Fundamentos de la teoría marxista sobre el tema del ser humano

“La esencia del hombre no es ninguna abstracción inherente al individuo. En su realidad es el conjunto de relaciones sociales”. K. Marx

“Para transformar la personalidad hay que cambiar la sociedad, pero la transformación histórica requiere de la voluntad de un conjunto de personalidades”

Introducción

Cuando hablamos del hombre nuevo y la mujer nueva nos referimos a un ser humano que encarna en su vida los valores del socialismo de la manera más cabal y coherente: una persona que lleva una vida guiada “por grandes sentimientos de amor” como decía el  Che.

El retraso teórico sobre el tema es ostensible. Ya en 1965, en “El socialismo y el hombre en Cuba” el Che planteaba “El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente este es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo − leninismo, a la causa de la humanidad.”

Para profundizar en este tema es preciso partir de los fundamentos de la teoría marxista sobre el tema del ser humano.

La esencia del ser humano

La burguesía construye una sociedad donde impera el sentido común que le es funcional. Machaca con persistencia para que naturalicemos el egoísmo, el individualismo y el hedonismo como “esenciales al ser humano”.

Sin embargo, esta teoría no puede explicar la abnegación, la lucha por la igualdad, los actos nobles, los sacrificios personales.

Ningún listado de virtudes o defectos puede dar cuenta de la esencia humana, porque simplemente estaríamos describiendo tipos humanos (ideales o no) pero sin explicar la esencia. Quien afirme que el ser humano es esencialmente de tal o cual manera tendrá que explicar qué sucede con aquellas excepciones que desmienten la regla.

¿Qué es lo que determina nuestra esencia como seres humanos?

Fue Karl Marx, quien descubrió siendo muy joven, en 1845, la esencia del ser humano, cuando definió en su Sexta Tesis sobre Feuerbach (1): “La esencia del hombre no es ninguna abstracción inherente al individuo. En su realidad es el conjunto de relaciones sociales”.

¿Qué quiere decir “abstracción inherente al individuo”? Con tal expresión nos referimos a una serie de cualidades o actitudes que residirían “dentro” de los individuos, (como alma, pulsiones, voluntad de poder) y que serían la explicación de nuestra humanidad. Lo que nos indica Marx con su Sexta Tesis es que no hallaremos en la individualidad aquello que nos hace humanos, sino que la esencia humana está fuera del individuo, en el conjunto de relaciones sociales.

Las teorías racistas, por el contrario, pretenden que dentro de los seres humanos se alojarían cualidades que nos harían superiores o inferiores.

Cesare Lombroso (1835 − 1909), médico criminólogo italiano, encontraba la causa de la criminalidad en ciertas características genéticas que se reflejarían en rasgos fisonómicos.

Los médicos nazis estuvieron años buscando las medidas antropométricas que diferenciaran a las razas superiores de las inferiores.

Estas teorías son poco defendibles desde el punto de vista científico, pero el racismo está aún muy difundido y es muy utilizado por el imperialismo a la hora de manipular a los pueblos. Marx, basándose en la Sexta Tesis, respondía a todos los que naturalizaban la esclavitud: “¿Qué es un esclavo negro? Un hombre de la raza negra (…) Un negro es un negro. Sólo en determinadas condiciones se convierte en esclavo.” (2)

El psicólogo soviético Lev Semionovich Vigotsky (1896 − 1934), transforma el postulado filosófico de la Sexta Tesis en ciencia psicológica concreta: “La construcción psicológica completa de los individuos depende directamente del desarrollo de la tecnología −el grado de desarrollo de las fuerzas productivas− y de la estructura del grupo social al que el individuo pertenece.” (3) Es decir, el ser humano se forma en unas relaciones sociales de producción concreta y en toda la superestructura político–ideológica y cultural correspondiente.   

Lev Vigotsky

En la edad de piedra, en condiciones tecnológico − culturales rudimentarias, se “producía” un tipo de ser humano muy diferente al actual. Cualquier niño o niña que llega al mundo socio − cultural actual tiene a su alcance desde un lenguaje más rico y desarrollado hasta los más diversos elementos de la técnica y la ciencia muy superiores a los que tenía un infante en la edad de piedra.

El ser humano nace en una época histórica y en una clase determinada. La materialidad de ese mundo social impacta desde la llegada o no de los nutrientes en el seno materno.

