El imperialismo como fase distópica por excelencia del capitalismo

“El poder corruptor distópico del capitalismo es el punto de contacto entre las ficciones imaginadas por distintos autores de ciberpunk y la realidad concreta analizada por Marx en El Capital”

“Este estadio tecnológico en el que nos encontramos es sólo el resultado lógico de la aparición de las computadoras a mitad del siglo XX, que fue denominado como Industrie 3.0. Así pues, la digitalización propia de la industrie 4.0 si bien no erradica el trabajo humano, si que lo ha transformado substancialmente.”

“El movimiento ludista en Inglaterra, por ejemplo, dirigió sus esfuerzos y su ira contra las máquinas mismas, a quienes hicieron culpables directos de su pérdida de trabajo, ignorando sin embargo y en gran medida al capitalista, ente corpóreo del capital, como el origen propio del problema”

“Alguna vez los hombres dirigieron su pensamiento hacia las máquinas, con la esperanza de que estas los liberasen. Pero eso solo permitió que otros hombres con máquinas los esclavizasen“

– Dune

Introducción

Desde que por primera vez el ser humano hizo uso de algún recurso natural como herramienta, empezó una larga carrera tecnológica que perdura hasta nuestros días. El afán del hombre por modificar el material presente a su alrededor en utensilios que le facilitasen la vida no hizo sino permitir el acceso a conocimientos superiores que fueron haciendo posible, a su vez, la creación de todo tipo de diferentes instrumentos, sobre todo de mayor complejidad.

Desde que la primera rama caída de un árbol se transformó en una extensión del brazo, el barro en pintura, los bordes de piedras en filos y la fricción en fuego, el espíritu creador del hombre jamás estuvo satisfecho y hubo de apilar sus pequeños avances técnicos cuantitativos hasta dar saltos tecnológicos cualitativos. Ejemplos de estos importantes parteaguas en la tecnología van desde el dominio del fuego, el domesticado de animales salvajes, la agricultura, hasta la invención del motor a vapor, la división de átomos o el desciframiento del genoma humano.

En paralelo y alrededor de hace 70 000 años el Homo sapiens empezó lentamente a ser un ente cada vez más sociable e interdependiente entre sus semejantes (1) . Así pues comienza a generar en conjunto lo que ahora llamamos “culturas”. Estos nuevos entes colectivos, organizados en distintos tipos de asociaciones durante la historia (manadas, tribus, clanes, pueblos, ciudades Estados etc.) son los autores de aun más grandes brincos cualitativos llamados revoluciones.

Una revolución se puede definir como un cambio rápido y profundo en cualquier cosa. (2) Sin embargo el término se usa más a menudo exclusivamente en su connotación socio-política; en ese contexto una revolución significa entonces un cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional (aunque pudiese ser local o inclusive internacional). (3)

Por este motivo cuando hablamos de revoluciones socioeconómicas, incluimos también a las revoluciones en la ciencia y tecnología, en cuanto tienen como consecuencia un impacto en la sociedad por completo y representan un antes y un después, inclusive en la manera en la que la sociedad se organiza políticamente. Atendiendo a estas consideraciones es que el avance tecnológico que se originó en Inglaterra a mediados del siglo XIX principalmente con la invención y empleo del motor a vapor, es correctamente llamado “La revolución industrial”.

Esta nueva tecnología permitió la elaboración de todo tipo de productos en línea. En otras palabras, la producción de bienes en secuencia, donde a la materia prima, impulsada por el poder del vapor, se le van agregando diversos componentes o le son aplicados distintos trabajos, hasta convertirse en un producto final. Como consecuencia, el modelo de producción dominante en el estadio feudal de la historia, sustentado en talleres tradicionales, integrado por maestros artesanos y sus aprendices, pasó a convertirse en fábricas constituidas por los trabajadores y los dueños de las mismas. De este modo, la revolución industrial produjo una revolución en la sociedad al surgir las dos nuevas clases sociales que dominan hasta el presente: El proletariado (la clase trabajadora), que vende su trabajo en tiempo; y la burguesía, o sea, los dueños de los medios de producción (fábricas, empresas, etc.), que compran el trabajo del proletariado pagándolo con un salario.

Mientras esta profunda transformación socioeconómca ocurría, se hizo necesario para los filósofos estudiar las repercusiones que estos diversos cambios traerían consigo en términos de cómo el ser humano entendería este nuevo mundo; “¿Qué estaba ocurriendo?”, “¿Qué
significaba esta reorganización en la forma de producir los bienes y de emplear a los trabajadores?”. Fue entonces cuando el célebre filósofo alemán Carlos Marx se dio a la tarea de realizar el más completo y profundo análisis que hasta la fecha se haya hecho sobre el tema, convirtiéndose -en el proceso- en también uno de los más grandes economistas y sociólogos. Sus largos y acuciosos estudios culminaron en una monumental obra de tres tomos, dos de los cuales fueron publicados post-mortem por su entrañable amigo y colaborador Federico Engels; el nombra de esta obra: “El Capital – crítica de la economía política”, un libro del que el propio Marx comentó a Lafarge “ni siquiera me dará para pagar los cigarros que me he fumado escribiéndolo”, pero un libro que cambiaría la historia
de la humanidad. (4)

En este magistral análisis, Marx desentrañó las leyes y el funcionamiento de este nuevo modo de producción, el capitalismo. A su vez, Marx también desnudó la esencia explotadora de este sistema, tanto para con la naturaleza como para con el hombre. Sin duda es “El Capital” la obra cumbre de Marx, y en ella deja ver el cúmulo de años de estudio en un sin número de distintas ciencias. Es por esto que El Capital igualmente contiene opiniones del autor sobre innumerables temas y rubros; incluidas las consecuencias del desarrollo tecnológico y su empleo en el proceso de producción.

