Luchar, crear poder popular. Un legado invaluable de este revolucionario ejemplar

El 5 de octubre de 1974, un año después del golpe militar contra Salvador Allende, fue abatido a tiros por la dictadura de Pinochet en Chile, Miguel Enríquez, uno de los más importantes líderes revolucionarios en la historia de Nuestra América Latinocaribeña. Doscientos efectivos de las fuerzas represivas asaltaron la casa donde se encontraba, y desde donde dirigía la resistencia armada frente a la dictadura.

Discrepó con lealtad, de la línea seguida por el gobierno de Allende. Planteaba que la única posibilidad de preservar y profundizar las transformaciones revolucionarias emprendidas era creando el poder popular, que debía organizarse para protagonizar la gestión de gobierno y debía armarse para enfrentar a las fuerzas reaccionarias que tarde o temprano, y bajo cualquier circunstancia atacarían. Esta idea no prevaleció en el movimiento revolucionario chileno, porque se pensó que eso era provocar a las fuerzas violentas de la reacción, que tendrían la justificación perfecta para dar un golpe de Estado.

El golpe de Estado se dio de todos modos, pero al no crearse el poder popular como planteaba Miguel Enríquez, al momento del golpe el pueblo chileno no tenía el poder, la organización ni las armas para enfrentarlo, porque sólo tenía un gobierno que acababa de ser derrocado, y al suceder esto el pueblo quedó sin capacidad de luchar victoriosamente frente al poder reaccionario impuesto por la fuerza de las armas bajo patrocinio del imperialismo norteamericano.

LUCHAR, CREAR PODER POPULAR es más que un lema; es un legado invaluable de este revolucionario ejemplar.

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Dirigente del Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN de Nicaragua

"Militante Sandinista, soldado de la revolución"

Hijo del fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.