El niño o la niña va aprendiendo su lugar entre las clases sociales, cuál es el lugar que le corresponde en el marco social donde crece, por su lugar de vivienda, por su vestimenta, desde pequeño aprende cuál es el lugar que su entorno social le da a su color de piel y demás rasgos étnicos.

Diferente es la vida, los sueños, las posibilidades de un hijo de un empresario que la del hijo de un changarín.

En este sentido, el pensador marxista francés Lucien Sève, quien tuvo el mérito de resaltar la importancia a la Sexta Tesis, expresa que “Hay un vínculo directo entre el descubrimiento de la esencia humana real, el fundamento científico de la política comunista y la adopción conciente del punto de vista del proletariado.” (4)

Para sintetizar, volvemos a Vigotsky, quien afirmaba que el ser humano se individualiza a la vez que se socializa y se socializa a la vez que se Individualiza.

Personalidad e historia

Para transformar la personalidad hay que cambiar la sociedad, pero la transformación histórica requiere de la voluntad de un conjunto de personalidades.

Cuando hablamos de eventos sociales y nos centramos en el rol de la personalidad, vamos a ver dos extremos. Por un lado, el materialismo mecanicista. Se trata de la visión que se centra pura y exclusivamente en el movimiento económico de una sociedad para explicar los fenómenos históricos. El materialismo mecanicista niega el rol de la personalidad en la historia. Toda la historia hubiera sido similar, más allá de los personajes históricos que encarnaron un determinado proceso.

Del otro lado, la concepción idealista considera que son los seres de excepción, las grandes personalidades, el auténtico motor de la historia, la voluntad del individuo aparece como una causa incausada que todo lo puede. Entre el mecanicismo y el idealismo se encuentra la visión científica y revolucionaria.

Un análisis de un proceso histórico − político que no parta de la investigación de las condiciones económicas que la determinan es unilateral, al igual que la negación del rol de los procesos de masas que van gestando los espacios políticos para la aparición del dirigente y el papel de la personalidad en la fisonomía de los procesos sociales.

Marx lo definía con estas palabras “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.” (5) Es decir, una relación dialéctica entre voluntad personal y condiciones históricas.

Llegado a este punto es preciso preguntarse:

¿qué es realmente la personalidad? Es aquí donde la ciencia social debe solicitar auxilio a la psicología

La personalidad

La cultura humana es la fuente de lo que nos hace humanos. Pero esa cultura social no tiene una forma psicológica ¿cómo se traduce esa cultura en nuestros cerebros?

El medio para adquirir la cultura es la actividad. Precisamente, es la actividad la que explica que, seres humanos que crecieron en entornos muy similares hayan tenido vidas totalmente distintas. Efectivamente, no existen siquiera dos gemelos que puedan tener exactamente la misma actividad. Este tema fue investigado por otro psicólogo soviético, Alekséi Leóntiev (1903 − 1979) compañero de ruta de Vigotsky.

Dialécticamente, la cultura no es ni más ni menos que el producto de la actividad de las generaciones que nos precedieron; hasta nuestro lenguaje es el fruto condensado de la actividad práctica de nuestros ancestros evolucionando a lo largo de decenas de miles de años.

La complejización de las tecnologías y de la conciencia se han ido retroalimentando, en un proceso dialéctico que ha quedado inscripto en nuestra anatomía cerebral. Así se complejizaron las formas de interacción social, las necesidades y motivaciones humanas, dando origen a una nueva forma de regular la conducta: la personalidad.

Leontiev aclara: “La personalidad, no es de ningún modo precedente con relación a la actividad que (el ser humano) realice, al igual que la conciencia humana, la personalidad es generada por la actividad. La investigación del proceso de génesis y transformación de la personalidad del hombre en su actividad, que transcurre ante condiciones sociales concretas, es asimismo el quid para su comprensión psicológica científica.” (6)

Leontiev explica la complejidad de la personalidad en relación a las líneas motivacionales que la definen:

“La estructura de una personalidad es una configuración relativamente estable de las principales líneas motivacionales, jerarquizadas dentro de sí. Se trata de que es incompleto describirla como ‘orientación de la personalidad’, y es incompleto porque, incluso cuando existe en el hombre una clara línea rectora de la vida, ella no puede mantenerse como única. El servir al fin elegido, a un ideal, no excluye ni absorbe en absoluto otras relaciones vitales del hombre (…). Hablando metafóricamente, la esfera motivacional de la personalidad siempre posee una pluralidad de cimas, lo mismo que el sistema objetivo de conceptos axiológicos (o sea, sistema de valores n. d. a.) que caracteriza la ideología de una sociedad, de una clase dada, de una capa social que se comunica y es asimilado (o rechazado) por el hombre.

