El rol de las Fuerzas Armadas en los procesos revolucionarios

“La influencia que el partido pudo ejercer sobre grandes componentes del ejército no fue una casualidad ni simple coyuntura histórica”

“La cuestión de la guerra imperialista a principios del siglo XIX representó un momento de definiciones dentro del movimiento proletario”

“El partido bolchevique se plantea la toma del poder y en relación a este objetivo articulaba ya una estrategia particular, en la cual ponía especial énfasis a la politización dentro del ejército”

“La historia de la izquierda política durante el siglo XX muestra, además,  la necesidad que tiene la misma de abordar el tema de la defensa de sus victorias”

Introducción

La Revolución de Octubre es un parteaguas no sólo en la historia rusa, sino en la historia de toda la humanidad. Fue el evento socio-histórico más trascendental desde la revolución francesa de 1789. Pero la Revolución de Octubre no fue un rompimiento más en el orden estatal monárquico y su sistema económico feudal; fue una revolución proletaria, o sea, liderada no por la burguesía nacional relegada de la toma de decisiones por la aristocracia, sino encarnada por la clase trabajadora con la vanguardia del partido bolchevique, el partido de Lenin. Es por esta razón que la Revolución de Octubre significó un salto cualitativo respecto a las anteriores en Rusia y en cualquier lugar del mundo, en tanto se proponía desmontar el sistema político burgués, a la vez que reemplazar el modo de producción capitalista, por el  socialista; y así lo hizo. (1)

Quizás uno de los aspectos menos considerados sobre esta revolución sea lo relativo a la logística detrás del alzamiento que llevó a los bolcheviques al poder, en pocas palabras, cómo fue que se organizó este levantamiento. Una vez que se analiza esta importante  cuestión se llega a la conclusión de que el partido bolchevique tuvo como una de sus estrategias fundamentales la de no sólo armar, literalmente,  al partido, sino también la de influenciar a los miembros regulares del ejército y en su momento concretar una alianza decisiva con sus elementos progresistas. De esta manera la revolución aseguró un golpe quirúrgico a las instituciones del gobierno provisional presidido por Kerensky y, al mismo tiempo,  sentó las bases del dispositivo de defensa que permitiría a los revolucionarios rusos sobrevivir y vencer en la guerra civil de agresión que impusieron los “blancos” apoyados por las potencias capitalistas mundiales.

En consecuencia la influencia que el partido pudo ejercer sobre grandes componentes del ejército no fue una casualidad ni simple coyuntura histórica. Fue producto de la acertada lectura de la realidad por parte de Lenin y del buró político del partido bolchevique, que sopesaron correctamente la situación y la correlación de fuerzas tanto internas como externas, proporcionándose a sí mismos las herramientas para elegir la estrategia apropiada respecto del quehacer político, cómo hacerlo y dónde hacerlo. Así pues, la dirigencia del partido reconoció la trascendencia de atraer a las filas revolucionarias al pueblo uniformado. Cómo, por qué y bajo qué propósitos y circunstancias concretas se realizó este ambicioso y complicado plan de trabajo que a la postre traería una decisiva victoria, es lo que se propone contestar este artículo. 

El análisis histórico no se debe ejercer como un acto aislado y limitado a la comprensión de su tiempo y contexto. Se debe también establecer una relación con el presente, a fin de aprender de los eventos pasados, y rescatar aquellos aspectos positivos que perduran y van más allá de las barreras temporales, sobre todo cuando estos acontecimientos se refieren a eventos trascendentales para toda la humanidad. La revolución rusa dejó rápidamente de ser propiedad exclusiva del pueblo ruso y de los otrora integrantes de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), y pasó a ser patrimonio de la humanidad. Por este motivo se hace imperante adentrarse en el proceso que desembocó en la amalgama de un pueblo revolucionario y un ejército también revolucionario. Un fenómeno que el comandante Hugo Chávez Frías llamaría,  muchos años después en Venezuela, “la alianza cívico-militar” para caracterizar a la revolución bolivariana. Esta alianza  ha significado la supervivencia del proceso bolivariano en ese país, y su ausencia en otros países con proyectos similares en América Latina, se puede argumentar, significó su derrota. Por consiguiente, estudiar la posibilidad e inclusive la necesidad de la alianza cívico-militar en el proceso revolucionario es de superior relevancia y en este respecto, como en casi todos, la revolución rusa tiene mucho que enseñarnos.

