“Estamos ante un conflicto que potencialmente puede desencadenar uno de mayor escala”

“El Alto Karabakh es la mejor muestra del poliedro étnico que es el Cáucaso”

“La desaparición de la URSS en diciembre de 1991 acabaría ya con la última barrera que impedía una guerra abierta entre Armenia y Azerbaiyán”

“Ni Armenia ni la autoproclamada República de Artsakh tenían motivos de peso para reanudar las hostilidades, caso diferente al de Azerbaiyán”

“Abriendo el frente de Nagorno Karabak, Turquía consigue situarse militarmente tanto en la frontera Sur de Rusia como en la frontera Norte de Irán”

Aunque ya nos quedan lejos los convulsos años 90 del siglo pasado y las consecuencias de la desintegración de la Unión Soviética, la reactivación del conflicto –ya guerra abierta- entre Armenia y Azerbaiyán a cuenta del enclave de Nagorno Karabakh o Alto Karabakh, nos está retrotrayendo a una situación que el gran público occidental o bien tenía olvidada o jamás se enteró de su existencia.  Sin embargo,  más allá de  informaciones parciales, las visiones simplistas o directamente racistas de todo lo que ocurre fuera del espacio euro occidental, estamos ante un conflicto que potencialmente puede desencadenar uno de mayor escala y extensión, motivo por el cual, las potencias internacionales o regionales están mostrando un perfil bajo o no demasiado pro activo a favor de una de las partes, con la excepción evidente de Turquía e Israel.

Estamos ante un conflicto complejo, lleno de matices  en el que en principio es complicado conseguir una solución que beneficie o satisfaga a las partes.

Mapa del Alto Karabakh

Lo primero que debemos tener en cuenta es que hablamos de un territorio de mayoría armenia en pleno territorio de Azerbaiyán; en la actualidad, más del 90% de la población de este territorio es armenia, el resto son fundamentalmente azeríes aunque también hay población rusa o kurda. Estamos hablando de un enclave cuya aspiración política no es exactamente la de constituirse en un Estado independiente, sino  su integración en otro (irredentismo), en este caso en la República de Armenia.  Su situación no fronteriza, sin limitar con el Estado al que aspira a integrarse y de enclave, viene a complicar todavía más cualquier resolución del conflicto. El Alto Karabakh es la mejor muestra del poliedro étnico que es el Cáucaso; debido a la orografía del terreno, la población armenia del Alto Karabakh se mantuvo relativamente  ajena a las invasiones de los viejos imperios, ya fuera el persa, el otomano o el ruso zarista.

Precedentes históricos cercanos

Adentrarnos en las claves históricas de este conflicto se antoja aún más complicado que resumir su difícil geografía que, como hemos dicho antes, facilitó la creación de este enclave armenio en territorio azerí. Aun hoy nos resultan especialmente densos y duros de explicar dos momentos que son determinantes para entender el conflicto actual: uno es todo el periodo que fue desde el genocidio armenio y de otros grupos étnicos durante el momento final  del imperio otomano (de 1915 a principios de los años 20) así como la revolución soviética y su impacto en el Cáucaso con la creación de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Armenia y Azerbaiyán (1920) junto con la disolución la Transcaucásica soviética en 1936; el otro, todo el proceso de disolución de la Unión Soviética y las independencias de Armenia y Azerbaiyán, de 1988 a 1991.

Por empezar deberíamos distinguir las diferencias étnicas. Por un lado, los armenios, con una lengua  de la familia indoeuropea, se distinguen por ser cristianos seguidores de la Iglesia Ortodoxa Armenia; para la conciencia nacional armenia actual ha sido y sigue siendo determinante la memoria colectiva del denominado genocidio armenio, al que antes hemos hecho referencia, tanto que las relaciones diplomáticas entre Armenia y Turquía son imposibles por este motivo. Hay que tener presente que población azerí  –también kurda- participó en esa persecución y masacre de armenios, asirios, griegos, etc., junto a los turcos otomanos. Por el otro lado, tenemos a los azeríes, un pueblo de lengua túrquica, y por tanto emparentados con los turcos y otros pueblos del Asia Central ex soviético y con la población uigur de China; profesan el islam, pero a diferencia de los turcos y de otros pueblos túrquicos no profesan el islam suní sino la vertiente chií, lo cual en principio los hermana también con Irán –donde vive una importante población azerí, el propio líder supremo Ali Khamenei tiene ascendencia azerí-, aunque sería un error pensar que esa afinidad religiosa pueda ser determinante en las relaciones políticas entre ambos países.  Hay que destacar que su capital, Bakú, fue el gran centro industrial petrolero de la Rusia zarista desarrollándose un poderoso movimiento obrero compuesto por personas de diferentes grupos étnicos y nacionales (rusos, georgianos, armenios, kurdos, persas, judíos, ucranianos, y por supuesto, azeríes, entre muchos otros) lo que hizo de Bakú uno de los principales focos de la revolución soviética.