Las correlaciones internas de las líneas motivacionales dentro del conjunto de las actividades del hombre forman algo así como un ‘perfil psicológico’ general de personalidad. A veces este se conforma caracterizándose por su chatura, por su carencia de verdaderas cimas, entonces es cuando el hombre toma lo pequeño que hay en la vida por grandioso, en tanto que ni siquiera ve lo grande. Esa pobreza de la personalidad puede, en determinadas condiciones sociales, combinarse con la satisfacción de un conjunto desmedidamente amplio de necesidades cotidianas. En esto, dicho sea de paso, consiste la amenaza psicológica que entraña la moderna sociedad de consumo para la personalidad del hombre.” (7)

En esta extensa pero sustanciosa cita de Leontiev vemos algunos elementos fundamentales para entender la personalidad:

  1. Las principales motivaciones dan estructura a la personalidad
  2. Las motivaciones están jerarquizadas entre sí y las motivaciones centrales no excluyen a otras que conforman en su conjunto el perfil psicológico del individuo estructurado en relación a una cultura.
  3. Cuando los perfiles motivacionales no alcanzan las alturas de los valores, se observa una “carencia de cimas”. Este es el objetivo conciente del imperialismo en su intento por modelar al individuo.

La célula básica de la personalidad es la actitud, definida como una forma específica de sentir, pensar y actuar.

Es a nivel de la actitud y del conjunto de la personalidad del sujeto donde se centra finalmente, la lucha de clases.

Retengamos este punto: la personalidad se estructura por aquellas motivaciones centrales que le dan sentido a nuestra vida. Estas motivaciones son el eje, el esqueleto, la forma básica de estructuración de la personalidad.

El ego y el yo

Hemos visto que la personalidad está estructurada por las motivaciones centrales que dan sentido a nuestras vidas.

Ahora bien, en los debates económicos del ’63 y ’64 el Che ponía énfasis en la contraposición entre motivos morales y motivos materiales en la producción. Sobre esta base definimos que de las múltiples motivaciones humanas existen dos grandes grupos que determinan dos tipos diametralmente opuestos de la actividad humana: de un lado aquellas motivaciones que se fundamentan en el amor; del otro, las motivaciones originadas en el interés personal, egoísta. Sobre esta base se construye el yo y el ego. Definimos que el yo es una categoría con la que aludimos a un sistema superior de regulación de la actividad humana, cuyo rasgo esencial es la capacidad para motivarse por amor en general y por el amor revolucionario como su expresión más acabada. El ego es una estructura básica de la personalidad cuyas motivaciones se dirigen hacia el interés egoísta, individual o de grupo. Ambos, ego y yo son antagónicos y mutuamente excluyentes, cada actitud, cada avance en un sentido implica un retroceso en el otro.

Estas formas básicas, estos esqueletos de la personalidad encarnan en múltiples formas concretas, tanto yoicas como egoicas. De un lado, el ego se expresa en personalidades que tienen como motivadores principales el consumismo, la vanidad, el machismo, la ambición de fama, poder y dinero, el consumo de sustancias, por brindar algunos ejemplos. Del otro lado, desde el yo, los motivadores centrales pueden ser el amor paterno − materno filial, la amistad, caridad, conciencia ecológica, solidaridad son algunos ejemplos. El amor revolucionario es la expresión más desarrollada del yo, en la medida en que es un amor que está fundamentado en una visión desalienada, revolucionaria y científica de la sociedad. Es un amor que tiene por objetivo el conjunto de los oprimidos, apunta a la transformación radical de la sociedad eliminando de base los sufrimientos producidos por el sistema de explotación mundial.

La época histórica del tránsito del capitalismo al socialismo corresponde a nivel del psiquismo individual con la época de paso del ego al yo.

La principal fuente del ego es la sociedad capitalista. Este modo de producción alienta la competencia más cruenta, el robo, la rapiña, el “sálvese quien pueda”, el individualismo. Para que el reinado del ego finalice es preciso, en primer lugar, acabar con el sistema de explotación, es utópico pensar que en este marco de alienación y lógica de mercado se pueda transformar a escala masiva a los seres humanos. Hecho que, por otra parte, no niega la evidencia de que en estas realidades se forjan una gran cantidad de revolucionarios/as que alcanzan el estadio de hombres nuevos y mujeres nuevas.