La cada vez mayor automatización de la producción ha sido el objeto de atención y fascinación de muchísimos estudiosos; en esto no ha sido Marx la excepción, pero sin duda ha sido él quien primeramente y hasta hoy de insuperable manera descifró el engranaje con que funciona el capitalismo. Por esta razón las opiniones expresadas e inferidas en el texto de El Capital son tan importantes a la hora de entender la relevancia de la incesante automatización de la producción y, por consiguiente, de la reducción en la necesidad de
utilizar el músculo humano en dicho proceso, como fuerza cinética.

El estudio de este fenómeno se hace más imperante cada día en el que el ser humano se acerca más a la completa automatización de líneas de producción en entero. No sólo en el plano de la producción física, sino en la administración y planeación de la misma a través de computadoras operando complicados softwares de diseño de toda clase de productos y herramientas para la realización de los productos mismos. Este proceso en pos de completar la automatización total, eventualmente dará un salto cualitativo cuando el ser humano sea capaz de reproducir no sólo su fuerza física sino su intelecto, en un ente creado a su semejanza, apto para llevar a cabo tareas de alta complejidad de la misma manera e inclusive mejor que él mismo: El androide. Un robot con aspecto, movimiento, funciones y demás características propias del ser humano.

Hasta que el proceso de desarrollo tecnológico no desemboque en esa eventual “revolución cibernética”, nos mantendremos con este tema en el reino de la ciencia ficción. Dentro de este género existe a su vez un subgénero llamado “Ciberpunk”. Éste se caracteriza por la representación de futuras sociedades distópicas, que emplean la interacción entre las condiciones de pobreza generadas en el seno de un futuro “híper capitalista” y la existencia de tecnologías sin parangón. Este género muestra, en distintas expresiones como el cine o la literatura, la contradicción entre el avance tecnológico y el aumento de la pobreza de la mayoría. En este sentido el ciberpunk es una especulación sobre lo que una eventual revolución cibernética podría traer; y como tal se asemeja mucho al resultado producido por el advenimiento e imposición del capitalismo como en su momento lo fue, una nueva forma de producción.

En razón de que el capitalismo se ha convertido en el sistema económico imperante en la mayoría del mundo es necesario volver a Marx, su más grande estudioso y crítico.

Comparando su pensamiento sobre el rol de la tecnología dentro del modo de producción con las distopías futuristas concebidas por los mejores arquitectos de la ficción dentro del género del ciberpunk. Así podremos prepararnos mejor para que en esta ocasión una nueva revolución tecnológica se traduzca realmente en el mejoramiento de las condiciones de vida del ser humano, y no como lo fue en el caso del capitalismo, en la esclavitud de la clase trabajadora. La idea de una esclavitud a manos de una burguesía con androides bajo sus órdenes es sin duda material para pesadillas; es por eso que una lectura desde una perspectiva “Cibermarx” se hace necesaria.

El Ciberpunk y el Marxismo: puntos de contacto

La Distopía

El concepto de distopía es un elemento central en la temática del género ciberpunk. Su semántica ya en sí le otorga una connotación negativa que va de acuerdo con el tono pesimista imperante en las realidades ficticias de este género. La palabra distopía en sí misma no es más que el antónimo del famoso concepto utopía, creada por el célebre padre del socialismo utópico Tomás Moro. Utopía es el nombre que Moro le dio a su ciudad-isla ideal y significa literalmente “no hay tal lugar”. Una ciudad Estado donde la organización política es perfecta. La distopía lógicamente, y a contrario sensu es una Anti-utopia, en cuanto se refiere a una sociedad indeseable en sí misma.

En ocasiones se afirma que uno de los elementos de la distopía no sólo es que esa sociedad sea indeseable, sino que esa misma sociedad sea también ficticia (al igual que la utopía). Sin embargo, la novela de Tomás Moro fue escrita en 1516 y es producto directo del renacimiento, pero sobretodo de contrastar la realidad de la sociedad inglesa de la época con lo deseable. Así pues la utopía de Moro es en cierto sentido una crítica idealista, desde la ficción, a una sociedad real y tangible, la inglesa, que él consideraba una distopía por extensión del argumento. En otras palabras, una sociedad llena de errores y por consiguiente indeseable. La Utopia de Moro es de naturaleza ficticia pero con una base tangible producto de la realidad social contemporánea que rodeaba al autor. Importante es no confundir el concepto de distopía con el de ucronía. En la última, en cambio, se exploran realidades alternas de hechos históricos que pudieron ocurrir de otra manera. Un ejemplo de estas sería “Fatherland” de Robert Harris, donde el autor explora una realidad alterna donde los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial. Esta historia es pues una ucronía, aunque el resultado de la misma sea seguramente una distopía.

En este sentido podemos afirmar que las distopías no sólo se concretan o se constriñen al plano de lo ficticio. Estados totalitarios, deshumanizados, represores y con sistemas de producción explotadores son y han sido realidades muy palpables en el desarrollo histórico humano y han sido criticados como tales inclusive por sus contemporáneos. Si no fuese así, ¿por qué entonces autores como Platón, Tomás Moro o Tommaso Campanella se sintieron en la necesidad de criticarlas haciendo uso del poder de la especulación sobre lo deseable en sus novelas utópicas? Las características de autoritarismo, injusticia e impunidad imperantes desde las primeras civilizaciones, y que se mantuvieron a lo largo de la historia, fueron los que los primeros pensadores progresistas identificaron como los elementos nocivos dentro de la sociedad.

Estas mismas razones llevaron a los primeros socialistas utópicos a considerar que el elemento central entre la dicotomía distopía-utopía era el concepto de la justicia, ignorando, sin embargo y casi por completo, la superestructura económica, al menos como tema central. No es extraño que Platón eleve la justicia como la mayor virtud de un Estado y que proponga un gobierno exclusivo de sabios en su obra “La República o el Estado”, sin cuestionar el modo de producción esclavista. (5)Estos primeros pensadores utópico-socialistas imprimían, de esta manera, la mayor importancia a la organización política de sus construcciones sociales, dejando un tanto de lado el modo de producción de las mismas.

