¿El movimiento que actualmente tiene a Donald Trump como su figura aglutinante,y que es dirigido y estimulado por él, podrá cobrar autonomía e incluso escapar a su control?

“El objetivo de disciplinar a la clase obrera ya sea por métodos autoritarios y apelando al racismo y al machismo, ya sea por el individualismo neoliberal, es prioritario para el imperialismo norteamericano”

“No fue un golpe de Estado sino una demostración de fuerza que pretende varios objetivos”

“Trump es un manipulador, un demagogo que un momento dado puede representar intereses colectivos, pero que sobretodo se representa a si mismo y defiende sus intereses personales”

Poco antes del mediodía del 6 de enero de 2021, Donald Trump, presidente en funciones de los EEUU, al ritmo de “Macho Man” de los Village People, se dirigía a una multitud congregada cerca de la Casa Blanca; Trump se centró en negar los resultados de las pasadas elecciones, insistiendo en que fueron un robo y dio órdenes a su vicepresidente, Mike Pence, de rechazar los resultados del Colegio Electoral reunido en el Capitolio y que tenía como misión investir oficialmente al nuevo presidente, Joe Biden, acusado varias veces por Trump de ser un “presidente ilegítimo”; tras la arenga y al ser exhortados por Trump a marchar sobre el Capitolio, la muchedumbre se fue concentrando frente a la barricada policial instalada en las afueras de la escalinata Oeste del edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de los EEUU, tras recorrer la Avenida Pensilvania, también llegaban desde la cara opuesta, el resto de lo que sucedió ya lo conocen de sobra: el Congreso de los EEUU asaltado por una miles de personas ante la dejación y complicidad de las fuerzas de seguridad, 5 personas muertas, varias decenas de heridos y multitud de imágenes grotescas, destacando entre ellas la del llamado Q-Shaman, Jack Angeli, el tipo vestido con piel de búfalo y tatuajes nórdicos, un influencer aspirante a actor que ha abrazado la llamada conspiración QAnon siendo uno de sus principales apóstoles en las redes.

Un hecho de tal magnitud ha suscitado numerosas interpretaciones y opiniones, por eso, creemos conveniente salir al paso de determinadas afirmaciones que se han consolidado como lugares comunes.

Q-Shaman

Primera consideración: La crisis del imperialismo norteamericano

Son frecuentes los análisis que inciden en dos cuestiones: 1) la imposibilidad del imperialismo norteamericano de hacer frente a China y 2) la lucha entre “globalistas” y “nacionalistas” en el seno del capitalismo norteamericano. Según determinados análisis, importantes sectores industriales de los EEUU estaban ya en recesión antes de la pandemia, en octubre de 2019, Jonathan Golub (1), un al directivo del Credit Suisse hablaba eufemísticamente de una “semi recesión” en el sector industrial norteamericano, aunque ya en agosto del 19, el índice PMI manufacturero (2) se había situado en 49,9 puntos frente a los 50,4 puntos que marcó el pasado mes. La cuestión fundamental es que en general, Donald Trump no ha conseguido hacer frente a los diferentes retos que el imperialismo norteamericano tenía planteado, en este sentido, las grietas abiertas entre diferentes sectores de la oligarquía norteamericana han aumentado, pero no podemos caer en el simplismo de pensar que los “globalistas” no tienen “intereses nacionales” y a su vez que los “nacionalistas” no tienen “intereses globales”, en realidad, ambos sectores están de acuerdo en los enemigos a batir: la República Popular China, los gobiernos soberanos antiimperialistas y los imperialistas europeos, eso en lo externo, en lo interno, aplastar cualquier tipo de cuestionamiento organizado de la clase obrera y los sectores populares, especialmente dentro de las llamadas “minorías” al capitalismo neoliberal, por mínimo, espontaneo e intuitivo que éste sea. Unos apelan a reconducir las relaciones con China, otros al enfrentamiento directo y las guerras comerciales; unos apelan a un disciplinamiento de la clase obrera y de los sectores populares en base al tradicionalismo religioso, el racismo descarado, el machismo, el separatismo y supremacismo blanco, otros lo hacen apelando a la exaltación vacía e individualista de las “minorías” que, a su vez, oculta un racismo y un machismo disimulado y quirúrgico –politically correct- que se pretende corregir con la integración selectiva de determinadas personas de esas “minorías” en los espacios de poder, como muestra del éxito del “sueño americano”.

