2)Según Gara, en Siria hubo una supuesta “revolución” que se transformó en una “Guerra civil e internacional por delegación”. La “represión” de las manifestaciones es la que según Gara provocó la militarización de la revuelta.

En Siria, hay que empezar por decir que ni hubo una “revolución” como tampoco hubo ni ha habido una “guerra civil”. Como hemos dicho anteriormente, lo de Siria es una guerra impuesta desde el exterior con unos objetivos concretos: derrocar el Gobierno, imponer la Sharia, destruir el país, desmembrarlo, someterlo a los EEUU, romper el Eje de la Resistencia y dar pasos hacia la destrucción de Irán. Y tampoco es algo que haya surgido como resultado de las contradicciones y enfrentamientos entre dos bandos internos de Siria, lo que sería una “guerra civil”.

Es el resultado de una injerencia exterior, la de la conjunción de las poderosas fuerzas del Imperialismo occidental al mando de los EEUU, que ha puesto el dinero, las armas y la tecnología,  que ha contratado ingentes cantidades de mercenarios a sueldo, de islamistas extremos y terroristas para actuar como proxis, y que ha contado  con la complicidad de una minoría local sectaria y  partidaria de imponer la Sharia al conjunto de la sociedad siria, compuesta básicamente por salafistas y Hermanos Musulmanes, y actuando en contra del Gobierno, el Estado, el Ejército y la inmensa mayoría del pueblo sirio. Las potencias y organizaciones que han venido a asistir al Estado y pueblo sirios, a demanda de estos, como Rusia, Irán, Hezbola y otros, se han convertido también en blancos del Imperialismo injerencista.

Bernard-Henry Levy, quien se jacta de haber impulsado a Francia a implicarse en la guerra contra Libia en interés de Israel, anuncia en el diario francés Le Parisien que tiene una lista de objetivos.

Han sido muchísimos los intentos del imperialismo por derrocar a la Siria socializante del Baas. Pero han sido tres, los que ha intentado instrumentalizando a los reaccionarios  y sectarios Hermanos Musulmanes, representantes de los sectores islamistas más fanatizados de la burguesía. El primero fue cuando el Baas se hizo con el poder el 8 de marzo de 1963 instaurando un estado laico y progresista. El segundo, a partir del debate sobre la elaboración de la nueva Constitución, también laica y progresista, aprobada en 1973, cuyas secuelas a nivel de enfrentamientos fueron extremadamente violentas y duraron hasta 1982. Y el tercero el actual, iniciado en 2011, que va a fracasar nuevamente.

Los inicios de la actual guerra se suelen situar en torno a la población de Daraa. Las versiones intoxicadoras de Gara y otros medios igualmente embaucadores, apuntan a que hubo toda una serie de movilizaciones pacíficas reclamando diversas reivindicaciones y libertad, que fueron fuertemente reprimidas, lo que condujo a una escalada de enfrentamientos y a la guerra. Lo que sí es cierto es que, entre enero y marzo de 2011,  hubo ciertas movilizaciones pacíficas en pequeñas localidades, fruto de un cierto malestar creado por las medidas antipopulares dictadas por el FMI en 2005, a las que Siria cometió el error de someterse

Los inicios de la actual guerra se suelen situar en torno a la población de Daraa. Las versiones intoxicadoras de Gara y otros medios igualmente embaucadores, apuntan a que hubo toda una serie de movilizaciones pacíficas reclamando diversas reivindicaciones y libertad, que fueron fuertemente reprimidas, lo que condujo a una escalada de enfrentamientos y a la guerra. Lo que sí es cierto es que, entre enero y marzo de 2011,  hubo ciertas movilizaciones pacíficas en pequeñas localidades, fruto de un cierto malestar creado por las medidas antipopulares dictadas por el FMI en 2005, a las que Siria cometió el error de someterse, a lo que se añadían los efectos negativos de una dura sequía que había durado unos cincos años. Ya los dos partidos comunistas integrantes del Frente Nacional Progresista en el poder, analizaban los  efectos negativos que estaban trayendo las medidas del FMI y preveían la posible utilización que podían realizar de estos efectos negativos  los sectores reaccionarios vinculados al islamismo radical.