Tanto fue así que muchas veces concibieron al Estado, sobre todo los pensadores clásicos, como el fin mismo de la sociedad, subordinando a los individuos a esta construcción humana con identidad propia y que exige de sus ciudadanos obediencia ciega en pos del bien común; una especie de Estado espartano idealizado. (6) A diferencia de los socialistas utópicos, como Platón, Moro u Owen, Marx no describe ni analiza sociedades bajo el prisma de los micro-esquemas, el de las comunidades aisladas, ciudades-Estado, naciones o colonias de trabajadores. Marx atinadamente consideró como progresistas las posiciones de pensadores utópicos como Owen, pero el filósofo alemán identificó la distopía humana no sólo como una organización política, sino y principalmente como un modo de producción, que se extiende sobre distintos tipos de organizaciones políticas: el capitalismo. (7)

Este modo de producción es distópico por naturaleza y a su vez creador de sociedades distópicas. Esta capacidad corruptora del modo de producción capitalista ha sido ya analizada recientemente por algunos autores, sobre todo en lo que toca a las super potencias capitalistas como, por ejemplo, los Estados Unidos de Norteamérica. De manera por demás interesante, los autores Ziauddin Sardar y Merryl Wyn Davies hacen una critica de esta sociedad norteamericana fallida y distópica, no sólo a la vista de su modo de producción capitalista, sino también en relación con su afán de exportar este sistema opresor por todo el planeta, ya sea acaparando los mercados o por la vía de la agresión armada; lo que ambos autores han llamado el sueño americano, la pesadilla global”. (8)

Así pues, el capitalismo como superestructura, como modo de producción, tiene el poder de corromper a las sociedades hasta el punto distópico y de expandirse como un virus. Este poder corruptor distópico del capitalismo es el punto de contacto entre las ficciones imaginadas por distintos autores de ciberpunk y la realidad concreta analizada por Marx en El Capital, tan distópica, inhumana e injusta como cualquier producto de la ficción propia del ciberpunk. Ambos hacen un intento por prever las nefastas consecuencias de la aplicación de un modo de producción rapaz, destructivo, injusto e inhumano. Si bien el ciberpunk se sirve mayormente de la capacidad imaginativa de los autores y de una elevada carga de estética; Marx lo hace aplicando la ciencia del materialismo científico. Pero, como lo demostró Julio Verne, atinando en numerosas ocasiones con sus visiones del futuro a los pasos tecnológicos que daría la humanidad, realidad y ficción se encuentran en innumerables ocasiones a lo largo de nuestra historia.

El imperialismo como fase distópica por excelencia del capitalismo

En 1916 Lenin aplicó la teoría marxista al análisis del capitalismo de su época, adecuando y actualizando de esta forma los estudios hechos por Marx y Engels, en cuanto al funcionamiento de ese modo de producción. En una de sus contribuciones más relevantes para el marxismo, Lenin analizó en su obra quizá más conocida (“Imperialismo, fase superior del capitalismo”) el concepto de imperialismo, que había sido parcialmente explorado por el economista J.A. Hobson y, con quien el otrora marxista, K. Kautsky había estado por completo de acuerdo. Lenin corrige estas posiciones haciendo uso del materialismo científico más sagaz, y redefine al imperialismo como fase superior del capitalismo. (9)

En esta obra el célebre revolucionario ruso define como elementos fundamentales del imperialismo la monopolización, la fusión entre el capital financiero y el industrial y la exportación del capital por encima de la exportación de productos. 10 Para algunos de sus contemporáneos de tradición también marxista, como Bujarin, el imperialismo es una política de conquista que emprende el capital financiero en pos de obtener mercados y materias primas. Para Rosa Luxemburgo, por ejemplo, el elemento de conquista utilizado por Bujarín es de naturaleza 100% violenta. Para la revolucionaria alemana es el imperialismo la expansión violenta y geográfica de la acumulación del capital. 11 Tomando en cuenta exclusivamente el elemento de la violencia en la exportación de capital financiero, adquisición de mercados y materias primas y expansión de acumulación capitalista, podemos constatar que el imperialismo es per se la fase más distópica del capitalismo. Así pues, el imperialismo en su meta de conquistar mercados y exportar el capital financiero que no encuentra espacio en sus Estados de origen, irrumpe por medio de la fuerza y-o la extorsión política, en las fronteras extranjeras imponiendo sus condiciones políticas, culturales pero también tecnológicas.

Este “impulso” tecnológico propio del imperialismo se concentra en el plano militar, necesario para la conquista por la fuerza. Pero, además, juega un papel fundamental para mejorar no sólo las fuerzas productivas como tales, sino también la eficiencia del método de explotación, verbigracia extracción de plusvalía de los trabajadores. De tal modo este elemento tecnológico inherente al imperialismo muestra, hoy en día, una tendencia hacia una transformación profunda del sistema capitalista. No tanto en su naturaleza explotadora, la cual se mantiene intacta, sino en su logística interna, en otras palabras, en las distintas formas de acumulación del capital a través de la explotación del ser humano y la naturaleza, haciendo uso de la más alta tecnología. Dos de los aspectos más importantes en cuanto a esta transformación de los métodos explotadores son la digitalización y la robótica. Ambos temas centrales de la temática ciberpunk.

Paralelismos del Análisis marxista y el ciberpunk

Para comenzar, es necesario ubicar temporalmente el análisis del filósofo alemán con respecto al estadio en el que se encontraba el desarrollo tecnológico de su época. Al publicar El Capital, en 1867, los países más desarrollados se encontraban en lo que se conoce como industrie 1.0, que había comenzado alrededor del año 1800 con las máquinas a vapor. A finales del siglo XIX, la introducción de la energía eléctrica en el proceso productivo dio paso a la industrie 2.0. 12 La bombilla eléctrica sería patentada en 1890 y tres años después moriría Carlos Marx. Por consiguiente, el grueso del análisis marxista se da principalmente en el contexto de la primera etapa de la revolución industrial, no obstante, sus análisis siguen arrojando paralelismos con la modernidad que son necesarios de entender.