Que esas diferencias sean importantes no nos debe hacer perder de vista que en el fondo se busca lo mismo, tampoco debemos olvidar que el disciplinamiento de la clase obrera y de los sectores populares está relacionado con el cómo se sitúa en el mundo el imperialismo norteamericano, algo que por ejemplo, los sectores tenidos habitualmente por “progresistas” e “izquierdistas” dentro del Partido Demócrata, es decir, Bernie Sanders y el llamado “squad” cuyas cabezas visibles son Aleaxandria Ocasio-Córtez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, suelen olvidar. El objetivo de disciplinar a la clase obrera ya sea por métodos autoritarios y apelando al
racismo y al machismo, ya sea por el individualismo neoliberal, es prioritario para el imperialismo norteamericano. Sin ese objetivo difícilmente el imperialismo norteamericano podrá hacer frente a sus retos y la crisis que la pandemia ha acelerado, sin duda, puede servir a ese fin; como denunciaba el Party for Socialism and Liberation (PSL, partido norteamericano marxista-leninista) el pasado mes de septiembre (3): “En total, algo menos de 30 millones de trabajadores están inscritos en algún tipo de programa de desempleo. Pero incluso este número no logra captar el alcance total de la crisis del desempleo, debido a la gran cantidad de personas que se han visto obligadas a abandonar la fuerza laboral por completo o se han visto obligadas a trabajar a tiempo parcial debido a la falta de puestos disponibles a tiempo completo. La situación sigue empeorando debido a la reciente expiración de la mejora de 600 dólares semanales a las prestaciones por desempleo. La orden ejecutiva emitida por la administración Trump solo restaura una parte de este beneficio y fue redactada de forma que su implementación sea altamente compleja”.

Es muy importante no perder de vista la situación y no absolutizar estas diferencias. Que un símbolo del “capitalismo global” como Amazon no haya pagado impuestos en los EEUU gracias a Trump, nos tiene que dar la medida de cómo hemos de tomarnos estas contradicciones. Solo un día, concretamente el pasado 20 de julio de 2020, Jeff Bezos ganó 13 mil millones de dólares.

Paralización de un desahucio en Detroit. Imagen: Kris Hame https://www.liberationnews.org/

Segunda consideración: ¿Golpe de Estado?

Han sido muchos los análisis que han incidido en que lo ocurrido en el Capitolio el pasado día 6 fue un Golpe de Estado. No estamos de acuerdo, la mecánica de un Golpe de Estado es mucho más compleja que la arenga a unos manifestantes, aunque muchos de ellos estuvieran armados, y necesariamente ha de implicar a diferentes actores en diversos puestos de poder. La cuestión es que descartar el Golpe de Estado no le resta gravedad a lo sucedido, especialmente si miramos más allá de la coyuntura. Entonces, si no fue exactamente un Golpe, ¿qué fue? Una demostración de fuerza que pretende varios objetivos: 1) una estrategia de la tensión, que puede alcanzar su máximo justamente en los días próximos al relevo presidencial (20 de enero); 2) movilizar una base que le sirva a Trump para su futuro político, ya sea dentro o fuera del Partido Republicano, o incluso el rarísimo caso de triunfar el nuevo impeachment de los demócratas; 3) utilizar esa base como forma de presión y negociación para enfrentar sus graves problemas judiciales.