La Rusia zarista y la etapa pre-revolucionaria

La primer gran erupción de descontento popular contra el orden zarista se dio en Rusia en enero de 1905 durante la debacle en la guerra contra Japón y que desembocó en el llamado “domingo sangriento”, que significó la represión y el asesinato de alrededor de 200 manifestantes en una marcha pacífica en San Petersburgo, frente al Palacio de Invierno, que concentró a más de 100,000 ciudadanos. Como resultado de este trágico suceso la imagen del Zar como padre del pueblo ruso, que imperaba en sus estratos humildes, se derrumbó para siempre. (2)

Los orígenes de esta crisis pueden encontrarse en el periodo que comienza con la derrota rusa en la guerra de Crimea (1856). En respuesta, subsecuentes gobiernos trataron de poner a Rusia a la par con las potencias europeas. Reformas como la emancipación de los siervos de 1861 por el Zar Alejandro II marcaron el comienzo del fin del feudalismo en el país y la llegada del capitalismo con una rápida industrialización.  Como consecuencia y en relación a que en el imperio ruso abundaban todo tipo de recursos naturales, económicamente hablando, la Rusia zarista era la quinta potencia económica del globo en la víspera de la primera guerra mundial. Sin embargo, en el plano social, el rápido crecimiento demográfico, la injusticia en la distribución de la riqueza, la naturaleza explotadora del orden económico, la brutal represión política y el absolutismo autocrático formaron el caldo de cultivo para los acontecimientos de 1905. (3)

Soldados a caballo esperan a los manifestantes frente al Palacio de Invierno en San Petersburgo

Las consecuencias inmediatas del domingo sangriento trajeron una crisis política generalizada de enormes proporciones,  que eventualmente obligarían al Zar a otorgar concesiones muy a su pesar. Entre éstas se encontraban el establecimiento de una Duma, como había prometido en su manifiesto de octubre, y una constitución en abril de 1906. Así pues, a pesar de que la Revolución de 1905 fue aplastada  bajo la represión zarista, el pueblo ganó en conciencia política y organizativa. Además, los partidos políticos que se habían formado poco antes, cobraron suma importancia puesto que fueron capaces de sacar sus propias conclusiones sobre la fallida revolución de 1905. Entre estos partidos el más relevante para la historia mundial sería, por supuesto, el partido bolchevique, la facción liderada por Lenin, del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), que se fundó en Minsk en 1898 y en 1903 se dividió entre bolcheviques y mencheviques.

 

La postura sobre la guerra mundial

La agudización de la lucha de clases en Rusia tuvo su punto álgido durante la coyuntura que representó la Primera Guerra Mundial. Esta fue la primer guerra de naturaleza imperialista que se dio a una escala global. La técnica belicista y los avances en los medios de transporte permitieron a las grandes potencias involucradas en el conflicto movilizar miles de tropas a distintos frentes abiertos en todo el mundo. De este modo la  Primera Guerra Mundial le hizo honor a su nombre, en tanto que se combatió no sólo en Europa, sino en el norte de África, el Medio Oriente, Asia, Oceanía y tanto en el Atlántico como en el Pacifico.

Sin embargo, no fue la geografía y su ferocidad o su nunca antes visto coste en vidas humanas los elementos causantes del impacto de esta guerra sobre la conciencia de clase en el escenario político ruso. Innumerables libros y estudios han tratado de explicar las causas y hechos prácticos que llevaron al desencadenamiento del conflicto. Entre ellos, el más reciente y aplaudido en los círculos académicos occidentales es el de la teoría de “Los Sonámbulos” (The Sleepwalkers, 2012), propuesta por el historiador australiano Christopher Clark. En ella, Clark propone la idea de que los dirigentes de las principales potenciales beligerantes fueron de alguna manera “arrastrados” hacia la guerra, por motivos que escapaban a sus fuerzas y sobre todo a su voluntad. Pero de acuerdo a los hechos el rasgo distintivo de la Primera Guerra Mundial es su descarada naturaleza imperialista y neo-colonial. La teoría de Clark, como muchas otras provenientes de la historiografía académica alineada a los gobiernos imperialistas, no hace sino evadir la realidad utilizando una  narrativa más o menos llamativa, pero siempre desde una perspectiva ficticia.  Este elemento imperialista, neocolonialista y anti-popular fue la clave que agudizó las contradicciones políticas y sociales en Rusia y el fortalecimiento de la conciencia de clase en la base del pueblo ruso incluido el ejército.

La guerra tuvo, además,  consecuencias políticas en el incipiente movimiento proletario internacional. Todos los gobiernos, sin excepción, involucrados en esta guerra de pillaje y reparto imperial, se envolvieron en la bandera “patria” y recurrieron al nacionalismo de las masas para justificar la participación de sus pueblos en las batallas, así como  el apoyo de los distintos sectores políticos en los respectivos países, sin ser Rusia la excepción. Lenin y el partido bolchevique resolvieron muy pronto que ésta era una guerra dinástica, burguesa e imperialista y que de hecho constituía la mejor propaganda para una revolución popular. (4)

Esta resolución fue producto de una discusión en el seno de todo partido obrero socialista  y, a la postre, desembocó en la escisión de los partidos socialdemócratas. En Alemania, por ejemplo, el 2 de diciembre de 1914 Karl Liebknecht, parlamentario por el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), fue su único miembro  que votó en contra de la guerra, negándole al gobierno la emisión de bonos para financiar el esfuerzo bélico. En definitiva, la escisión del SPD comandada por Liebknecht, el Partido Socialdemócrata Independiente (USPD),  sería el germen de la Liga Espartaquista,  que finalizaría en la creación del Partido Comunista de Alemania (KPD). (5)