El nuevo embajador de USA, Robert Ford, llegó a Siria el 16 de enero de 2011. Quince días más tarde, a partir del 4 de febrero, una cuenta de Facebook identificada como “Syrian Revolution 2011”, llamó a realizar manifestaciones contra el Gobierno y Assad todos los viernes, como “día de la furia” y coincidiendo con el día de la plegaria musulmana. En este mismo mes de febrero se inician convocatorias semejantes en Bengazi (Libia).  Fue quizá el toque de silbato para lanzar una ofensiva contra el Estado que estaba preparada de antemano y que quiso aprovecharse de una coyuntura reivindicativa para lanzar un asalto al poder en toda regla. Los hechos comenzaron a crisparse en Daraa, un pueblo de 75.000 habitantes y a 10 km de la frontera con Jordania.

Varios estudiantes que realizaron pintadas contra el Gobernador de Daraa, acusado de corrupto, déspota y despilfarrador del dinero del Estado, fueron detenidos el 16 de febrero y liberados a los pocos días. Todos los medios occidentales y de las monarquías petroleras entraron en acción al unísono, en concordancia total con los planes preestablecidos. Y así se dieron versiones espeluznantes de supuestas torturas a los jóvenes, que nunca han sido demostradas. Hubo numeroso vídeos de EEUU y GB, así como qataríes, totalmente sensacionalistas, que no tenían nada que ver con la realidad de lo que sucedió.

Armas incautadas a los rebeldes

A partir de mediados de marzo y primeramente en Daraa es cuando las cosas empezaron a tensarse realmente, en torno a unas manifestaciones que habían partido de la mezquita de Al Omari y  en las que hubo muertos. Se produjeron abiertamente enfrentamientos entre la policía y el ejército por un lado, y grupos armados de terroristas infiltrados en el movimiento de protesta, por otro. Pero sucedió que había muertos entre los policías y entre los manifestantes. Es más, se vio que hubo 7 policías muertos y 4 manifestantes muertos, más muertos entre los policías que entre los manifestantes. La mayor parte de los medios occidentales ocultaron lo de los policías muertos. Sólo algunos, israelíes entre otros, los desvelaron. Lo cual mostraba muy a las claras que no se trataba ya de manifestaciones pacíficas, sino de manifestaciones con gente armada, de manifestaciones violentas.

Foto: Policía abatido por un snipper

La información posterior fue desvelando el verdadero carácter de estas manifestaciones. Así sucedió que, además de gente armada infiltrada en las manifestaciones, hubo francotiradores apostados en tejados que estuvieron disparando tanto a manifestantes como a policías, para crear confusión y para agudizar las tensiones. Y a todo ello hay que añadir otras manifestaciones claras de violencia, como el incendio del Palacio de Justicia de Daraa con sus archivos, el de la sede del partido Baaz de la misma localidad e incluso el asalto a un centro de control militar sirio de las actividades sionistas en el Golán, próximo a Daraa. Los policías y funcionarios del Estado sirio, fueron un blanco preferido desde los primeros momentos. Después de los sucesos de Daraa, la insurgencia pasó al pequeño pueblo de Jirs al-Shughour, al noroeste del país, a 10 km de la frontera turca desde donde habían llegado grupos de combatientes armados. No hubo manifestación en Jisr al-Shughour. La población simplemente quedó atrapada en el fuego cruzado. Fueron muchos los policías asesinados en lo sucesivo, hasta 100 policías hasta mayo, y muchos más los heridos, a los que habría que añadir los 120 policías encontrados en una fosa común con los cuerpos mutilados en Jisr al Shughour (Idlib). También hubo muertos entre los manifestantes, abatidos por desconocidos armados con el objetivo de provocar choques con las fuerzas del orden. De esta forma se instauró un círculo vicioso de muertos-funerales-violencias-muertos, difícil de romper.