Explotación infantil

Uno de los temas a los que tanto Marx como Engels fueron muy sensibles, por la propia naturaleza de la primera revolución industrial, fue el de la explotación de la mano de obra infantil, de la que todos los países capitalistas desarrollados hicieron uso para maximizar sus ganancias en su génesis industrial. Marx hizo un estudio profundo sobre el tema en el caso específico de Inglaterra, con datos oficiales de la época. (13) A su vez, uno de los aspectos que las sociedades distópicas muestran más frecuentemente dentro del ciberpunk son precisamente los niños como víctimas de la dicotomía híper-teconología y pobreza. Por ejemplo, el manga japonés clásico del ciberpunk y adaptado al anime Akira, tiene como protagonistas a Tetsuo y Kei, dos niños sin hogar, miembros de una banda motociclista, que se gana el pan día a día en la híper-tecnológica ciudad de Nueva-Tokyo. Uno de ellos, Tetsuo, es secuestrado y sometido a experimentos contra su voluntad. En la misma tónica, otro manga emblemático del ciberpunk japonés, Ghost in the shell, adaptado tanto al anime como por Hollywood, del artista Shirow Masamune, muestra cómo la protagonista Motoko Kusanagi ha sido cibernetizada desde una temprana edad, sin su consentimiento, para trabajar en las fuerzas de seguridad, privándola así de su niñez. En una de sus aventuras, Kusanagi debe, a su vez y paradójicamente, liberar una fábrica que emplea trabajo esclavo infantil que opera complejas máquinas a través de conexiones cerebrales insertadas en sus cabezas. (14) Los paralelismos e influencias de estas obras japonesas con su contraparte norteamericana The Matrix son evidentes, al igual que la sagacidad de Marx en señalar a los niños como el grupo más vulnerable en la depredación capitalista-tecnológica. En la actualidad, el capitalismo no sólo sigue explotando el trabajo infantil en los países subdesarrollados, sino que, en su modalidad digital, transforma también a un gran número de niños, sobre todo del primer mundo, en ávidos consumidores a través de sus teléfonos móviles, comprando todo tipo de bienes digitales como juegos de video o subscripciones a todo tipo de servicios en línea. Pero no sólo eso, la era digital capitalista expone la infancia, además, al mundo adulto de la pornografía, sin ningún reparo e inclusive facilita las herramientas por las cuales sus cuerpos pueden ser vendidos como mercancía por las múltiples mafias que lucran con su explotación sexual, como lo mostró el caso Epstein.

Tristemente, tanto en la ficción como en la realidad, la niñez ha sido transformada, no en pocas ocasiones, en mercancía según la definición del propio Marx, en tanto satisface necesidades humanas, “vengan éstas del estómago o de la fantasía”. (15)

El ejército de trabajadores de reserva

Otro de los temas prácticos analizados por Marx en El Capital, en cuanto a la dinámica de la producción dentro del capitalismo, es lo que el autor identificó como “la fuerza laboral en reserva”, compuesta por proletarios pauperizados y sobre todo por migrantes o refugiados económicos, tanto de otros países como nacionales, muchos de ellos desempleados. (16) El estudio de esta clase extremadamente vulnerable, sus condiciones de vida y sus medios de subsistencia en los denominados slums son, sin duda, uno de los puntos centrales del análisis práctico en El Capital y a los que Marx invirtió mucho tiempo de estudio; habiendo sido inspirado tiempo atrás por la publicación de su amigo y colaborador Federico Engels “Las condiciones de la clase trabajadora en Inglaterra”, de 1844. Al respecto, una buena analogía futurista se halla en la película Elyseum, desde una perspectiva ciberpunk, donde la sociedad ficticia está separada inclusive geográficamente.

La Tierra en su totalidad se ha convertido en un inmenso slum, asalariado y explotado, cuyos habitantes trabajan en fábricas híper tecnológicas pero en condiciones extremadamente contaminadas. Paradójicamente, el desempleo en esta sociedad significa morir de hambre por el nivel de pauperización de la clase proletaria. Por otro lado el único objetivo de este futurista lumpen, como lo llamó Marx (17), es poder llegar al satélite artificial “Elyseum”, donde vive la clase rica y explotadora. Para lograr dicho propósito la clase proletaria paga a contrabandistas humanos, que operan drones-transporte a control remoto por medio de complicados softwares clandestinos; sin duda el sueño de los traficantes de migrantes del norte de África.

El espíritu humano y la máquina

Pero no sólo los resultados prácticos de la aplicación del capitalismo fueron analizados en este estudio de Marx. Siendo filósofo, el autor se abocó también a desmembrar la naturaleza subyacente en el entramado super-estructural del capitalismo como medio de producción. En este rubro también encontramos interesantes paralelismos con el ciberpunk, puesto que se le presta mucha atención, en este género, a espíritu humano y lo que lo separa de las máquinas ergo inteligencia artificial. (18) Si bien Marx no estuvo ni cerca de vivir el tiempo en que los avanzados algoritmos pudiesen imitar comportamientos humanos, dejó, sin embargo, importantes esbozos sobre este particular en su obra magna, sobre todo, al analizar la relación humana entre trabajador y patrón, como representantes de la abstracción fuerza de trabajo vis-a-vis capital. (19)

La empatía como cualidad exclusivamente humana

Marx despersonaliza al capitalista, definiéndolo como capital con conciencia y voluntad, que sólo tiene como propósito la apropiación progresiva de la riqueza, su reproducción y acumulación. Para saciar este apetito de ganancia el capitalista, encarnación del capital, extrae la plusvalía del obrero, es decir, su trabajo adicional. Entre menos trabajo necesario para satisfacer las necesidades propias del obrero (reproducción de la fuerza laboral) más tiempo de trabajo dedicado a la producción de plusvalía verbigracia ganancia para el explotador.

La facultad para alargar o acortar estos segmentos temporales está parcialmente en las manos del capitalista, conferidos a él por la legislación laboral.  (20) Pero esta explotación es una explotación consciente, luego entonces, el capitalista debe estar desprovisto de empatía para con sus congéneres obreros. De ellos, el capitalista usurpa el tiempo necesario para la salud, el esparcimiento, la alimentación, el sueño y el descanso.