Lenin, al igual que Liebknecht,  criticó las posturas patrioteras al interior de Rusia y en el mundo tildándolas de socialchovinistas,  que apoyaban la guerra con el pretexto de la defensa de la patria, aplicando así una política anti proletaria y burguesa, entre ellas la postura de los Mencheviques, con Plejanov a la cabeza. Además, Lenin apuntaba ya en esos tiempos que la escisión del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia era indispensable en el beneficio del socialismo, y consideró que estas diferencias existentes en la coyuntura de la primer Guerra Mundial, en el seno de este partido, eran tan profundas e importantes como las que dividieron a socialistas y anarquistas en los orígenes de la Primera Internacional. De ese calado veía Lenin el papel central de la postura sobre la guerra dentro del movimiento proletario internacional y acorde a su máxima “no hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria”, Lenin adecuó la estrategia política a partir de las conclusiones teóricas a las que llegó con respecto a la naturaleza imperialista de la guerra. (6)

En este sentido podemos advertir nítidamente que la cuestión de la guerra imperialista a principios del siglo XIX representó un momento de definiciones dentro del movimiento proletario y que acertadamente el partido bolchevique se posicionó en contra de la misma. Pero no sólo eso, el partido articuló su estrategia explotando las diferencias que en esta coyuntura se mostraban entre su línea internacionalista proletaria consecuente; y la postura oportunista, patriotera, chovinista y colaboracionista de mencheviques y demás fuerzas reaccionarias y pequeño burguesas dentro de la política rusa.

 

El desastre de la Primera Guerra Mundial

El 17 de agosto de 1914 las tropas rusas cruzaron la frontera del Imperio alemán y se adentraron en Prusia Oriental. Un par de semanas más tarde el ejército de Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff derrotaron a los rusos en Tannenberg, haciéndoles abandonar enteramente Prusia para febrero del próximo año. A finales de 1914 el ejército zarista ya contaba con 1,2 millones de hombres muertos, heridos o presos. En junio de 1915 los austriacos tomaron la zona Oeste de Ucrania y los alemanes tomaron Varsovia. (7)

Pero no sólo los resultados de las batallas no le favorecían al gobierno zarista, la situación de los soldados en el frente era dramática también. En agosto de 1915 un tercio de los soldados no contaba con un arma, a la mitad le faltaba munición y escaseaba el número de oficiales y suboficiales. Las tropas se constituían en un 80% de campesinos a menudo analfabetas, que eran dirigidos por oficiales sin experiencia. Aún así el gobierno insensible, autoritario y claramente sufriendo de disociación cognitiva ordenó la denominada “Ofensiva Brusílov”, en 1916. A pesar de sus relativos éxitos esta maniobra significó la pérdida de alrededor de 850,000 soldados y oficiales, aún más, por si fuera poco, problemas logísticos llevaron al empantanamiento de la ofensiva. (8)

En este escenario catastrófico para el Estado ruso, el planteamiento anti-guerrerista  de Lenin se endureció aún más. En vez de plegarse a la unidad en torno a la defensa de la patria, el comunista ruso llamó a los trabajadores europeos a no ponerse al servicio de sus burguesías nacionales y de obligar a sus gobiernos a concertar una paz incondicional sin indemnizaciones o anexiones territoriales. Estas tesis tuvieron su máxima expresión en su publicación de junio de 1916 “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. En esta obra el célebre revolucionario ruso define como elementos fundamentales del imperialismo la monopolización, la fusión entre el capital financiero y el  industrial y la exportación del capital por encima de la de productos. Para reproducir su ganancia la burguesía tiene que acaparar nuevos mercados y/o exportar el capital y los bienes que no encuentran cabida en el mercado nacional. De esta manera las guerras imperialistas son de carácter económico, de agresión y colonialistas, por lo tanto, contrarias a los intereses de la clase trabajadora. (9)

La revolución de febrero

Milicias atacando a la policía zarista durante los primeros días de la revolución de febrero de 1917

Las condiciones antes mencionadas llevaron a una escalada en las manifestaciones contra el gobierno por parte de los trabajadores.  El 23 de febrero 1917,  que concordó con el día internacional de la mujer (8 de marzo en el calendario gregoriano), y agregó un contingente importante de mujeres en la manifestación. El 27 de febrero, cuando se agregó a los manifestantes un amplio contingente de soldados, fue que la movilización adquirió una nueva dinámica y se marcó el fin del régimen zarista. Bajo la presión del presidente de la Duma, Rodzianko, y algunos generales, el Zar Nicolás II se vio forzado a abdicar y la monarquía en Rusia terminó formalmente. (10)