Por razones de espacio y por intentar centrarnos en la llamada rabiosa actualidad, vamos a pasar de largo  toda esa fase convulsa, de enfrentamientos inter étnicos, de nacionalismos exacerbados y excluyentes, pero también de revolución y de internacionalismo proletario que fue del genocidio armenio hasta la disolución de República Socialista Federativa Soviética Transcaucásica y la creación de las diferentes repúblicas soviéticas del Cáucaso y Asia Central. Pero si conviene tener en cuenta qué pasó con el enclave del Alto Karabakh, concretamente con su estatus jurídico. Si superamos toda esa visión distorsionada que se ha venido teniendo del antiguo espacio soviético en el que supuestamente Rusia –o Moscú- mandaba y concentraba el poder absolutamente o que la lengua rusa se imponía al resto de repúblicas, lo cierto es que la paz y la hermandad entre los grupos étnicos y nacionales soviéticos se pudo mantener gracias a que Moscú jugó un papel de equilibrio y de mediación entre ellos, fue justo cuando por un lado Moscú renunció a su papel de mediación y garante de los derechos de los diferentes grupos étnicos y nacionales, y por otro lado, cuando se cuestionó ese papel  de Moscú por parte de un creciente nacionalismo excluyente, racista, anticomunista, radicalmente neoliberal y pro occidental en las diferentes  repúblicas, lo que provocó el estallido de una experiencia que, no lo olvidemos, se fundamentó , por supuesto con errores y fallos en su praxis real, en la unión libre y voluntaria de repúblicas libres y soberanas, como máxima expresión del derecho a la autodeterminación y la soberanía como del internacionalismo proletario.

Dicho esto y en lo que respecta al Alto Karabakh la decisión de que ese enclave permaneciese bajo la figura de un oblast autónomo dentro de la RSS de Azerbaiyán se debió fundamentalmente a tres motivos: uno, el que las repúblicas no tuvieran discontinuidades en su delimitación; dos, el levantamiento antisoviético de Erevan –capital de Armenia- en 1921;  y tres, las buenas y cercanas relaciones de la URSS con Turquía desde mediados de los años 20 y los siguientes años 30 del siglo pasado.  Aunque la RSS de Armenia reclamaría el enclave del Alto Karabkah, durante el periodo soviético jamás esta reivindicación derivó en violencia, progromos, masacres o persecuciones.  Como curiosidad, la capital del  oblast de Nagorno Karabakh pasaría de  llamarse oficialmente Jankendi, en azerí, a Stepanekert, en honor al bolchevique armenio Stepan Shaumian.

Sello de la URSS dedicado a Stepan Shaumian, 1968

En 1988, ya iniciado el proceso que terminaría con la disolución de la Unión Soviética, tienen lugar varios acontecimientos, siendo el detonante la progresiva política de acoso al que empezaron a ser sometidos los habitantes armenios de Nagorno Karabakh  por el gobierno de Heydar Alyev –quédense con este apellido-  de la RSS de Azerbaiyán, de hecho, aun siendo mayoría en el enclave, la población armenia había empezado a disminuir y a emigrar a la RSS de Armenia como consecuencia de las políticas nacionalistas excluyentes; por el lado armenio, empezó una campaña nacionalista antisoviética y anticomunista que utilizó la cuestión de la soberanía de Artshakh –tal y como es conocido en armenio este enclave-  y la inacción de las autoridades de la Unión en este asunto. Llegados a este punto, el 20 de febrero de 1988, el parlamento del oblast de Nagorno Karabakh votó a favor de la incorporación del enclave a la RSS de Armenia, siendo ratificado con posterioridad en referéndum mayoritariamente por la población armenia, la azerí no participó. El por aquel entonces líder soviético Mikahil Gorbachov rechazaría de plano la petición de incorporación a Armenia de la población de Nagorno Karabakh al considerar que podía sentar un precedente negativo y que se  oponía a la Constitución de la Unión.

