Obituario| Breve reflexión de Carlos Parejo tras la partida física de Julio Anguita

“Julio era mi Dios, Luis Carlos su bandera, 

y queríamos derogar la Ley Corcuera” . 

Rafael León Rodríguez. Memorias apócrifas.

Julio Anguita (Fuengirola 1941-Córdoba 2020) nació en Fuengirola (Málaga) en un frío mes de noviembre y residía en Córdoba desde los cinco años. 

Estudió Magisterio y se licenció en Historia por la Universidad de Barcelona. A los 31 años se unió al Partido Comunista, cinco años antes de que fuera legalizado (año 1975). Precisamente, el año en que salió de la clandestinidad, Anguita accedió al comité central del partido en Andalucía, aunque un año antes ya estaba en el provincial de Córdoba. 

Con 38 años se convierte en alcalde de Córdoba capital, y pasa a recibir el apodo de “El califa rojo”. Se mantuvo 7 años en el puesto, y en la segunda legislatura con mayoría absoluta. Era la primera vez que en la transición democrática española que un comunista gobernaba una capital de provincia. Y algunos no se lo perdonaban. A su familia le llegaron anónimos y amenazas y el partido le puso escolta. Anguita se negó en rotundo a llevar protección y optó fue sacarse la licencia de armas.

Da el salto a la política nacional (Congreso de los Diputados de Madrid) en los ochenta. Para la historia quedará su ya célebre frase: “Programa, programa, programa; lo demás son juegos malabares“. Frase que tanto tensaba a los gobernantes Guerra y González.

Bien entrados los años noventa deja la política y vuelve a su labor de profesor de historia de Instituto. No lo le dolió renunciar a las prebendas de los altos cargos políticos, pues afirmaba que “El que al perder el coche oficial sienta que ha perdido su vida, es tonto químicamente puro. Un indigente moral y, si se me permite la palabra, un gilipollas“.

Su visión de España y Andalucía tenía algo de pesimista y desesperanzada: “Este es un país que se pone delante de un toro, pero ve un libro y sale corriendoEn España hay mucho paro, pero sobra el dinero, aunque hay que ir a por él. Está en cuentas de Suiza“.

Y ve a su país como una futura república, llegado el momento:”En España sigue estando vigente la necesidad de cultura democrática y eso no sucederá hasta que el Rey pase por las urnas para ver si quiere monarquía o no.” Pero antes habrá que tener un nivel educativo superior: “El pueblo, que gritaba vivan las caenas a Fernando VII hoy está entontecido por los triunfos futbolístico de la Roja

Sobre la evolución democrática de España tenía su “teoría de los pollos”. “Si usted se come un pollo y yo ninguno, ambos nos hemos comido medio pollo. Aquí ha habido una sociedad a la que le han puesto como meta el despilfarro, la ostentación, el derroche, la improvisación. Ha vivido una minoría divinamente, unas clases medias bastante bien, pero ha habido mucho parado y mucho marginado. Los que se han forrado han sido los bancos y los que tenían mucho dinero. Esos sí han vivido por encima, gracias a lo que han ido robando, porque ésa es la palabra, robar.”

Un brillo incierto de esperanza se traducía en sus declaraciones más recientes al hablar de la gran coalición de izquierda que lidera PODEMOS: “Hasta ahora, y desde el siglo XIX, la clase media española se encontraba cómoda y miraba hacia arriba, lo que ocurre es que los hijos de esa clase media no se están encontrando hoy con un horizonte. Ya no sienten tantos deseos de copiar a los de arriba, sino que se identifican más con la clase oprimida, con los de abajo” ”Yo con 22 años ya estaba trabajando, pero ahora mismo a los jóvenes, incluso a los titulados, el sistema no les sirve. Eso ha creado un grave problema en muchas familias que ahora mismo se encuentran enrabietadas, y de ahí se nutre Podemos y de ahí nace su fuerza tremenda.” 

Sin embargo, no tiene clara su alianza con el PSOE y los resultados de la propia evolución de la izquierda ”Aquí hay mucho progre  que se contenta con la discriminación positiva de la mujer, o los matrimonios homosexuales, pero te dicen que  a la economía, ni tocarla” En relación con lo anterior y preguntado por cuál era el crecimiento económico que quería para Andalucía y España era tajante: “Andalucía está condenada al fracaso si quiere crecer a costa de sectores especulativos, llámese la cultura del ladrillo en nuestras costas o la burbuja inmobiliaria en nuestras ciudades”

Con humildad atípica en la clase política, su labor de gobierno en el ayuntamiento de Córdoba (años 1979-1986) no la pone en cuestión, pero tampoco la ensalza como perfecta: “Hablan de la Córdoba de Anguita, como si yo fuese la Claudia Schiffer de la política y sacándolo todo de contexto, no me parece bien. Aquello pasó, que lo estudien  los investigadores si quieren y a mí que me dejen. Que me guarden en el lugar donde se guardan a las viejas glorias.”

Volviendo al pesimismo vital de sus últimos años-de los setenta en adelante- ve a su ciudad de Córdoba perder fuerza en el conjunto de España y Andalucía: “A Córdoba  la veo apática. Es una ciudad muy especial, de labradores, romana, tallada en una piedra en la que se suele confundir la ignorancia con el senequismo. El cordobita es el peligro número uno de esta ciudad. Esa tendencia a quedarse indolentes, a no valorar lo que se tiene, lo que los mismos cordobeses construyeron, incluso a camuflar la ignorancia de forma más o menos sutil. De otra parte, eso sí, Córdoba tiene algo que me gusta mucho: que no le gustan las zalemas.  Lo que aquí funciona es lo directo. A la gente le gusta que se le hable con claridad incluso si se le tiene que decir algo duro, y eso es muy cordobés y me gusta.

Carlos Parejo Delgado