La Revolución de Febrero, secundada por el resto de la Rusia urbana y parte del Ejercito derrocó la autocracia de los zares, pero fue una revolución de carácter burguesa que tenía como objetivo principal la apertura política y el asentamiento y desarrollo del modo de producción capitalista incipiente en Rusia. Así, pues, se formó inmediatamente un gobierno de influencia menchevique, con Kerensky al frente. Esta revolución de febrero tuvo también como consecuencia el empoderamiento de los consejos denominados “soviets”. Estos cuerpos de gobierno en forma de asambleas se habían formado originalmente durante la revolución de 1905, pero desaparecieron después de la misma y tuvieron un resurgimiento a partir de los hechos de 1917. Los consejos estaban integrados por obreros, campesinos y soldados y el más influyente en aquellos momentos fue el de la ciudad de Petrogrado, que actuaba como una suerte de gobierno paralelo al instaurado por Kerenski. Sobre esto Lenin escribió, posteriormente, que la forma de Estado surgido como consecuencia de la revolución de octubre –una República de Soviets de obreros, soldados, campesinos, etc-  se creó en dos momentos, primero en 1905 y después en 1917. (11)

Los soviets jugaron un papel fundamental en el avance de las posturas bolcheviques y de su influencia en las Fuerzas Armadas. La lucha de ideas se dio de manera especialmente intensa en los soviets de soldados que se formaron en los frentes, puesto que el gobierno de Kerenski, alegando deberes para con los aliados de la triple Entente, se empecinó en continuar la guerra con las potencias centrales. Así pues, tanto los soldados, como la clase trabajadora consideraron que la revolución en contra del régimen zarista no terminaba en tanto la guerra y la inoperancia de la política interior seguían vigentes. Además, las nuevas condiciones de “liberalización” permitían a los múltiples comités de soldados chocar abiertamente contra las órdenes de la oficialidad, que aún no se acostumbraban a tratar a sus soldados como seres humanos. (12)

 La estrategia ante el gobierno provisional

Gobierno provisional – Alexander Kerensky

Fueron las acciones del gobierno provisional de Kerensky las que dieron la última estocada al viejo orden en términos de propiciar la maduración de condiciones para la revolución de octubre. El gobierno provisional ordenó el arresto, en el frente, de todo “agitador” miembro de partidos políticos opositores, sus periódicos fueron prohibidos y la distribución de propaganda revolucionaria se castigaba con la muerte. Además, se intentó desarmar a la guardia roja y cosacos fueron mandados al frente “para restablecer el orden”. En estas condiciones las masas se pasaron rápidamente al bando de los bolcheviques, quienes eran los únicos que abogaban sin claudicaciones por la paz y el control de la clase trabajadora sobre la industria y el gobierno. De esta manera el partido de Lenin se hizo con el control en todo el país de los soviets locales, las organizaciones sindicales, de soldados y marinos, entre ellos los importantes Soviets de Petrogrado, Moscú, Kiev, Odessa y otras ciudades. Sólo los soviets campesinos permanecieron conservadores como resultado de su atraso político bajo las condiciones de precariedad imperantes por años en las zonas rurales, poniendo en evidencia la errónea estrategia de los eseristas que consideraban al campesinado como la vanguardia. (13)

En este contexto, Lenin regresa a Rusia y el 3 de abril de 1917 hace públicas sus famosas Tesis de Abril, que habiendo sido aceptadas por el partido marcaron la línea estratégica hasta la toma del poder en octubre. Dentro de estas líneas destacan:

  1. La reafirmación del carácter imperialista de la Primera Guerra Mundial.
  2. La necesidad de arreciar la propaganda más amplia dentro del ejército.
  3. Promover la confraternización en el frente.
  4. Prestar ningún tipo de apoyo al gobierno provisional.
  5. Aumentar la influencia dentro de los soviets y hacer crítica dentro de ellos donde sea necesaria.
  6. Los soviets no deben convertirse en una nueva versión del parlamentarismo burgués, sino convertir al país en una República de Soviets de campesinos, obreros soldados y braceros.
  7. Sólo la revolución proletaria puede acabar con la guerra y liberar a los pueblos. (14)

Es evidente que en aquel momento el partido bolchevique se plantea ya la toma del poder y que en relación a este objetivo articulaba ya una estrategia particular, la cual ponía especial énfasis a la politización dentro del ejército. Stalin escribía entonces que “la cuestión fundamental de la revolución, es la cuestión del poder” y que “el carácter de la revolución, su camino y resultados, son completamente determinados por la clase que está en el poder”. Aunado a esto, el intento fallido de golpe de Estado por parte del general reaccionario Kornilov, mostraría la fragilidad del gobierno presidido por Kerensky y el peligro de una contrarrevolución que deshiciera las conquistas obtenidas a la caída del Zar y dificultase la radicalización del proceso revolucionario que Lenin y los bolcheviques consideraban aun inacabado. Por otro lado, el fallido golpe había tenido un resultado contra productivo para los reaccionarios: los soviets habían cobrado aún más relevancia, puesto que habían resistido exitosamente el golpe y se habían radicalizado a fondo tomando como consigna la famosa “¡Todo el Poder a los Soviets!”. (15)

La revolución de octubre

El 10 de octubre Lenin se arriesga en un viaje desde Finlandia hasta Petrogrado y asiste personalmente por primera vez a una reunión del Comité Central desde julio. La propuesta de Lenin para un levantamiento inmediato fue aprobada en esta reunión con 10 votos de 12. Kamenev y Zinoviev que habían votado en contra  publicaron, el 18 de octubre en un periódico de poca circulación, que se oponían al golpe, poniendo en peligro toda la operación. Sólo la intervención, mediación y moderación de Stalin que había votado en apoyo a Lenin, salvó a ambos disidentes de enfrentar represalias mayores. (16)