Con el socialismo comienzan las condiciones para la construcción de la personalidad de nuevo tipo a escala global, pero la construcción de la personalidad de nuevo tipo requiere un esfuerzo conciente, dirigido y paciente.

El paso del ego al yo como un proceso de alfabetización emocional

En el proceso de transformación del hombre y la mujer de las sociedades clasistas al hombre nuevo y la mujer nueva, el ego representa lo viejo y el yo lo nuevo, el desarrollo de un aspecto implica necesariamente el declive del otro: cada acto en un sentido aleja a la personalidad del otro.

La diferencia sustancial que se verifica en las personalidades yoicas se liga con lo que un conjunto de investigadores ha denominado “Inteligencia Emocional”.

Este concepto se resume en tres rasgos:

  1. Inteligencia emocional intrapersonal: capacidad de conocer y manejar adecuadamente los propios sentimientos
  2. Inteligencia emocional interpersonal: capacidad de conocer y manejar adecuadamente los sentimientos ajenos que es la base de la empatía, la habilidad de “ponerse en los zapatos del otro”
  3. Capacidad de automotivación

La formación teórica es imprescindible, da guía a las intenciones humanistas, pero solo eso no basta. El caso más emblemático que demuestra esto es el de Karl Kautsky, quien era un prominente teórico de la Segunda Internacional. Podía recitar de memoria párrafos enteros de libros de Marx y Engels, pero cuando estuvo frente a la revolución del pueblo soviético no pudo entender que allí se estaba dando un auténtico movimiento de la clase trabajadora y se opuso perorando acerca de la libertad y la democracia como hoy lo hace la CNN, en abstracto y en defensa de los intereses imperiales.

Kautsky tenía inteligencia racional para memorizar, pero no tenía la empatía con el pueblo que da la inteligencia emocional.

El ejemplo contrario demuestra esta contradictoria correlación: conocemos en nuestro andar mucha gente que por los avatares de la vida no pudo instruirse, pero que tiene una elevada inteligencia emocional. O bien, personas con muy buenas intenciones, que tienen actitudes caritativas pero sostienen posiciones reaccionarias.

Ahora bien, de alguna manera habría que diferenciar la “viveza emocional” que utiliza un vendedor de automóviles para timar a un cliente de la inteligencia emocional de un luchador.

En la búsqueda de un término que dé cuenta de la inteligencia emocional enmarcada en una personalidad yoica llegamos a la necesidad de acudir al concepto de capacidad emocional. Esta denominación fue acuñada por el Che Guevara, en la frase en la que afirmaba que: “nuestra capacidad emocional frente a los desmanes de los agresores y los sufrimientos de los pueblos, no puede estar limitada al marco de América y los países socialistas juntos; debemos practicar el verdadero internacionalismo proletario, recibir como afrenta propia toda agresión, toda afrenta, todo acto que vaya contra la dignidad del hombre, contra su felicidad en cualquier lugar del mundo.” (8)

De estas palabras se extrae la definición de la categoría de capacidad emocional como la habilidad para sentir el dolor ajeno y transformarlo en actividad para solucionar las causas que lo originan. En el sentido revolucionario, es la capacidad de sentir el dolor de los pueblos del mundo y transformarlo en acción revolucionaria consecuente.

La transformación revolucionaria de la personalidad humana a escala global es entonces, junto a la internalización de las leyes que rigen el devenir social, un proceso de alfabetización emocional cuyo objetivo es el desarrollo de las capacidades emocionales del individuo.

Reiteramos que cualquier aspiración de generar un tipo humano guiado por valores que no tenga en cuenta el objetivo     primordial de la construcción del socialismo, que pase por alto la necesidad de la construcción revolucionaria, caerá en la charca de las palabras edulcoradas y los sentimentalismos estériles. Pero por otra parte, no observar la necesidad de generar tecnologías específicas para la construcción de la personalidad de nuevo tipo, termina en    una postura espontaneísta en relación al tema de la personalidad.

El ego es analfabetismo emocional. La cultura burguesa se basa en un gran analfabetismo emocional. El fascismo es el discurso del ego en su expresión más depurada y desembozada.

Y del otro lado, los ejemplos maravillosos que nos dicen que ese hombre y esa mujer no son una utopía: las acciones solidarias entre los pueblos que se desplegaron a lo largo del siglo XX, el efecto que tiene el trabajo voluntario en la construcción de la nueva sociedad socialista comienzan a marcar lo que será la nueva humanidad.

Pero ¿y el inconciente?