En otras palabras, el capitalista expande la jornada laboral lo más posible, puesto que con cada segundo de tiempo la ganancia crece; en materia de dinero sobran los sentimientos, el hambre de plustrabajo derriba toda barrera moral. (21)

La falta de empatía juega aquí, pues, un rol importante en la pérdida de la condición humana del capitalista, al igual que lo hizo con el esclavista o el terrateniente. Así mismo, la empatía humana se presenta como una condición del instinto comunitario del hombre, que Marx define como un animal social. (22) En el plano de la biología, la empatía juega un rol de supervivencia, en tanto la falta de ésta, permite a los animales carnívoros alimentarse de otro ser vivo, incluidos, muchas veces, los de su misma especie. Los herbívoros y omnívoros, sin embargo, presentan el candado moral de la empatía. Este es un concepto interesante dentro de la novela emblemática del ciberpunk Do androids dream of electric sheep? De Philip K. Dick, adaptada al cine como Blade Runner. En esta historia el protagonista caza-androides Rick Deckard lleva acabo una prueba de medida de empatía para poder diferenciar efectivamente humanos de androides.

En este sentido la novela presenta al androide falto de empatía, como un depredador sin emociones, propio del mundo de la fauna carnívora presente en la naturaleza; de la misma manera en que Marx expone al capitalista, como el avatar corpóreo del capital, un ente desprovisto de emociones humanas y regido sólo por el software de la adquisición, reproducción y acumulación de la ganancia. (23) En este plano los conceptos de carne y metal se funden y aparece la relación bio-mecánica entre la ciencia social y la biología. No fortuitamente fueron Marx y Darwin los revolucionarios intelectuales más importantes del siglo XIX; que paradójicamente
vivieron a 30 kilómetros uno del otro. (24)

La deshumanización subjetiva de la clase proletaria

Pero en el análisis marxista, expuesto en El Capital, no sólo la psique de la clase explotadora se ve afectada por las dinámicas del modo de producción capitalista. La misma esencia individual del obrero y colectiva de la clase proletaria se ve trastocada por este sistema opresor y por la introducción de la tecnología en el proceso productivo, tanto en cantidad como en calidad.

El paso del feudalismo al capitalismo acabó con la dinámica productiva de los pequeños talleres, donde los obreros y artesanos aplicaban distintos trabajos al mismo producto. La revolución tecnológica de la producción en masa ha amputado al obrero muchas de estas habilidades y lo ha forzado a especializarse en una sola, impidiéndole el desarrollo intelectual; un fenómeno que, por cierto, ya había sido atendido por Adam Smith. (25) Pero la introducción de las máquinas, que a su vez producen máquinas, lleva consigo el final de la
producción manufacturera como tal, reduciendo tanto más en importancia, como en número, la cantidad de mano de obra humana necesaria y abaratándola al mismo tiempo.

Sin embargo, el hecho de que la fuerza provenga de la máquina o del hombre en nada altera la escénica del proceso. (26) La necesidad de extirpar la plusvalía del trabajo humano se mantiene intacta, y peor aun, se arrecia tanto en duración como en intensidad del trabajo.

Como producto del rol fundamental de la máquina, el obrero se convierte en un accesorio de la misma, teniendo que trabajar al ritmo de ella, siendo su única especialización el operarla y repararla si es debido. Una intensidad de trabajo aumentada que hace mella en su salud física y mental. Así pues, dentro del capitalismo la máquina no libera al hombre, sino que lo esclaviza con nuevas y más terribles condiciones de trabajo. Para Marx, el capitalista se deshumaniza al desligarse de la producción en cuanto alcanza un capital mínimo; por el contrario, el obrero se ve absorbido por tal producción, hasta el punto más ínfimo de convertirse en un apéndice de la máquina, deshumanizándose casi hasta el punto de su contraparte artificial. (27)

Esta pauperización, producto de la explotación hiper-tecnológica, es quizá el tema más recurrente y la goma que une las distintas narrativas ciberpunk, desde sus primeras representaciones hasta las más modernas. En el clásico del cine mudo alemán Metrópolis, de Fritz Lang, la gran masa proletaria está confinada a un mundo subterráneo donde se ven explotados de manera brutal para mantener los lujos del mundo que existe en la superficie.

Paradójicamente, una especie de mesías aparece para liderarlos en su lucha redentora, este mesías es en realidad un androide claramente identificable como una figura religiosa, que pudiese representar el avance tecnológico, como el camino a la liberación. Una narrativa muy parecida ofrece la película Demolition Man, casi cien años después que Metrópolis, desde una perspectiva más enfocada a la acción.

En otro ejemplo, la novela Dune, de Frank Herbert, más cercana a la ciencia ficción, describe no a una masa proletaria, sino a una clase campesina futurista, que se dedica específicamente y en la totalidad del planeta ficticio Arrakis, a la recolección de melange, un producto orgánico producido por gusanos de arena gigantes. La recolección, procesamiento y exportación de este mineral ficticio mantiene, a su vez, a una clase opresora que existe como tal desde tiempos inmemoriales y que se refiere a los fremen, los habitantes nativos de Arrakis, como semi-humanos. (28)

Industrie 4.0

Pero al igual que los avances en la robótica cambian cada aspecto de la vida humana, al convertirse en el corazón del proceso de producción, esto no pudiese ser posible, a una escala global, sin la digitalización y la extensión global de la misma por medio de la internet.

Así pues, la aplicación de la información y la tecnología de la comunicación han alcanzado un nuevo nivel. En este sentido, no sólo la solución a los complicados problemas propios de la densa población en conglomerados urbanos encuentran respuesta en la nanotecnología, la computación cuántica o las imágenes satelitales, sino también los procesos productivos propios de las fábricas en concreto; de aquí el término Industrie 4.0.