En la noche del 24 al 25 de octubre brigadas de trabajadores y soldados armados, organizados por y bajo las órdenes del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado, tomaron los principales puntos de la ciudad: puentes, telégrafos, estaciones de tren, las centrales eléctricas y telefónicas, el banco central, el tesoro, así como los correos. El último punto que resistía, el Palacio de Invierno, fue asaltado y tomado tras la señal con salvas que dio el emblemático  buque crucero “Aurora”. La revolución se produjo con precisión quirúrgica y con un coste relativamente bajo de vidas. Esto se pudo lograr fundamentalmente a al alto grado organizativo del alzamiento y del casi nulo apoyo que el gobierno tenía entre las masas, como correctamente habían concluido los bolcheviques

A las diez de la mañana del 25 de octubre Lenin informaba a la ciudadanía que el gobierno provisional había sido depuesto y que el mando pasaba al Comité Militar Revolucionario dependiente del Soviet de Petrogrado, que se encontraba al frente de los diputados obreros y soldados. Esto es ratificado por el II Congreso de Soviets de toda Rusia, en los dos días posteriores. Así pues, la revolución de octubre se da en los hechos concretos,  no con la participación de masas en las calles, sino con el preciso y coordinado alzamiento de obreros y soldados dentro de una coyuntura histórica que Lenin supo reconocer magistralmente y adecuar la estrategia acorde tanto a la coyuntura como al pulso y sentir de los habitantes del Estado ruso. (17)

El partido y el ejército en la guerra civil

La directa relación que se había formado entre los destacamentos armados simpatizantes e integrantes del partido se mantendría intacta tras la revolución. Casi de inmediato al triunfar el levantamiento de octubre, el nuevo gobierno se vio atacado por una coalición de países imperialistas (18), que junto con los reaccionarios “guardias blancos” rusos sumieron al país en una brutal guerra civil de cinco y medio años de duración y una pérdida de alrededor de 13 millones de ciudadanos. (19)

Esta situación de emergencia creada por la agresión reaccionaria no sólo significó la continuidad en la politización de los destacamentos armados revolucionarios, sino que ejerció una fuerza deformadora en el proyecto político que Lenin y el partido habían contemplado para el futuro del país. (20) Los planes para desmantelar en gran medida las Fuerzas Armadas y descentralizar la administración del país tuvieron que ser reemplazadas, bajo las imperantes circunstancias por la creación inmediata del ejército rojo y la aplicación de la llamada economía del “comunismo de guerra”.

Así pues, el 12 de enero de 1918 el Consejo de Comisarios del Pueblo ordenó por decreto la creación del Ejercito Socialista, en cuya tarea puso al frente, como comisario del pueblo para la guerra, a Trotsky. En este sentido el nuevo ejército de la República de Soviets se construyó bajo la premisa del marxismo-leninismo en cuanto a que el ejército no podía estar ajeno a la política, sino al contrario. Si el ejército del imperio ruso había sido una fuerza armada adaptada a los intereses del zarismo, el Ejército Rojo debía ser el instrumento de la clase trabajadora para defender su revolución. En concordancia el nuevo ejército se formó primeramente con base en los trabajadores e incluyó, sólo posteriormente, a ciertos elementos provenientes del ejército zarista, sobre todo oficiales y especialistas técnicos que hacían falta dentro de las filas proletarias. Temiendo una traición o un proselitismo subversivo de estos elementos es que se crea la figura del comisario político, que no tiene mando militar pero ejerce una función de vigilancia y proporcionaba certeza a los soldados de que sus opiniones eran escuchadas, además de que vigilaba la línea política dentro de las tropas. Esta figura también sirvió para ejercer el centralismo democrático y administrativo dentro del esfuerzo de guerra, llegando inclusive a coordinar las acciones guerrilleras detrás de las líneas enemigas con las operaciones del ejército regular, algo que sería de mucha utilidad en la Segunda Guerra Mundial. (21) La base del nuevo ejército socialista consistió primeramente en un sistema voluntario para cuidar su naturaleza clasista. Sólo en muy pocas ocasiones unidades completas zaristas pasaron a formar parte de la nueva institución y la conscripción obligada no se instauró sino hasta después, al hacerse necesario el robustecimiento de las filas entrada la guerra civil. Con todo esto, para mayo de 1918 había ya 106,000 voluntarios enlistados y 34,000 de los 50,000 guardias rojos se habían incorporado al ejército de nueva creación. Poco más de un año después, en octubre de 1919, se encontraban enlistados 180,000 miembros del partido. (22)