Durante todo el siglo XX muchos pensadores marxistas han intentado tomar las enseñanzas del psicoanálisis de Sigmund Freud como “la psicología” del marxismo. Durante décadas se lo presentó como la única explicación válida acerca del psiquismo, ofreciendo una teoría que llamaba la atención acerca de la importancia del inconciente y sobre esta base planteaba una técnica psicoterapéutica. Los marxistas desarrollamos nuestra teoría atravesando enormes dificultades originadas en condiciones de represión y persecución, no incorporamos una teoría propia del ser humano e importamos teorías ajenas.

Sin embargo, existe una diferencia básica entre el psicoanálisis y el marxismo. En la concepción freudiana, el psiquismo está básicamente constituido por pulsiones. Estas pulsiones serían la versión humana de los instintos animales y serían la causa incausada de nuestro devenir psíquico. La historia sería apenas una escena externa para el despliegue pulsional humano. Se trata de una visión ahistórica del psiquismo humano imposible de conciliar con la Sexta Tesis, que nos muestra un psiquismo en evolución constante en dialéctica relación con el marco socio cultural.

La conciencia es para Freud una “pobre cosa”, en comparación a estas incomprobadas pulsiones, que serían las que dominan por completo nuestra percepción y nuestra actividad en el mundo. Por lo tanto, nuestro accionar siempre será guiado por estructuras egoístas y agresivas provenientes de dichas pulsiones, tal como Freud lo expresa: “el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad (la cursiva es nuestra). En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo. ‘Homo homini lupus’ (El hombre es el lobo del hombre): ¿quién, en vista de las experiencias de la vida y de la historia, osaría poner en entredicho tal apotegma?” (9)

Y luego agregaba: “Los comunistas creen haber hallado el camino para la redención del mal. El ser humano es íntegramente bueno, rebosa de benevolencia hacia sus prójimos, pero la institución de la propiedad privada ha corrompido su naturaleza.” (10)

Con esta frase Sigmund Freud muestra su desconocimiento de la teoría marxista. Marx se opone radicalmente a la idea de que los seres humanos sean naturalmente buenos o naturalmente malos, afirmando que nuestras acciones son producto de un psiquismo formado en una sociedad que a su vez no es otra cosa que el resultado de la praxis social acumulada en los logros culturales de todas las generaciones que nos precedieron.

Ese inconciente freudiano, es la base teórica fundamental del posmodernismo, expresión cultural de la contrarrevolución en el mundo occidental que postula la imposibilidad de conocer el mundo y de cambiarlo en un sentido revolucionario a través de la acción conciente y voluntaria de los seres humanos. En consonancia con el psicoanálisis, la actuación en base a valores esconde para el pensamiento posmoderno la sospecha de un fin inconciente: Michel Foucault hablará del “saber poder” como causa incausada de lo humano.

Esta teoría psicoanalítica, además de ser francamente conservadora, de ser naturalizadora psiquismo producido en el capitalismo y de sus atrocidades, es profundamente anticientífica.

El análisis dialéctico aplicado a la comprensión del psiquismo parte del desarrollo evolutivo de los sistemas vivos en nuestro planeta. Sobrevivir requiere captar información del entorno y la ejecución de una respuesta adecuada. El pez que no percibía a su depredador hace tiempo pasó a la historia. Pero este procesamiento de la información aún es inconciente.

Conciencia implica la posibilidad de tener una posición subjetiva acerca de lo que se percibe. La conciencia permite duplicar y modelizar el mundo en nuestra mente y es una cualidad que permite una mejor adaptación al entorno.

Pero, aunque la conciencia es una adquisición evolutiva que brindó una ventaja adaptativa al género homo, una parte del psiquismo es inconciente por los siguientes motivos:

  • (3a) La conciencia no puede procesar todas las entradas que recibe en tiempo real, por tanto, el inconciente evita que nuestra actividad en el mundo se desorganice.
  • (3b) Vivimos en un mundo aún demasiado salvaje donde nos vemos sometidos a traumas de diferente calibre. El ser humano actual tiene una carga traumática sociohistóricamente determinada. Simplemente, vamos dejando jirones de nuestro psiquismo, de nuestra afectividad, vamos sobrellevando la vida con grados de alienación, de disociación. Efectivamente, la acumulación de traumas no procesados va generando inhibición afectiva, desarticula la memoria y la identidad, llegando en casos extremos a aparecer identidades múltiples en una misma persona. El imperialismo usa sistemáticamente la tortura y utiliza la Doctrina del Shock: utilizar las catástrofes naturales o las crisis políticas para desbastar las resistencias populares y democráticas y así aplicar sus recetas neoliberales.