Tercera consideración: Las bases de Trump

Mucho también se ha hablado de esas bases trumpistas, el error muchas veces ha sido tender a homogeneizar a esos grupos organizados o no que se están movilizando a favor de Trump, porque para empezar, algunos de esos grupos incluso van más allá de lo que diga o haga Trump. Desde un punto de vista de clase, abunda la pequeña y mediana burguesía, muchos de ellos ex militares, que se han visto especialmente tocados con la prolongación de la crisis, de una manera o de otra, de 2007/2008. Igualmente participan sectores de la clase obrera, aunque parece que cada vez menos, arruinados y desesperados que acuden a la llamada del racismo, de la explotación del victimismo blanco y en los casos más extremos a la apelación a la presunta opresión que sufriría la población blanca a manos de las “minorías” en alianza con una elite “liberal” blanca. Carne de cañón en definitiva de la irracionalidad, de toda la retórica racista y fascista que puede ir desde las más tradicionales asociadas al KKK hasta grupos nazis o supremacistas blancos, pasando por toda clase de nuevos fenómenos como el de los incels o a todas las teorías que sin base ni argumento, como la ya mencionada QAnon que alimentan a personas muchas de ellas en situaciones límites a las que es relativamente fácil llegar con un mensaje visceral y egoísta, en el que el odio al diferente evita la incertidumbre y da certezas, en un ambiente como el de los Estados Unidos en el que las ideas verdaderamente progresistas, especialmente el comunismo, han sido históricamente perseguidas y proscritas como antiamericanas.

Pero cuidado, que Trump no solo es apoyado por la población blanca, ese odio y desesperación y su salida reaccionaria también es defendida por mujeres, personas LGTB, o población afroamericana y latina, más allá de las tradicionales comunidades conservadoras cubanas o más recientemente venezolanas; de hecho, Trump mejoró sus resultados electorales en esos segmentos de población respecto a 2016. Capitulo a parte merecería el tradicionalismo religioso evangélico y su alianza con el sionismo y como han influido de forma notoria en la política internacional de Trump respecto a Irán y en general respecto al Asia occidental.

“Mujeres por Trump”

Capitulo a parte merecería el tradicionalismo religioso evangélico y su alianza con el sionismo y como han influido de forma notoria en la política internacional de Trump respecto a Irán y en general respecto al Asia occidental.

Una cuestión que creemos pertinente y que apenas si se está planteando es la de si este movimiento, que ahora mismo tiene a Donald Trump como su figura aglutinante y que es dirigido y estimulado por él, puede cobrar autonomía e incluso escapar a su control. Hay algo que está claro, Trump es un manipulador, un demagogo que un momento dado puede representar intereses colectivos, pero que sobretodo se representa a si mismo y defiende sus intereses personales. En todos estos años apenas si ha movido un dedo a favor de esa América a la que tanto apeló, más allá del show, del espectáculo y de la sobreactuación en redes sociales, Trump no ha hecho nada por esa base social a la que está movilizando ahora, por tanto, no es en absoluto descabellado una independencia del movimiento respecto a Trump, aunque eso pueda suponer su fin.

La toma del Capitolio ha supuesto un punto de inflexión para la elite imperialista norteamericana, incluso para la que ha venido apoyando a Trump; el hecho de que haya ya una parte importante del Partido Republicano, con Mitch McConnell a la cabeza, reniegue del discurso de Trump, indica la desafección de una parte de ese sector “nacionalista”. La farsa de la democracia capitalista norteamericana no puede verse comprometida de la manera que lo fue el pasado Día de Reyes en Washington, en general, el rol de Estados Unidos en el mundo no puede verse desfigurado de esta manera. La deuda de los EEUU se acerca a unos límites insoportables según informaba recientemente Bloomberg (4), el imperialismo norteamericano carece de perspectivas y liderazgo, Trump no ha hecho más que empeorar la situación, de Biden se espera una restructuración que se antoja complicada, pero antes, de aquí al 20 de enero lo inesperado, por muy grotesco que parezca, puede ocurrir.

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Nacido en Málaga, en 1975, Licenciado en Filología Inglesa por la UMA. Ha militado en organizaciones comunistas y soberanistas andaluzas de izquierdas e, igualmente, en movimientos sociales y populares de Málaga.