¡Wrangel viene! ¡Tomad vuestras armas, proletarios! Kocherguin N.M.,1920

Así pues, se puede observar una clara alianza y conexión entre la dirigencia, la militancia política y las Fuerzas Armadas, sin la cual hubiese sido imposible la resistencia y finalmente la victoria contra las fuerzas reaccionarias internas comandadas por Kornilov y sus patrocinios y apoyos extranjeros, tanto en insumos como en combatientes. Sin embargo, el sacrificio de cuadros políticos altamente instruidos fue una pérdida irreparable para el nuevo gobierno y el partido. Junto a lo anterior, la destrucción de infraestructura en todo el país y a la devastación de la agricultura se convirtieron en los mayores lastres para el gobierno revolucionario que tuvo que salir adelante aplicando medidas extraordinarias como la Nueva Política Económica con Lenin, y la industrialización y colectivización de la agricultura aceleradas ya con Stalin a la cabeza del gobierno; aquí el carácter “deformador” que tuvo esta guerra contrarrevolucionaria impuesta a los bolcheviques.

Paralelismos modernos en Latinoamérica

Resulta innegable, como se ha señalado, que a todo proceso transformador progresista le prosigue una reacción contra revolucionaria, y que esta reacción hubiese sido triunfante (como en muchos otros casos) después de la revolución de octubre de 1917 de no haber existido esa alianza entre el movimiento político y su brazo armado. De algún modo, y bajo un paralelismo interesante, un movimiento político de izquierda contemporáneo que ha expresado esta ligazón entre ambos componentes es la denominada “alianza cívico-militar” liderada por el comandante Hugo Chávez Frías en Venezuela. Chávez, siendo un militar, supo cómo nadie en la historia moderna, amalgamar (después de un golpe fallido) las aspiraciones de la población civil con el componente popular inconforme de las bases y baja oficialidad del pueblo uniformado. En la revolución bolivariana, como él la llamó, corrieron desde el principio ambos componentes en paralelo.

Milicias Bolivarianas

A diferencia de los movimientos guerrilleros en los que, generalmente, la dirección política se basa en su brazo armado para tomar el poder, con Chávez el componente del ejército que apoyó la revolución desde un principio, actuó como un garante de que, triunfante ésta, la reacción no tendría manera de propiciar una guerra civil para deponer al nuevo gobierno, llegase éste por las urnas o por la movilización civil.  De esta forma a partir de la victoria y resistencia del proceso revolucionario en Venezuela y similares transformaciones en otros países de América Latina, es que el rol de las Fuerzas Armadas estrictamente como garante del orden constitucional, se ha puesto de nuevo en tela de juicio. Por tanto, la teoría marxista-leninista que concibe al ejército como el brazo armado de la clase en el poder recobra, vigencia, puesto que admite todo tipo de lucha, desechando la vaga y vacía idea del pacifismo idealista a ultranza, reemplazándolo por la legitimidad de las guerras revolucionarias (tanto civiles como de defensa) y de liberación anti-colonial. (23)

La historia de la izquierda política durante el siglo XX muestra, además,  la necesidad que tiene la misma de abordar el tema de la defensa de sus victorias. En particular en la historia reciente del continente latinoamericano queda en evidencia el protagonismo que tuvo el ejército en las acciones contra- revolucionarias, que no en pocos casos terminaron con auténticos golpes de Estado militares y en violentas represiones contra miembros del gobierno y luchadores sociales, instaurando regímenes verdaderamente criminales como los casos de Alfredo Stroessner, en Paraguay (1954-84)  Somoza en Nicaragua (1936-47), Batista en Cuba (1952-59), Pinochet en Chile (1973-90) Videla en Argentina (1976-81) etc. Pero no sólo los golpes liderados por militares o personajes vinculados al mundo castrense dependen de la reacción de las Fuerzas Armadas ante los hechos para prevalecer o no. En todo acto que signifique la deposición de un gobierno, el ejército, como garante del orden constitucional, se ve obligado a tomar una postura de defensa del gobierno en peligro o de arropar el movimiento que lo suplanta. Bajo esta dinámica es también que en América Latina han ocurrido radicales cambios de gobierno, incluidas destituciones altamente controversiales de jefes de gobiernos de izquierda, elegidos democráticamente, como las de Manuel Zelaya, en Honduras (2006); Fernando Lugo, en Paraguay (2012); Dilma Rousseff, en Brasil (2016) y Evo Morales, en Bolivia (2019). En todos estos casos los artífices de estos llamados “golpes blandos” contaron con el apoyo de al menos sectores importantes del ejército que lograron neutralizar cualquier tentativa de defensa del gobierno legítimo.

Por otro lado y regresando al ejemplo de Venezuela, también el proceso revolucionario bolivariano en esta República se vio amenazado por un golpe violento que en 2002 logró deponer temporalmente al comandante Chávez. Sin embargo, en este caso la rápida acción de las fuerzas militares bolivarianas fieles al proceso  lograron solidariamente con el pueblo  restaurar el gobierno con Chávez y derrotar a los grupúsculos que apoyaban la asonada dentro de las mismas fuerzas militares. Posteriormente las fuerzas bolivarianas han frustrado en múltiples ocasiones intentos de desestabilización interiores y exteriores en contra del gobierno legítimo Venezolano, siendo unos de los más peligrosos la auto proclamación de presidente del espurio Juan Guaidó, a comienzos de 2019 y el intento de invasión por un comando liderado por norteamericanos, en mayo de 2020. De este modo, queda en evidencia que la solidez de la alianza cívico-militar es clave para la supervivencia del gobierno revolucionario bolivariano que, además, y al igual que sucede en Cuba, enfrenta un criminal bloqueo económico y financiero  impuesto por los Estados Unidos.