El terrorista al-Haji: matamos a efectivos de la seguridad en Yisser al-Shugur, los mutilamos y recibimos sumas de dinero del exterior
Oct 31, 2011

Armas y dinero comenzaron a fluir a través de las fronteras de Jordania, Irak y el Líbano y los servicios de seguridad sirios incautaron importantes cantidades de ellas. A continuación entraron en liza directamente los grupos extremistas takfiríes en las mezquitas de Daraa, Homs, Banias y Lataquia, llamando a la yihad y enarbolando eslóganes sectarios con el fin manifiesto de exacerbar las discusiones comunitarias para provocar una guerra civil.

En seguida se fueron acumulando las evidencias sobre el carácter violento y programado de estas manifestaciones y de la estrategia en marcha.  El ex militar saudí Anwar al Eskhi, reconoció en la BBC que Arabia Saudí había enviado previamente armas a la mezquita de Al Omari de Deraa, una mezquita que era el centro de operaciones de los Hermanos Musulmanes y de la rama siria de Hizb ut-Tahrir (Partido de la Liberación), cuyo objetivo era crear un Califato mundial. El diputado libanés pro Hariri, Okab Sakr, reconoció haber supervisado el envío de armamento  a los yihadistas de Siria. Es más, sucedía que el senador norteamericano McCain, también Presidente de una de las ramas de la NED (National Endowment for Democracy), paralelo a la CIA, el 22 de febrero de 2011 puso en una visita que hizo al Líbano, en manos del diputado libanés antes citado, Okab Sakr, el envío de armas a los grupos antigubernamentales que operaban contra Siria. También visitó la localidad de Erbal, donde decide implantar lo que sería una base de retaguardia de los yihadistas en el Líbano.

Por otra parte, días antes de los sucesos de Daraa, las fuerzas de seguridad sirias habían interceptado varios camiones procedentes de Irak, cargados de armas, fusiles, granadas y explosivos, con destino a Siria a través de Jordania. El 11 de marzo, uno de los conductores de camiones dijo que venía de Bagdad y que recibió 5000 $ por el traslado de las armas a Siria. A estos se sumaban los muchos testimonios de clérigos, monjas y otras personas  que habitaban cerca de las fronteras, que habían sabido y comprobado los flujos de movimientos de armas hacia Siria y la presencia de muchos extranjeros –a los que se les notaba por el acento- que iba asentándose en Siria antes de los acontecimientos citados, y que constituían en realidad células yihadistas en espera.

Funeral de 15 policías en Damasco, 27 de abril 2011

Hay que hacer notar también que, a partir de un determinado momento, no había ni rastro de reivindicaciones democráticas o a favor de los derechos humanos en las manifestaciones, sino diatribas contra los alauitas, contra los cristianos, contra Assad o a favor de Alá. Y asimismo, hay que hacer constar el contraste incluso entre las manifestaciones primeras, que eran las auténticas, pero que eran poco numerosas y localizadas en pequeños núcleos de población, así como las ya manipuladas por la yihad con carácter violento, también poco numerosas, con las gigantescas manifestaciones que se desarrollaron, en las grandes ciudades como Damasco y Alepo, una vez tensionada la situación, a favor de Assad y del Gobierno sirio. Manifestaciones de millones de personas, que incluso fueron presentadas en los grandes medios intoxicadores, como manifestaciones contra Assad, mostrando  -pensando que la gente no se iba a dar cuenta-  las banderas del Estado sirio, con las franjas roja, blanca y negra y dos estrellas verdes, y no las banderas de la oposición extremista y del yihadismo, con las franjas verde, blanca y negra y las tres estrellas rojas, de la bandera del tiempo de la colonización francesa.