A partir de este momento los acontecimientos se van precipitando, el acoso y las agresiones a la población armenia tanto en Nagorno Karabakh como en Azerbaiyán propiamente dicho aumentan. En la ciudad azerí de Sumgait, a unos 25 kms al Norte de la capital Bakú,  32 ciudadanos armenios sería masacrados brutalmente, las mujeres armenias fueron violadas y posteriormente quemadas vivas, hasta que finalmente el Ejército Rojo intervino y paró la masacre. Estos hechos soliviantaron a la población armenia provocando reacciones violentas de venganza contra los azeríes y una profunda desconfianza hacia las autoridades de la Unión, con Gorbachov a la cabeza, al considerarse que se había actuado mal y tarde. Para colmo de males, un terremoto asolaría la ciudad armenia de Leninakan con más de 25.000 muertos, la gestión de esta catástrofe por parte de las autoridades de la Unión causaría aún más recelos y desconfianzas  en la población armenia. Es curioso como a pesar de que el nacionalismo antisoviético armenio  no dejaba de arremeter contra las autoridades de la Unión y que a su vez estas autoridades no dejaban de tomar decisiones que no hacían más que perjudicar a la parte armenia, el pueblo armenio en general seguía manteniendo su adhesión al proyecto soviético, lo demuestra el  entusiasmo que suscitó el hecho de que las autoridades soviéticas se hicieran cargo del enclave, lo que fue respondido con un bloqueo del Alto Karabakh por parte de las autoridades azeríes. En enero de 1990, tuvo lugar otra masacre de armenios esta vez en Bakú, de nuevo, tropas del Ejército Rojo fueron enviadas para evitar las matanzas, produciéndose duros combates entre tropas soviéticas y milicias azeríes.

A lo largo de 1991 y ya con la perspectiva  cierta y cercana de la desintegración de la Unión Soviética, ambos bandos empezaron a hacer acopio de armas, reforzando sus discursos; del lado armenio se temía que la intervención azerí en el Alto Karabakh pudiera dar lugar a la invasión de Armenia y al exterminio étnico, aquí el recuerdo del  genocidio armenio estuvo presente en todo momento; del lado azerí, se temía que si el Alto Karabakh pasaba a soberanía armenia podía dar lugar a una Gran Armenia a costa de Azerbaiyán, Georgia, Turquía e Irán. La llamada Operación Anillo llevada a cabo por los restos del Ejército Rojo y el naciente ejército azerí contra las milicias armenias del Alto Karabakh no hizo más que empeorar la situación.

La desaparición de la URSS  en diciembre de 1991 acabaría ya con la última barrera que impedía una guerra abierta entre Armenia y Azerbaiyán. El naciente ejército azerí contaría con el apoyo de Turquía, Israel e Irán, por su parte, Armenia apenas si contó con apoyos internacionales, su incipiente ejército y las milicias armenias de Artsakh se financiaron gracias a las generosas aportaciones económicas de la diáspora armenia, especialmente numerosa en Francia y Estados Unidos, sobretodo en California.  El antiguo dirigente del grupo armado de la diáspora armenia de inspiración marxista-leninista Ejército Secreto para la Liberación de Armenia (ASALA), Monte Melkonian, norteamericano de origen armenio,  se incorporaría a la lucha en defensa de la proclamada el 10 de diciembre de 1991 República de Artsakh que, a día de hoy, no ha sido reconocida por ningún Estado. Melkonian moriría en 1993 en territorio azerí víctima posiblemente del impacto de un misil. A destacar que Melkonian siempre mantuvo la esperanza de que la Unión Soviética fuera sensible a las reclamaciones armenias y fue defensor de la Armenia soviética hasta que ya el escenario de la independencia se hizo inevitable.