Conclusiones

La revolución de octubre marcó un hecho histórico para la humanidad y fundo el primer Estado socialista, pero también fue la primera ocasión en que un movimiento político de izquierda reconoció la importancia de la agitación y la concientización política dentro de las Fuerzas Armadas como elemento fundamental para la obtención, defensa y estabilización del poder estatal. Anteriormente posturas idealistas habían hecho mella en las concepciones sobre el rol del uso de la fuerza en las construcciones comunitarias, libertarias y proto-socialistas, que tuvieron su mayor antecedente con la Comuna de París. Este hecho había sido ya criticado en el plano militar por Engels, cuando señaló que la Comuna debió mantener un ejército regular y pasar a la ofensiva antes de verse, como sucedió, completamente aplastada.

Ante esta experiencia Lenin, y el partido bolchevique adecuan tanto su teoría como su práctica a las particularidades de los estamentos rusos y de la coyuntura temporal que ofrecía el marco idóneo para politizar a un gran sector de las Fuerzas Armadas rusas, que ante los desastres militares en la Primera Guerra Mundial se convirtieron en parte integral de la vanguardia revolucionaria a la par de la clase trabajadora y en menor medida del campesinado. El mérito del partido fue el de mantenerse consecuente en su estrategia a pesar de tener que resistir, en un primer momento, las acusaciones de traición y anti-eslavismo originadas por los círculos social-chovinistas. A la postre, la inclaudicable postura en contra de la guerra y la perseverancia en la estrategia de politizar al ejército y clase trabajadora rendirían los frutos que harían posible la revolución de febrero y la subsecuente consumación de la primer revolución socialista del mundo en octubre de 1917.

Pero la historia de la correcta percepción de las Fuerzas Armadas y su rol dentro del Estado revolucionario no termina con la toma del poder, sino que se extiende a la protección del Estado emergente y a la consecuente doctrina del internacionalismo proletario inherente al marxismo-leninismo; ésto es el prestar asistencia a los movimientos revolucionarios del mundo. La Unión Soviética cumplió con su obligación internacionalista en diferentes teatros suministrando ayuda incondicional a los movimientos de liberación y luchas populares del mundo, siendo quizá su primera oportunidad durante la guerra civil española, en donde suministró apoyo logístico, material bélico e instructores militares a la república española en su lucha contra el fascismo.

Por otro lado la Unión Soviética y su Ejército Rojo suministraron un paraguas de seguridad a los países socialistas y de manera indirecta a los movimientos de izquierda en países que no lo eran. El efecto nocivo de esta protección, sin embargo, se evidenció cuando a la caída de la Unión Soviética y el campo socialista quedó en claro que ni los gobiernos de los países integrantes del pacto de Varsovia ni mucho menos los movimientos progresistas del mundo capitalista tenían una influencia decisiva en las Fuerzas Armadas de sus países correspondientes. Además, durante este hito histórico, el componente armado, ya sea ofensivo o defensivo, dentro de la lucha de clases quedó relegado a la realidad de la guerra fría, donde los únicos dos grandes contendientes eran las Fuerzas Armadas norteamericanas y el Ejército Rojo. En este simplismo quedó omitido el trabajo político, la teorización y agitación dentro del ejército y sobre su papel en la realidad de un eventual Estado revolucionario. 

En este sentido la experiencia de la revolución bolivariana, actualiza parcialmente y contribuye al análisis de la teoría marxista, partiendo de su primer revolución exitosa, la de octubre de 1917 en Rusia, y nos presenta con dos escenarios separados temporal y coyunturalmente, pero que subsisten ambos dentro de la misma realidad de la lucha de clases. La expresión de esta lucha en Latinoamérica ha quedado de manifiesto a través de la oscilación entre gobiernos de izquierda y sus respectivas reacciones conservadoras, repartiéndose tanto victorias como derrotas. Otro ejemplo exitoso en la región es el caso de Cuba que logró conformar un ejército revolucionario utilizando las bases del movimiento guerrillero liderado por el comandante Fidel Castro y que se ha mantenido fieles a los principios socialistas de la república de Cuba y que también cumplieron con su deber internacionalista prestando ayuda a los movimientos de liberación nacional en África. Por último en Nicaragua el Frente Sandinista logró un tránsito exitoso de movimiento guerrillero a partido político e inclusive alcanzar el poder político en el país. Con esto queda de manifiesto el rol central de las Fuerzas Armadas en los destinos políticos de nuestros países.