Ahora bien, estas heridas internas pueden ser sanadas con técnicas de afrontamiento. A escala social, con la organización y la movilización, como lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo en Argentina.

  • (3c) Parte de nuestra vida emocional nos es ajena en la medida en que carecemos de la alfabetización emocional necesaria para poder percibir, ponerle nombre y gestionar ese mar de eventos que suceden en nuestra vida psíquica. El socialismo es un gran alfabetizador emocional a escala social, pero se precisa abordar la investigación de técnicas específicas a tal fin.

Características del ego y del yo

Observamos algunos rasgos que diferencian ego de yo.

Individualismo vs. Conciencia de clase

Desde el ego la persona se ve a sí misma como un individuo recortado del conjunto social. Aparece un fetichismo del individuo donde pareciera posible la fantasía del “self made man” y expresa esta fantasía con toda contundencia. Cabe preguntarse ¿quién no tomó provecho de los productos culturales de las generaciones que nos precedieron, del conjunto de beneficios que nos da la vida en sociedad? El ego se construye en la disociación de las raíces históricas y étnicas del individuo. “Hombre light” y “cultura pop” son producciones concientemente desarrolladas por el imperialismo en su guerra cultural: la construcción de un ser humano alienado.

Este individualismo no se genera en ninguna “condición humana”, instinto u hormona, sino en las relaciones sociales capitalistas. El pensador francés Lucien Sève ligaba el fetichismo de la mercancía con el fetichismo del individuo: “En la misma medida en

que las relaciones sociales parezcan ser relaciones entre las cosas, datos naturales, la esencia humana se presenta como si fuera ajena a ellas y cuanto más ajena parece más adopta a su vez el aspecto de un dato natural. Al fetichismo de los productos del trabajo corresponde necesariamente un fetichismo complementario de las fuerzas del productor; al fetichismo de la mercancía, un fetichismo del individuo.” (11)

Es decir, la producción mercantil capitalista produce espontáneamente una autoimagen individualista en el ser humano a lo que se suma el trabajo planificado del imperialismo.

Desde el yo el psiquismo se estructura desde la conciencia de su conexión con el conjunto de los pueblos del mundo y con el medio ambiente. Como hijos e hijas de una época histórica, de una clase, de un pueblo que tiene una cultura que nos da identidad y por supuesto, de la madre tierra.

El otro como objeto vs. El otro como sujeto

Un aspecto fundamental de la producción capitalista es la “maquinización” del individuo, su objetualización, una expresión de la alienación que se deriva de un modo de producción que excita constantemente al ego. En el Manifiesto Comunista Marx describe cómo el paso del feudalismo al capitalismo implicó la victoria del frío cálculo del interés económico y egoísta, es decir, del ego conciente de sí mismo.

Esa objetualización es la base de las relaciones de competencia criminal que despliega la burguesía, la carencia de piedad, la visión de la humanidad en término de superiores e inferiores que está en la base del racismo y la xenofobia.

En la base del ego, en cualquiera de sus manifestaciones, se halla la incapacidad (o la inhibición conciente o ideológicamente seleccionada) de tener empatía, la falta de sintonía emocional.

Galeano describe este clima emocional del capitalismo con estas palabras en “El libro de los abrazos”: “Un sistema del desvínculo: el buey solo bien se lame. El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.”

Solo desde el yo se puede conectar con el otro como sujeto.

Criterio de la conveniencia vs. Criterio del Deber

El frio cálculo del interés como rector de la vida implica a nivel cerebral toda una serie de cambios fisiológicos. Nuestra materia gris tiene que hacer un trabajo extra cuando va a engañar: se activan zonas que desempeñan un papel en la atención y concentración, además de vigilar posibles errores y suprimir la verdad. Es un esfuerzo extra que sostiene la disociación con el semejante y que quita fuerzas para vivir la vida.  El criterio del deber como rector de la actividad del individuo se basa en una forma de pensar y sentir basada en la empatía.

Este punto nos lleva al siguiente

Actitud evasiva hacia el dolor vs. Afrontamiento del dolor

Hasta cierto punto, evitar lo doloroso y buscar lo que nos genera placer es adaptativo para la vida. Efectivamente, esas sensaciones están en nuestro organismo porque son producto de la evolución de la especie y son adaptativas.