Para mayo de 1994, ambos bandos estaban extenuados después de seis años de guerra, pero sobretodo fue el bando azerí, el que a priori tenía más ventaja militar y apoyos internacionales, el que mostró más signos de cansancio y falta de motivación en sus tropas.  El 16 de mayo los líderes de Armenia, Azerbaiyán, Alto Karabakh y Rusia se encontraron en Moscú para firmar una tregua que resultaría en una interrupción de las hostilidades.

Claves internas

En cuanto a las claves internas de cada país, habría que tener en cuenta previamente que a pesar de la confusión, todo parece indicar que las hostilidades que han dado lugar de nuevo a un enfrentamiento abierto fueron comenzadas por Azerbaiyán. Más tarde veremos cómo la Turquía de Erdogan ha empujado al conflicto a Azerbaiyán, pero por ahora debemos hacer notar que la situación interna de Azerbaiyán no es precisamente buena, a la brutal caída de los precios del crudo y el gas, hay que unir un descontento generalizado por el autoritarismo y la corrupción del actual presidente azerí, Ilham Aliyev. El clan de los Aliyev lleva controlando Azerbaiyán desde la época República Soviética hasta la actualidad. Azerbaiyán es un país que vive casi exclusivamente de la renta energética; su gas y petróleo tienen como destino Occidente –la Unión Europea-, vía Turquía fundamentalmente,  sin olvidar que uno de sus mejores clientes es la entidad sionista, Israel. Estos elementos hacen pensar que el clan Aliyev  tenía una especial motivación para reanudar los conflictos por el Alto Karabakh: desviar la atención respecto a la gestión gubernamental y la crisis económica por la brutal caída de los energéticos, acudiendo a un nacionalismo victimista que se propone restaurar el orgullo nacional herido por el enemigo histórico armenio tras el final de la guerra en 1994. Pero el nacionalismo azerí  ha ido mucho más allá de un discurso victimista al uso en estas ocasiones, las apelaciones al exterminio armenio y a la limpieza étnica, al supremacismo azerí, y al uso indiscriminado de la fuerza contra civiles, han sido constantes. Al respecto, recomendamos este artículo del periodista Alberto Rodríguez en Russia Today que pone en situación el discurso del odio que están propagando las autoridades azeríes.  Dicho artículo se abre con estas palabras del actual vice primer ministro azerí, Abutalivov, en 2005: “Nuestro objetivo es la aniquilación completa de los armenios”.

Ilham Aliyev

Otro elemento que nos hace pensar en que Azerbaiyán tenía planificado reiniciar la guerra es que lleva años de rearme y de mejora de capacidades de su ejército, gastando sumas ingentes de dinero. Armas que han llegado fundamentalmente de Rusia, Bielorrusia, pero también y cada vez más de Turquía y, sobretodo, de Israel, como veremos más tarde.

En cuanto a Armenia, hace dos años pasó por una llamada “revolución de colores”, pero eso no la ha alejado del todo de Rusia, con la que ha seguido manteniendo excelentes relaciones, incluidas en el terreno de la seguridad colectiva, manteniéndose Armenia en la Organización del Tratado para la Seguridad Colectiva, aunque si es cierto que las tradicionales relaciones de amistad y armonía se han enfriado respecto a periodos anteriores. En realidad, ni Armenia ni la autoproclamada República de Artsakh  tenían motivos de peso para reanudar las hostilidades. Aunque Nagorno Karabakh se mantenía oficial y legalmente en territorio azerí, de facto la República de Artsakh  era independiente y quedaba unida por un “corredor de seguridad” -territorio azerí fuera de Nagorno Karabakh y que supone el 14% de Azerbaiyán- a Armenia. El estaus quo real salido de 1994 no era un problema para Armenia dadas las circunstancias, tanto es así que ni la propia Armenia ha reconocido oficialmente a la República de Artsakh.