Por estos motivos es importante señalar el caso mexicano, en el que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador puso en acción una estrategia distinta, en tanto creó rápidamente una estructura militar paralela, la Guardia Nacional. Este es un enfoque interesante a la cuestión castrense, puesto que la Guardia Nacional es una institución nueva, en teoría; libre de las corrupciones, contaminaciones e influencias políticas de las anteriores administraciones neoliberales; entrenada con los métodos de un ejército regular y que cuenta con armas de grueso calibre, mucho muy superiores a las de una policía completamente civil y que a pesar de tener una estructura militarizada, rinde cuentas al ejecutivo directamente y como tal es fiel a López Obrador. Así pues, la Guardia Nacional sería un enorme obstáculo para cualquier intentona golpista aun proveniente del ejército regular.

En conclusión, los autores de la victoriosa Revolución de Octubre se plantearon y resolvieron adecuadamente el problema del rol del ejército dentro de la lucha revolucionaria y la construcción de un Estado socialista. A la sazón, es necesario que la práctica revolucionaria contemporánea regrese al análisis de los razonamientos y estrategias de los lideres rusos de principios de siglo y hagan las conclusiones necesarias para adecuar estas experiencias a la actual coyuntura imperialista que no sólo mantiene vigentes todas las prácticas contra-revolucionarias de antaño, sino que ha agregado a su repertorio todas aquellas que las nuevas tecnologías le ofrecen.

NOTAS:

(1) Qibao, p. 11.

(2) Kotkin, p. 74 / Alrichter, p. 19.

(3) Hildermeier, p. 1-3.

(4) Spiegel Edition P. 78.

(5) Welt

(6) Lenin, El socialismo y la guerra, pp. 9, 15, 17, 40 / Lenin, Dokumente und Materiallen, p. 18.

(7) Spiegel Edition, pp. 79-80.

(8) Spiegel Edition, pp. 80-81.

(9) Lenin, Der Imperialismus pp. 87-100 / García de las Heras, p. 61.

(10) Hildermeier, P. 9.

(11) Lenin, acerca del marxismo P. 76-77.

(12) Reed, p. 34.

(13) Reed, pp. 36, 41, 54.

(14) Lenin, Las tesis de abril, pp. 17-20, 69 / Rothstein, p. 6.

(15) Kotkin,  pp. 213, 225.

(16) Kotkin p. 214 / Chlewnjuk, pp. 94-96 / Reed, p. 79.

(17) Barros p. 263.

(18) Grana Bretaña, EUA, Francia y Alemania entre los más destacados aunque también participaron poderes menores como Rumania y Polonia.

(19) Altrichter, pp. 39, 42.

(20) Este efecto deformador de la agresión imperialista, se puede argumentar, se mantuvo invariable durante la carrera armamentista impuesta a la URSS por las potencias imperialistas durante la Guerra Fría, limitando las capacidades económicas y políticas del país socialista.

(21) Trotsky / Wollenberg, pp. 66-68.

(22) Wollenberg, pp. 40-45.

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

  • Altrichter H. (2001) Kleine Geschichte der Sowjetunion 1917-1991, Múnich, Alemania, Verlag C.H. Beck
  • Barros C. (2018) Revolución de octubre, historia y memoria. Izquierdas, volúmen 43, pp. 259-277
  • Chlewnjuk O. (2015) Stalin, eine Biographie, Múnich, Alemania, Random House
  • Clark C. (2013) The sleepwalkers, how Europe went to war in 1914, Inglaterra, Penguin
  • García de las Heras. (2012) El declive del Zarismo. Ab initio, numero 6, pp. 47-69
  • Hildermeier M. (2001) Die Sojwetunion 1917-1991, Múnich, Alemania, R. Oldenbourg Verlag
  • Kotkin S. (2015) Stalin, paradoxes of power, Inglaterra, Penguin Random House UK
  • Lenin, (1987) Acerca del marxismo, Moscú, URSS, Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti
  • Lenin, (1987) Der Imperialismus als höchstes Stadium des Kapitalismus, Berlin, RDA, Dietz Verlag
  • Lenin, (sin año) El socialismo y la guerra, Moscú, URSS, Editorial Progreso
  • Lenin, (1984) Dokumente und Materialen – Geschichte II, Berlin, RDA, Volkseigener Verlag
  • Lenin, (2004) Las tesis de abril, Madrid, España, Fundación Federico Engels.
  • Qibao L. (2018) Centenary of the October Revolution. Communist Review, número 86, pp. 11-15
  • Reed J. (1984) 10 Tage, die die Welt erschütterten, Berlin, RDA, Dietz Verlag
  • Rothstei A. (2017) 1917: The Socialist Revolution. Communist Review, número 85, pp. 2-13
  • Spiegel Edition. (2020) Russland, Número 3.
  • Trotsky. (2015) La creación del ejército rojo de obreros y campesinos. MIA.org
  • Welt, (02.12.2014) Die Kriegskredite spalteten die SPD. https://www.welt.de/geschichte/article134928941/Die-Kriegskredite-spalteten-die-SPD.html
  • Wollenberg E. El ejército rojo https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/el-ejercito-rojo.pdf

Autor

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Docente de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Fridrich-Schiller en Jena, Alemania. Miembro de la comisión de relaciones internacionales del Partido Popular Socialista de México.