Sin embargo, la cultura burguesa ha exacerbado el camino del hedonismo: diversión, entretenimiento, evasión con drogas, seguir el impulso de la codicia, son diversas salidas que ofrece el capitalismo y que se exacerban en los períodos de contrarrevolución.

Sin embargo, el ideal hedonista no lleva al puerto deseado de placer ilimitado. Muy por el contrario, todo parece indicar que una vida guiada por valores es la única que permite una vida plena. Esto es lo que el Che muy lúcidamente destacó al plantear “Nosotros socialistas, somos más libres porque somos más plenos, somos más plenos por ser más libres.” (12)

Además, la evitación experiencial impide el procesamiento emocional de las vivencias y es la base de la disociación de la realidad, que dialécticamente conduce a la inflación del ego lo cual tiene consecuencias sobre la percepción de lo que es la objetividad y lo que es la libertad.

Libertad: hacer lo que se quiere vs. hacer lo que se debe. Objetividad: oscurecida por el ego vs. guiada por el amor

Libertad del ego es hacer lo que se quiere, escaparse de las reglas en pos del objetivo egoico. El ego tiene por norte expandirse y el mundo es algo ajeno y hasta “molesto”.

El problema para el despliegue del ego es la existencia de las leyes de la naturaleza y de la historia y en la resistencia a los atropellos es donde comienza a aparecer el yo como próxima fuente de regulación del psiquismo, cuando los egos imperiales sean derrotados por el despertar de los pueblos. La base de este proceso, que denominamos despertar de los pueblos, radica en que los sistemas dinámicos complejos, o sea, los sistemas vivos, evolucionan en nuestro planeta en la medida en que incrementan su capacidad de procesar información.

Libertad desde el yo es conocimiento de las leyes y actuación acorde con las mismas.

Los actuales desarrollos de la teoría de la complejidad reafirman los postulados de Marx y Engels en el sentido de que existe una vinculación entre evolución natural y cultural. Contrario a lo que afirma el darwinismo social, la línea evolutiva no va por el camino del egoísmo, sino de la solidaridad.

En este proceso el yo es guiado en el camino del conocimiento por el amor en general y por el amor revolucionario en su expresión más acabada.

Y si el criterio de la conveniencia distorsiona la mirada del mundo para hacer cada vez más lugar al ego propio, el ojo del amor aclara la mente para alumbrar el progresivo despertar de los pueblos.

Pensar la revolución desde la perspectiva del hombre nuevo y la mujer nueva

El ego y el yo son el campo de la lucha política entre burguesía y los pueblos del mundo en el individuo. Lenin planteaba que para llegar a ser un revolucionario auténtico “el obrero debe (…) saber orientarse en las frases y sofismas de toda clase más corrientes, con los que cada clase y cada capa encubre sus apetitos egoístas y su verdadera ‘naturaleza’” (13)

¿Por qué esta atención permanente a los apetitos egoístas es fundamental para el sostenimiento de una revolución? En cualquier sociedad el equilibrio entre actitudes egoicas y actitudes yoicas es inestable, más cuando hay un pueblo que está subiendo la cuesta de la revolución. Cuando el yo no avanza, empieza a desarrollarse un clima social egoico, en este sentido es destacable la lucidez del Che cuando afirmaba que “Revolución que no se profundice constantemente es revolución que regresa.” (14)

En este marco es preciso tener siempre en claro que existe un elemento objetivo del factor subjetivo. La conciencia avanza a paso lento para las ansiedades de la vanguardia revolucionaria, de forma tal que un techo histórico se verifica en toda sociedad y es preciso tenerlo en cuenta a la hora de trazar una línea revolucionaria. Con el concepto de techo histórico nos referimos al conjunto de condiciones en la base material y en la superestructura de la sociedad que mantienen una enorme inercia sobre las actitudes de todo el pueblo. Dicho techo, no puede ser salvado por la mera voluntad, sino con una lucha tenaz contra las debilidades que tienen que llevar adelante las organizaciones populares en sucesivas generaciones. Este proceso no implica solamente la incorporación de algunas concepciones de la teoría marxista, sino el cambio profundo de la personalidad de los individuos que componen la nueva sociedad.