Este estadio tecnológico en el que nos encontramos es sólo el resultado lógico de la aparición de las computadoras a mitad del siglo XX, que fue denominado como Industrie 3.0. Así pues, la digitalización propia de la industrie 4.0 si bien no erradica el trabajo humano, si que lo ha transformado substancialmente. (29)

A esta realidad propia de la industrie 4.0 pertenecen nuevos elementos. Por medio de la digitalización y la presencia de los consumidores en internet, la recolección de datos sobre sus comportamientos de demanda y compra han permitido enlazar estos últimos directamente con los bienes a producirse, y por consiguiente a consumirse. Dicho tipo de producción, denominado Smart, se ha hecho mucho más sencillo con la introducción masiva de impresoras 3D y los avances en robótica, además de otros factores, que han conducido a modelos de producción mucho más autonómicos. (30)

Para lograr este salto cualitativo, la obtención de información del consumidor es crucial. Este concepto de vigilancia ha cobrado mucha importancia a raíz del avance en tecnologías de reconocimiento facial a través de cámaras en lugares públicos. A esto se le llama big brother, una idea que el autor George Orwell exploró en su novela emblemática del ciberpunk 1984, donde un Estado totalitario vigilaba permanentemente a sus ciudadanos e inclusive ciertos pensamientos configuraban el tipo penal crimental y eran castigados por la policía del pensamiento. (31) En otro paralelismo, el monitoreo ergo vigilancia, de plataformas como Facebook, YouTube, Amazon etc, recopilan permanentemente información sobre el consumidor, que luego puede ser vendida a productores en forma de banco de datos, o que es adquirida por los mimos en tiempo real.

Arrakis, Dune

Pero para hacerse de esta información es necesaria la producción de publicidad digital de todo tipo, desde vídeos, fotos, animaciones, estadísticas, textos, artículos y demás.

Consecuentemente para esto se requiere un ejército de trabajadores digitales igualmente variados: diseñadores gráficos, programadores, expertos de marketing, matemáticos de algoritmos etc. Este nuevo segmento de la clase trabajadora se desempeña en una nube cibernética con las condiciones de trabajo más desreguladas y muchas veces más explotadoras que sus contrapartes del mundo terrenal. (32)

A su vez, este nuevo mundo laboral ha creado originales modos de explotación ligados al concepto del post fordismo, en el que una especie de economía compartida ha brotado principalmente a través del uso de aplicaciones de teléfonos móvil y páginas de internet.

Bajo estos nuevos modelos, las empresas actúan como intermediarios proveedores de infraestructura digital, lo cual las libera de gastos de inversión, pago de trabajadores, obligaciones legales etc. Un paraíso de explotación virtual que pone el peso de la logística, inversión, infraestructura física y además prestación del servicio, sobre los hombros del trabajador; que, además y para colmo, se cree ser un empresario emprendedor, bajo el velo de una explotación disfrazada despojándolo de toda conciencia de clase. Ejemplos de estas dinámicas son las plataformas uber y airbnb. Estas son las compañías más grandes de taxis y alojamiento, respectivamente, sin siquiera ser dueñas de un solo taxi o de algún inmueble, respectivamente. (33)

“Este nuevo mundo laboral ha creado originales modos de explotación ligados al concepto del post fordismo, en el que una especie de economía compartida ha brotado principalmente a través del uso de aplicaciones de teléfonos móvil y páginas de internet”

Un modelo parecido es el crowdsourcing, donde empresas someten a concurso el servicio o producto que necesitan, a través de internet. Después de recibir propuestas y-o productos de diferentes diseñadores, arquitectos, o programadores, la empresa se decide solo por uno, y solamente a éste le paga su producto, terminando el trabajo de todos los demás concursantes en la basura digital o siendo apropiado por la empresa convocante para futuros proyectos. Esto ha convertido a ciertos países, como la India, en paraísos del llamado freelancing, en donde los trabajadores independientes se someten a condiciones de sobre explotación y de completa negligencia de sus derechos laborales. (34) Aquí también el ciberpunk ofrece ejemplos similares, la novela nuevo mundo, de Aldous Huxley, describe un futuro donde la religión fordista de la producción y el consumo ultra individualizado son el pilar de una sociedad que pretende ser perfecta, en un Estado ultra neoliberal que eleva al individuo por encima de toda colectividad. Un ejemplo similar más reciente es la novela Carbono alterado, del autor Richard Morgan, quien también reduce el Estado a su mínima expresión; y donde los carteles familiares, al estilo Zaibatsu japonés, dominan la economía y sus miembros tienen el acceso a la mejor bio-tecnología que les permite fácticamente ser eternos. (35) El mundo ciberpunk es, por cierto, altamente neoliberal, puesto que se basa en una concepción ultra individualista del individuo, que se administra a sí mismo como una empresa que produce y consume productos, siempre eligiendo la mejor opción dentro de  una enorme gama de ofertas, convirtiéndose así en un homo oeconomicus por exelencia.

Una distopía individualista, que está en franca contradicción con las utopías sociales. (36) Sin embargo y paradójicamente, no todo es desregulación y libre mercado en el mundo digital. De hecho, y siguiendo la lógica leninista de la acumulación del capital, la industria de las telecomunicaciones y la informática son de las más monopolizadas de la actualidad. (37)

Pero no sólo eso, sino que dentro de esta industria también se ejercen los mayores controles de sus trabajadores por medio de la misma tecnología. (38) En el modelo call center, por ejemplo, mide a través de softwares cada minuto que el trabajador pasa sentado, trabajando o en una pausa para ir al baño; de entrada el contador digital al llegar al trabajo es ya una forma de vigilancia digital para todo empleado.

