“EL PLANTEAMIENTO CORPORATIVISTA DE LA PLATAFORMA RECONOCIMIENTO PARA EL CELADOR YA, AYUDA A QUE PERDAMOS EL RELATO Y EL HILO ROJO QUE ES LO QUE EL CAPITAL PRETENDE”

Acabo de leer el artículo de Susana Albarrán «Celadores piden reconocimiento como profesionales sanitarios», publicado en la edición digital de El Salto el 9 de septiembre de 2020. Es un alegato al corporativismo de una categoría que ha estado marginada desde su creación, perjudicada de hecho en gran parte por el corporativismo de otras categorías. En ningún momento la autora se pregunta cómo se ha llegado a esta situación. La información registrada parece ser que ha sido facilitada principalmente a través de la Plataforma Reconocimiento para el Celador Ya. Bien, no es falsa, pero permanece constantemente en la superficie de un problema que va más allá. Aprovechando que estamos hablando del ámbito sanitario, haré la siguiente comparación: cualquier médico que se precie busca el origen del mal para poder curar la enfermedad de un paciente, no se limita a aliviar los efectos de esta porque sabe que, aunque los mitigue momentáneamente, la enfermedad continuará y podrá ocasionar otros que pueden ser incluso peores que los eliminados. A la Plataforma Reconocimiento para el Celador Ya le ocurre lo mismo que a un mal médico; intenta solventar los problemas secundarios derivados de otros más graves creyendo que va a salvar al paciente. Y esto puede ser mortal.

No he encontrado ninguna referencia en las peticiones de esta plataforma fuera de las propias de la categoría, y que no quepa duda de que son completamente legítimas. Es más, las firmaría ahora mismo: ser personal de riesgo ante cualquier crisis sanitaria, una formación reglada para poder ejercer su labor y mejoras económicas. No obstante, ninguna mención a la Ley 15/97 sobre la habilitación de nuevas formas de gestión en el Sistema Nacional de Salud y, del artículo 90 de la Ley General de Sanidad de 1986 que señala que: «Las administraciones públicas sanitarias, en el ámbito de sus respectivas competencias, podrán establecer conciertos para la prestación de servicios sanitarios con medios ajenos a ellas». Derogaciones que son imprescindibles para conseguir una sanidad pública, pero también para superar la marginalidad y ostracismo en la que nos vemos sometidos diariamente los celadores. ¿Casualidad? Lo desconozco, aunque obligatoriamente tendrían que preguntarse cómo y por qué hemos llegado a esta situación de subalternidad tan absurda. Leo en internet que la Plataforma se reconoce al margen de partidos y sindicatos, y no hay que ser un gran analista para saber qué significa cuando se afirma una aparente neutralidad de manera tan categórica. Este «apoliticismo» esconde que no se pretende llegar a la raíz del problema, o lo que es peor, que dan por sentada esta legislación y por tanto a sus ojos es legítima. Por otro lado, no hay que olvidar a los cientos de compañeros TIGAS (Transporte Interno y Gestión Auxiliar) en los hospitales públicos gestionados por empresas privadas en la Comunidad de Madrid. ¿Qué es de ellos? Nadie los nombra. Recordemos que es una figura que vino a sustituir al celador por dos motivos principalmente: la flexibilidad y la reducción de honorarios aproximadamente del 30%. La precariedad de la precariedad. Ligado a un plan de privatización de personal no sanitario que nos recuerda amargamente a la privatización de los servicios de limpieza, lavandería, cocina, gestión de historias clínicas, ambulancias y laboratorios, habiendo más contratas de empresas en un hospital que en un centro comercial.

No creo que sea una buena opción el sentimentalismo, la mirada piadosa del lector o lectora que se quiera solidarizar con nosotros durante cinco minutos en una época en la que dividir a la clase trabajadora en diversas luchas esta demodé, como nos ha alertado tan acertadamente Daniel Bernabé en «La Trampa de la Diversidad». Los celadores nos hemos convertido en lo que no debimos, en otra categoría egoísta, que solo cela por su propio interés, y no por el de todos los trabajadores sanitarios y no sanitarios precarizados. ¿Hay falta de solidaridad de otras categorías? Posiblemente, pero, ¿vamos a dejar de luchar por una sanidad pública sin ninguna intromisión del capital privado o buscaremos egoístamente nuestro propio beneficio? Entiendo que hay una equivocación de fondo dentro de este planteamiento corporativista de la Plataforma Reconocimiento para el Celador Ya y, además ayuda a que perdamos el relato y el hilo rojo, y eso es precisamente lo que el capital pretende. Nos han relegado a personal de bajo riesgo porque somos clase obrera, somos su despojos de mano de obra barata que le soluciona los arreglillos sanitarios, pero sin nosotros no son nada. Este texto que escribo es solo un aviso a navegantes, y hablo con la humildad que me ha dado una profesión que llevo ejerciendo durante más de quince años y de la que me siento orgulloso. Espero que cambie la tabla reivindicativa de la plataforma y que mire más allá de su propio ombligo. Somos parte del personal más vulnerable, que sin tratar de convocar al resto de los trabajadores sanitarios y no sanitarios no llegaremos muy lejos. Deseo que la lucha de los MIR y de los celadores se junten, además de las enfermeras y las TCAES y otras categorías, pero sobre todo la de las compañeras de la limpieza de las que no se habla en el artículo de Susana Albarrán, y posiblemente debido a su nivel de explotación y de represión sindical casi no puedan expresarse, pero recordemos que también son consideradas personal de bajo riesgo. Tenemos que unirnos. Juntos seremos más fuertes. Juntos podremos poner condiciones dignas para los trabajadores, pero también para los pacientes y usuarios de una sanidad pública en la que nunca debía haber entrado el sucio capital privado. Juntos podremos conseguir una sanidad de la que sentirnos orgullosos. Juntos podremos ir más allá.

Autor

+ artículos

Doctorando en Historia contemporánea en la UNED.

Tiene máster en Estudios Contemporáneos de América Latina (UCM) y en la España Contemporánea en el Contexto Internacional (UNED).

Es uno de los socios fundadores de Cisma Editorial y miembro fundador del Centro de Estudios Históricos Fernando Mora.