El Gobierno sirio reaccionó positivamente ante las primeras manifestaciones de descontento que se produjeron. Una portavoz muy autorizada del Gobierno como Buthaina Shaaban decía que las exigencias de la gente eran legítimas. Y el propio Bashar al Assad reconoció que hubo o pudo haber algunos excesos en los primeros momentos. Así que, entre otras cosas, destituyeron al Gobernador de Daraa y prohibieron, al poco tiempo de iniciadas las manifestaciones, el uso de armas por parte de la policía –a pesar de que por ello mismo fueron acosados y asesinados muchos de ellos-.

A ello acompañaron una serie muy amplia de medidas políticas y económicas, de cara a satisfacer lo que de justas tenían las demandas. Se formó un nuevo gobierno encabezado por Adel Safar; se adoptaron medidas urgentes como un aumento de los salarios de los funcionarios y leyes anticorrupción; se proveyeron recursos para los jóvenes desempleados ante el descenso del nivel de vida, se liberan detenidos en las protestas, se eliminan restricciones sobre la prensa, se deroga la Ley de Emergencia de 1963 –instituida contra la rebelión violenta de los reaccionarios Hermanos Musulmanes ante el ascenso del partido Baas al poder-, se establece una nueva Ley de Partidos (ampliando el campo de la participación a todos los partidos democráticos) y se plantea una Reforma Constitucional que será votada en Referéndum el 26 de febrero de 2012, con un 59% de participación, a pesar de todas las amenazas y sabotajes, y con un 89% de apoyo. La nueva Constitución aprobada ampliamente, establecía un estado secular, no basado en el islam o la ley islámica, que no permitía partidos basados en la imposición de una religión, etnia, raza u otro tipo de discriminaciones, por lo que quedaba excluido cualquier partido que quisiera imponer un Estado islámico; se protegían derechos sociales que en EEUU o en Europa se han perdido o se están perdiendo, como la protección estatal de la enfermedad, la invalidez o la vejez, el acceso gratuito al sistema sanitario y educativo a todos los niveles, con impuestos progresivos, y exigiendo que como mínimo, la mitad de los miembros de la Asamblea del Pueblo deben ser extraídos de las filas de los campesinos y obreros.

Abdelhakim Belhaj, líder histórico de Al-Qaeda en Libia, posteriormente gobernador militar de Trípoli con la bendición de Pentágono y jefe del Ejército Sirio Libre.

Todas estas importantísimas reformas no pararon la “rebelión” de algunos sectores, porque el objetivo de éstos no era en realidad lograr una serie de mejoras y libertades, sino, siguiendo las directrices del Imperialismo, el derrocar al Gobierno, destrozar el Estado e imponer un gobierno títere de los EEUU, sobre la base de la Sharia, que era lo que correspondía al aliado local de los EEUU, los fanáticos Hermanos Musulmanes.

Y la militarización de la revuelta no es la consecuencia de una represión que no ha habido, sino de un plan para desestabilizar por la violencia terrorista salvaje a un país mal visto por el Imperialismo, mediante la introducción  masiva de terroristas y de armas, a través de planes sucesivos que han ido fracasando uno tras otro. La gran resistencia del pueblo y el Ejército sirios han complicado seguramente los planes iniciales, que contemplaban primeramente una caída rápida de un Gobierno difamado y desacreditado con las grandes mentiras de los medios y que fuera atenazado  por un pueblo desconcertado, desengañado y aterrorizado por la ola de terror, que supuestamente iba a caer en la trampa de esas mentiras, pero que fracasaron porque el pueblo sirio se mantuvo fiel al Gobierno. Después intentaron aplicar en Siria el guión de Libia, pero también fracasó. El veto de Rusia y China el 5 de noviembre de 2011, en el Consejo de Seguridad de la ONU, impidió en el último momento el comienzo de la guerra que EEUU, Francia y Reino Unido habían planificado contra Siria para noviembre de 2011.  Después lo intentaron con el ISIS, el proyecto terrorista más sofisticado, pero también fracasó.  Como fracasarán todos los demás planes.

Veto de Rusia en la ONU

Veto de China en la ONU