Este proceso de avance tiene un largo camino hasta llegar al punto de “no retorno”. Al valorar la laboriosidad de los obreros en los sábados comunistas, en el texto “Una gran iniciativa”, Lenin planteaba que: “marca el principio de una revolución más difícil, más esencial, más honda y más decisiva que el derrocamiento de la burguesía, porque es una victoria obtenida sobre nuestra propia inercia, sobre la indisciplina, sobre el egoísmo pequeñoburgués, sobre todos esos hábitos que el maldito régimen capitalista dejó en herencia al obrero y al campesino. Sólo cuando esta victoria esté consolidada, entonces y solo entonces se habrá creado la nueva disciplina social, la disciplina socialista; entonces y nada más que entonces llegará a ser imposible la vuelta atrás, al capitalismo, y el comunismo será realmente invencible.”

En “Las tareas inmediatas del poder soviético” Lenin ampliaba esta idea:

“La victoria de la revolución socialista quedará asegurada únicamente si el proletariado y los campesinos pobres desarrollan suficiente conciencia de clase, devoción a los principios, abnegación, perseverancia.”

Consecuente con este pensamiento, conciente de su valor como colina estratégica de la revolución, el Comandante Chávez planteaba claramente que “La columna más importante de un modelo socialista debe ser el hombre nuevo, la mujer nueva.” (15)

Mientras tanto, nos queda a los revolucionarios un estado de alerta permanente para evitar perder lo conquistado en Nuestramérica.

En ese empeño, la teoría del hombre nuevo y la mujer nueva sirve de base para investigar elementos de una educación que incorpore el desarrollo de las habilidades emocionales e interpersonales, para investigar el gerenciamiento socialista, el desarrollo de los mecanismos participativos y democráticos, la propaganda popular contra la intoxicación disociante imperialista y una amplia gama de procesos que forman parte de la vida cotidiana y están involucrados en la lucha por una sociedad sin explotadores ni explotados.

NOTAS:

      1) Las tesis sobre Feuerbach son una serie de once pensamientos que Marx escribió en respuesta al filósofo Ludwig Feuerbach (1804 − 1872), que hasta entonces lo había influido fuertemente. Con estas tesis comienza a perfilarse el marxismo en su madurez.
      2) Trabajo asalariado y capital. Karl Marx.(1849)
      3) La modificación socialista del hombre, en “La Genialidad y otros textos inéditos”. Lev Vigotsky. 1930. Ed. Almagesto. Buenos Aires. (1998)
      4) Marxismo y Teoría de la Personalidad. Lucien Sève. 1969. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. (1973).
      5) El Dieciocho Brumario de Napoleón Bonaparte – Karl Marx – 1852
      6) LEONTIEV, Aleksei. Actividad, Conciencia, Personalidad. Ed. Pueblo y Educación. La Habana, Cuba. (1981).
      7) Ibídem
      8) El partido marxista leninista. Ernesto Che Guevara. (1963)
      9) El malestar en la cultura. Sigmund Freud. 1930. OO.CC. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. Tomo XXI. (1991).
      10) Ibidem
      11) Marxismo y Teoría de la Personalidad. Lucien Sève. 1969. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. (1973).
      12) El Socialismo y el Hombre en Cuba. Ernesto Che Guevara.
      13) Qué Hacer. Lenin. (1902)
      14) Ernesto Che Guevara. Guerra de guerrillas: un método. (1963).
      15) Graduación de la V promoción de bachilleres de la Misión Ribas, Caracas, Teatro Teresa Carreño, 21/3/2007. En Wisión Ribas: “Necesario es vencer”. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información (Minci). (2007).

 

Autor

+ artículos

Comenzó a militar en 1982, en la Federación Juvenil Comunista, cuando Argentina aún era gobernada por la dictadura cívico - militar.

En 1986/87 es enviado a la República Democrática Alemana a estudiar en la Escuela Superior de la Juventud "Wielhem Pieck" durante 10 meses.

Psicólogo desde 1990 se focalizó en el trabajo con adicciones.

Autor de "El hombre nuevo, la mujer nueva: ensayo sobre la transformación revolucionaria de la personalidad" (2002) y "Marxismo, caos y complejidad" (2008), "Psicología y Marxismo" (2017).

En el año 2013 realizó conversatorios en Venezuela, sobre todo en el Estado Aragua donde se trabajaron los temas antemencionados. Desde febrero de 2014 y durante 6 meses desarrolló tareas de formación en todo el territorio venezolano convocado por la Escuela de Formación Argimiro Gabaldón. En ese marco asiste a las reuniones de formación de cuadros revolucionarios junto al diputado Jesús Faría.

En 2018 funda la Escuela Latinoamericana de Formación Hombre Nuevo Mujer Nueva.