  y en los subsidios a la  agroindustria.

 Para dar salida a sus armas y demostrar el predominio Yankee, Kennedy organizó la invasión de mercenarios a Cuba, por Bahía Cochinos, en 1962, obteniendo un rotundo fracaso; en continuidad de la política de nueva frontera JB Johnson en 1964 intervino en la guerra del Vietnam, que desembocó en otra derrota para el imperio estadounidense.

Para Latinoamérica y el Caribe la política de Nueva frontera diseñó un vasto plan contrainsurgente, interviniendo con un plan de ayuda, la Alianza para el Progreso, y la guerra preventiva, derivada en golpes de Estado, persecución, desapariciones y asesinatos a lo largo de nuestra patria grande.

En síntesis la esperanza de Biden puesta en el pasado,   trae aparejado un lenguaje inclusivo de los discriminados y violentados, afros, latinos, islámicos, mujeres, sexodiversas, trabajadores,  y políticas  sanadoras,  dijo Biden, para los Estadounidenses, pero a la hora de las ejecuciones veremos la verdad.

Biden al trasladarse al presente se comprometió a desarrollar un plan dirigido desde los mejores científicos y profesionales para enfrentar el coronavirus en su país, igualmente en un programa de ayuda económica a los más necesitados. Reconoció el daño ambiental existente y la necesidad de que los Estados Unidos retomen sus compromisos en este campo. No mencionó  la guerra contra las drogas, que tanto daño ha causado a nuestros  pueblos.

En campaña anunció que retomará las negociaciones y las relaciones diplomáticas con Cuba al nivel que los tuvo el gobierno de Obama; de ser así podría haber  ligeros pero positivos cambios en la política hacia  Venezuela y Nicaragua.

Es temprano para conocer  la actitud del gobierno de Biden sobre el futuro del despliegue de    guerras hibridas hacia  otras potencias; y de si va a retomar el sistema internacional  multilateral.

 La política de Estados Unidos hacia nuestros pueblos en los últimos 160 años ha sido de intervencionismo y saqueo, cambiarla depende la decisión de Estados soberanos y de la unidad Latinoamericana y caribeña.

Publicado originalmente en:

http://www.alcarajo.org/la-esperanza-de-joe-biden-esta-puesta-en-el-pasado/

Autor

Analista político, especialista en Derechos Humanos, experto en conflicto y temas de democracia directa.