Aunque la popularidad del primer ministro armenio Nikol Pashinian haya caído, su gestión de la pandemia del Covid 19 está siendo muy cuestionada por los grupos opositores y  que  también se ha envuelto en la bandera armenia como cortina de humo para evitar las críticas y silenciar a la oposición, lo cierto es que ni de lejos se puede comparar con la situación de su vecino y enemigo azerí.  Ni punto de comparación.

Claves externas

Más allá de la situación interna en Azerbaiyán y Armenia y las apelaciones nacionalistas al uso, no podemos explicarnos la actual situación de guerra abierta sin la acción de Turquía.

Intentando resumir, ¿qué pretende Erdogan? La estabilización de su proyecto expansionista, o como se suele decir, neotomanista, en base al conflicto permanente jugando una partida de ajedrez global a varias bandas desde el Mediterráneo central y oriental hasta el Cáucaso y Asia Central, pasando por Siria, sin olvidar la propia situación interna de Turquía; en lo que iba de 2020 hasta agosto, la lira turca había perdido el 31,7% de su valor, desde 2018 la moneda turca se está viendo sometida a periódicas sacudidas que terminan con bruscas devaluaciones, mientras la inflación se  disparó hasta agosto a un 12%, Standard and Poor’s ha estimado que la economía turca se contraiga un 3,3%, a todo ello añadan las frecuentes tensiones con los partidos kurdos, de izquierdas, los sindicatos y los movimientos sociales y populares, un verdadero cóctel explosivo.

Lo que hoy ya nadie puede negar es que Erdogan ha sabido situar geopolíticamente a Turquía como un actor fundamental, creando problemas para los que tiene una solución ya ideada de antemano y sacando ventaja de cualquier negociación en la que participe. Abriendo el frente  de Nagorno Karabakh y empujando al gobierno azerí a la guerra abierta con Armenia, Turquía consigue situarse militarmente tanto en la frontera Sur de Rusia como en la frontera Norte de Irán, dos actores con los que mantiene  enfrentamientos tanto en Siria como en Libia, pero con los que a la vez mantiene excelentes relaciones económicas. Piénsenlo, qué mejor manera de presionar  en ese tira y afloja constante con rusos e iraníes que movilizar a bandas de extremistas a sus respectivas fronteras y tener bajo control, como si fuera un títere, a las fuerzas armadas azeríes. Es una jugada maestra, muy  macabra por supuesto, pero maestra.

¿Podemos deducir de todo esto que la situación en Nagorno Karabakh evolucionará según lo hagan los conflictos libio, sirio o la llamada guerra del gas en el Mediterráneo oriental? Puede que no, pero tampoco se puede desvincular del resto de frentes que Erdogan tiene abiertos en esa gran partida de ajedrez por situar a Turquía como una gran potencia euroasiática a toda costa.

Otro actor externo muy importante pero que se mantiene más entre bambalinas es el Estado de Israel. Según el Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo, entre 2006 y 2019, Israel proporcionó a Bakú alrededor de 825 millones de dólares en armas. Azerbaiyán  tiene relaciones con Israel casi desde su independencia en 1991, supuestamente Azerbaiyán ha proporcionado información a la inteligencia israelí sobre Irán, igualmente, Azerbaiyán tiene a Israel como uno de sus principales clientes de su exportaciones de hidrocarburos. En 2016, la revista Foreign Policy llegó a publicar que la alianza entre Israel y Azerbaiyán se había profundizado y en la misma publicación informaba de la llegada de un acuerdo entre ambos países para que Tel Aviv pudiera utilizar aeropuertos azeríes en caso de que decidera realizar un ataque militar contra Irán. En torno a esta cooperación, el diario israelí Haaretz publicó informes bancarios que revelaron transferencias de dinero del gigante de la defensa israelí Israel Aerospace Industries a dos empresas sospechosas de lavado de dinero para el Gobierno azerí. Las transferencias, según la información de Haaretz, comenzaron pocos meses después de que se firmara un acuerdo de armas por valor de 1.600 millones de dólares con Azerbaiyán.