 

La tecnología digital en las guerras imperialistas

La monopolización del sector tecnológico tiene efectos importantísimos en la economía y geopolíticas globales, porque los mercados digitales se han convertido a su vez, como cualquier otra rama de la economía, en el campo de batalla y competencia de los conglomerados transnacionales que se disputan también estas fuentes de ganancia, de manera pacífica o por medio de las agresiones militares. De esta manera, la potencias capitalistas y sus empresas transnacionales no sólo se disputan el mercado digital e imponen restricciones para plataformas digitales extranjeras, como el caso de Facebook en Russia y China o las agencias de noticias rusas Sputnik y RT en EUA o la aplicación china Tik Tok, sino que también los elementos necesarios para la tecnología digital han entrado a jugar su propio rol dentro de los conflictos internacionales, como lo es el caso del silicón, itrio , disprocio o el terbio, de los cuales entre Rusia y China poseen tres cuartas partes de las reservas del mundo. (39) Estos conflictos internacionales son también explorados en el anime Appleseed, también de Shirow Masamune, donde se muestran los juegos geopolíticos de diversos Estados futuristas como el Imperio Americano, Israel, Irán y los Estados Unidos de Repúblicas Soviéticas Socialistas. (40)

En nuestra realidad, las tecnologías digital y robótica comenzaron ya a jugar su propio rol dentro de la dinámica de la guerra imperialista. Esto no es nuevo, desde que el telegrama se inventó, fue utilizado para mejorar la logística de las comunicaciones dentro de los ejércitos. Sin embargo, la completa automatización de vehículos militares como drones y carros armados es, sin duda, un salto cualitativo en la dinámica de la guerra. (41) Las campañas de bombardeo con drones, tan utilizadas en el gobierno de Obama, encuentran su contra medida en la tecnología militar rusa de disrupción de aparatos electrónicos. Además, el vehículo militar ruso BMP-T Ramka es un dron terrestre armado con cañones automáticos, lanzagranadas, lanzadores de misiles y ametralladoras, lo cuál le ha ganado el apodo de terminator. (42) En un paralelismo verdaderamente perturbador, en otro clásico del cine ciberpunk, protagonizado por Arnold Schwarzenegger, un robot asesino del futuro, un terminator tiene que viajar al pasado para asesinar a quien será el líder de la humanidad en la guerra contra la dominación de las máquinas comandadas por un ente de inteligencia artificial que adquiere conciencia propia, denominado Skynet. Esta temática de la adquisición de conciencia propia ergo liberación de la máquina de su amo humano, se explora de manera por demás interesante en el filme Ex-máquina, donde un androide femenino logra enamorar a un programador para que la ponga en libertad, y en el proceso asesina tanto a su creador como al amante engañado. Otro tanto lo hace la película de ciencia ficción Alien Covenant, donde el androide David se rebela contra su creador humano fundamentándose en el mito griego de Perseo, quien robó el fuego de la inteligencia a los dioses.

Pero el avance técnico-bélico no requiere necesariamente del componente robótico para poner en peligro a la humanidad, como lo demostró la crisis de los misiles durante la guerra fría. De la misma forma, la novela gráfica ciberpunk memorias de la guerra civil mundial, plantea precisamente eso, un escenario de conflicto global hiper-tecnológico, pero dirigido no por robots, sino por el ser humano. (43)

Conclusiones

 

El avance tecnológico, tanto en robótica como en digitalización, es una realidad y habrá de irrumpir cada vez con mayor fuerza en el proceso productivo en todas sus vertientes. Aún más, el human enhancement (mejoramiento humano por medio de implantes, prótesis,
fármacos y nanotecnología) aparecerá de manera inevitable en el mediano plazo, afectando profundamente nuestro entendimiento de la conditio humana. (44)

Por otro lado, la tecnología no sólo aumenta la efectividad de la explotación del ser humano, sino que en el contexto de la acumulación del capital, monopoliza aún más los mercados destruyendo así la pequeña empresa, que se ve ajena al proceso de modernización por falta de recursos. Por esta razón y como una lógica emanada de la naturaleza intrínseca del capitalismo, descubierta por Marx y enriquecida por Lenin, mientras el avance tecnológico se dé bajo una realidad capitalista, estos avances no tendrán como propósito la mejora de las condiciones de la clase trabajadora o de la sociedad en su conjunto, sino la explotación y el aumento de la ganancia, y por ende el mantenimiento de la distopía como una realidad producto del modo de producción capitalista. (45)

Estas evidentes ventajas expoliadoras que ofrecen las nuevas tecnologías no han pasado desapercibidas por la burguesía internacional, que impone su agenda explotadora utilizando slogans en el sentido de que la revolución digital significaría una mejor sociedad per-se, de la cual todos obtendríamos ganancia. Esta campaña publicitaria se ha convertido en un auténtico fetichismo tecnológico en algunos países super industrializados como Alemania, donde la empresa Daimler-Boss se jacta de operar la fábrica-54 como un sinónimo de producción digitalizada, un modelo que le costó el puesto de trabajo a 300 operadores en Sindelfingen y que lo mismo hará con otros 15,000 trabajadores en toda Alemania, según sus optimistas proyecciones. (46) Pero las consecuencias negativas de la introducción de nuevas tecnologías tampoco pasaron desapercibidas para la clase trabajadora, que desde muy temprano reconoció el peligro que le representaban. El movimiento ludista en Inglaterra, por ejemplo, dirigió sus esfuerzos y su ira contra las máquinas mismas, a quienes hicieron culpables directos de su pérdida de trabajo, ignorando sin embargo y en gran medida al capitalista, ente corpóreo del capital, como el origen propio del problema. (47)

En esta realidad paradójica de avance tecnológico y empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora es imperante volver a Marx. En su análisis del capitalismo como modo de producción, el filósofo alemán desentrañó la naturaleza distópica del capitalismo y su capacidad de pervertir y corromper, en pos de la acumulación del capital, toda sociedad en la que este modo de producción se aplica. En este sentido el ciberpunk, como subgénero de la ciencia ficción, nos presenta modelos de sociedades futuristas hiper-tecnológicas, que se desarrollan en atmósferas hiper-capitalistas neoliberales; así pues, estas sociedades ficticias ciberpunk corroboran, en la mayoría de los casos, con o sin intención, el análisis de Marx en cuanto al rol que juega la tecnología dentro de la realidad capitalista.