Mucho se está hablando y especulando sobre los perfiles bajos de dos potencias: Rusia e Irán. Aunque las relaciones rusas con Armenia han sido tradicionalmente buenas y muy cordiales, desde 2018 se deterioraron, pero tampoco lo suficiente  como para destacarse, por su parte, con Azerbaiyán Rusia viene manteniendo  unas relaciones estables y un lucrativo negocio de venta de armas. Rusia no desea enemistarse ni tomar partido por ningún bando, además al centrarse los enfrentamientos  en territorio azerí según la legalidad establecida, Armenia no puede solicitar la aplicación del Tratado de Seguridad Colectiva y la intervención rusa. Por eso, Rusia está haciendo importantes esfuerzos para que ambas partes se sienten a negociar y conseguir un alto el fuego; de esta manera, también así desactivaría la presencia turca y el desplazamiento de fanáticos islamistas a una zona especialmente sensible para su seguridad: el Cáucaso.

Más complicada es aún la perspectiva iraní. Se estima que los azeríes son el segundo grupo étnico más numeroso en Irán tras los persas, con entre un 20 o 25% de la población. Como hemos señalado anteriormente, el mismo Ali Khamenei es de origen azerí. También hay población armenia en la República Islámica, pero en una proporción muy por debajo a la de los azeríes, se calculan entre medio millón y 700 mil la población armenia iraní.  Irán oficialmente se ha pronunciado por el fin de las hostilidades, la negociación entre las partes  y el reconocimiento de la integridad territorial de Azerbaiyán. Como Rusia, Irán ha venido teniendo buenas relaciones con ambos países en conflicto, pero como hemos señalado anteriormente las buenas relaciones a su vez de Azerbaiyán con Israel y los EEUU y que el país azerí pudiera ser utilizado como base para la agresión sionista e imperialista han despertado los recelos de Irán, por otro lado, a los iraníes, como a los rusos, no les entusiasma el agolpamiento de terroristas fanáticos takfiríes cerca de su frontera.

Irán ha dejado claro que no está dispuesta a que el conflicto le salpique, derribando varios drones azeríes, curiosamente fabricados por Israel, que han atravesado su territorio.

Para finalizar, la posición de los EEUU y la UE es de cierta indiferencia, solamente las protestas y la presión de la numerosa diáspora armenia está haciendo en determinados casos que algunos gobiernos realicen declaraciones públicas a favor del cese de las hostilidades y las negociaciones, pero salvo Holanda o quizá Francia –insistimos, por presión de la diáspora armenia-  a poco más se ha llegado.

Concentración en Sevilla (Andalucía) contra la agresión en Nagorno Karabakh

Solamente, la República Árabe Siria ha demostrado cierta empatía por la causa armenia, aunque sin pronunciarse sobre el caso de la República de Artsakh. El peso de la comunidad armenia en Siria, tradicionalmente leal al Partido Baaz y al modelo de Estado implementado por este partido y sus aliados  y el enfrentamiento con los terroristas takfiríes pro turcos de Idlib han hecho que desde Siria haya habido cierta sensibilidad pro Armenia.

Perspectivas

Como decíamos al principio, conseguir una solución que satisfaga a ambas partes se antoja complicado, dada la peculiaridad de la situación de la República de Artskah, el fanatismo nacionalista excluyente del lado azerí y los intereses globales de la Turquía de Erdogan en su partida de ajedrez a varias bandas en el que el frente de Nagorno Karabakh es uno más y en cierta correspondencia más o menos directa con la evolución en el resto de frentes abiertos.

La única perspectiva, un tanto desoladora, es que se vuelva a repetir el cansancio en ambos bandos y se vean forzados a negociar como ocurrió en 1994, aunque los avances militares azeríes, muy costosos pero avances al fin y al cabo al Sur del Alto Karabakh y la presión turca por reavivar este conflicto de momento, por desgracia, alejan esta perspectiva. Lo que ya está claro es que no nos encontramos en un enfrentamiento esporádico, sino en una guerra abierta con sus frentes, tácticas y estrategias establecidas. En este sentido, Rusia quizá sea el único actor capaz de hacer recapacitar a ambos bandos y sentarlos a negociar, dando fin a esta guerra absurda y cruel.

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Nacido en Málaga, en 1975, Licenciado en Filología Inglesa por la UMA. Ha militado en organizaciones comunistas y soberanistas andaluzas de izquierdas e, igualmente, en movimientos sociales y populares de Málaga.