Marx no creía que la automatización (incluida la inteligencia artificial por extensión) y los robots desplazarían eventualmente a la gran mayoría de la fuerza laboral. En su opinión esto sólo tendría como consecuencia una economía con cero empleo y, como resultado, cero extracción de ganancia en forma de plusvalía. En cambio, la tendencia de sustituir al hombre por máquinas abarataría enormemente la mano de obra, haciéndola nuevamente rentable en ramas de la economía existentes o de nueva creación si fuese necesario. De cualquier modo, el capitalismo como modo de producción seguramente no pudiese sobrevivir teniendo una perpetua e inmensa masa desempleada de trabajadores privada de los medios para tener una vida plena, o sea, privándole perpetuamente de trabajo. (48)

Como consecuencia y bajo un análisis marxista sobre el rol de la tecnología en el modo de producción, el objetivo de la clase trabajadora debe ser precisamente el de superar el modo capitalista de producción, que es distópico por naturaleza, y remplazarlo por un modo socialista de producción, que tenga como objetivo una utopía social. Un modelo socialista en el que el tiempo libre y el tiempo laborable no entren en conflicto, como consecuencia de la lógica burguesa de acumulación de capital.

Sólo bajo el modo de producción socialista las máquinas representan una fuerza externa, adicional y dominante sobre la mano de obra viva, que son propiedad de los trabajadores asociados unos con otros. El socialismo cambia de manos la propiedad de la maquinaría: la entrega a los trabajadores, como herramientas a su servicio dentro del proceso productivo; y no al revés, no para someter a los trabajadores a la explotación de las máquinas. (49)

Notas al artículo:

1 Harari, p. 11.
2 4ta definición de „revolución“ del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
3 2da definición de „revolución“ del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

4 Wheen, p. 298.

5 Platón, pp. 42-44, 55, 167.
6 Platón, pp. 280, 312 / Murcia Ortuño, pp. 67-68, 77-78, 84-88, 404-406.
7 Griffths, Communist Review 87, p. 32.
8 Sardar & Wyn Davis, pp. 15-17, 147, 225.

9 Lenin, p. 19.
10 Lenin, pp. 27, 43, 77.
11 Fuchs, p. 28.

12 Frick
13 Marx, El Capital, libro I, tomo I, pp. 374-393 / Wheen, p. 263.
14 Masamune, 1991, pp. 21-27 / Fujisaku, pp. 80-81.

15 Marx, El Capital, libro I, tomo I, p. 55.
16 Wheen, p. 304 / White, p. 4.
17 Marx, El Capital, libro I, tomo III, pp. 110-111.
18 Masamune, 2009.

19 Marx, El Capital, libro I, tomo I, pp. 207, 292, 311.

20 Marx, El Capital, libro I, tomo I, pp. 207, 291, 292, 311.
21 Marx, El Capital, libro I, tomo I, pp. 313, 325, 343, 353-354, 369.
22 Marx, El Capital, libro I, tomo II, p. 23.
23 Dick, pp. 26, 27, 107.
24 Wheen, p. 365.

25 Marx, El Capital, libro I, tomo II, pp. 66, 68 / White, p. 4.
26 Marx, El Capital, libro I, tomo II, pp. 77, 79, 83, 99.
27 Marx, El Capital, libro I, tomo II, pp. 30, 127, 139, 147.

28 Herbert, p. 295.
29 Frankopan, p. 118 / Frick / Bierbaum, p. 10.
30 Geisler, p. 38 / Schwarzbach, p. 52.
31 Orwell, pp. 5, 10, 13.

32 Fuchs, pp. 33, 34.
33 Harper, pp. 24-25.
34 Fuchs, pp. 34, 36 / Schwarzbach, pp. 47, 55.
35 Huxley, pp. 45-69.

36 Duttweiler, pp. 109-110.
37 Fuchs, pp. 32-34 / Schwarzbach, pp. 51-52.
38 Fuchs, pp. 27, 32-35 / Geisler, p. 43.
39 Frankopan, p. 12.
40 Masamune, 2009, pp. 29, 39, 77.
41 Frankopan, pp. 40-41 / Fuch, p. 31.

42 Noticias de Israel / Sputnik en Español
43 Marzano & Ponzio, pp. 3-6, 26, 41, 56.
44 Dickel, pp. 86-87.
45 Lenin, p. 52 / Griffiths, Communist Review 87, p. 27 / White, p. 4 / Fuchs, p. 29.

46 Kühner, p. 2.
47 Marx, El Capital, libro I, tomo II, pp. 158-159.
48 Griffiths, Communist Review 86, p. 25.

49 Harper, p. 27.

FUENTES BIBLIOGRAFICAS

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FILMOGRAFIA

  •  A. Arad (productor), R. Sanders (director). (2017). Ghost in the Shell: vigilante del futuro (película). USA: Paramount Pictures
  •  A. MacDonald (productor), A. Garland (director). (2015). Ex-Máquina (película). Reino Unido: Universal Studios
  • B. Block (productor), N. Blomkamp (productor) y S. Kinberg (productor), Blomkamp (director). (2013). Elyseum (película). EUA: TriStar Pictures
  • E. Pommer (productor), F. Lang (director). (1917) Metrópolis (película) República de Weimar: Universum Film A.G
  • H. Kazanjian (productor), M. Brambilla (director). (1993) Demolition Man (película) USA: Warner Bros. Pictures
  •  J. Cameron (productor y director). (1991). Terminator 2: judgment day (película) USA: TriStar Pictures
  • M. Deleey (productor), R. Scott (director). (1982). Blade Runner (película). EUA: Warner Bros. Pictures
  • R. Scott (productor y director). (2017). Alien Covenant (película) USA: 20 th Century Fox
  •  S. Kato (productor) y R. Suzuki (productor), K. Otomo (director). (1988). Akira (película). Japón: TMS Entertainment
  •  Y. Mizuo (productor), M. Oshii (director). (1995). Ghost in the Shell (palícula- anime). Japón: Kodansha

Autor

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Docente de derecho constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Fridrich-Schiller en Jena, Alemania. Miembro de la comisión de relaciones internacionales del Partido Popular Socialista de México.