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Sin independencia económica no hay independencia informativa
“El trabajo político de Chávez y de León abrió el camino a que las venezolanas pudieran abrir nuevos espacios de debate para poder luchar por sus derechos”
“Las mujeres son abrumadoramente mayoritarias en las estructuras comuneras y de base, sindicales y organizadas territorialmente”
“El relato occidental de república bananera no tiene nada que ver con la realidad de las fuerzas armadas bolivarianas”
Hace unos días tuve la ocasión de poder visitar por primera vez Venezuela; la tierra del eterno verano, las deliciosas arepas y el “ahorita” caribeño que tanto desespera a alguien tan puntual como éste que ensucia esta página con sus reflexiones. Venezuela; cuna del Libertador Simón Bolívar, de Antonio José de Sucre o Ezequiel Zamora; pero también de Juana Ramírez, Ana María Campos o Cecilia Mujica. Venezuela; Patria de sus hijos e hijas, pero también de tantas personas que han necesitado del calor de sus brazos.
Antes de emprender este nuevo viaje, decidí despojarme de toda expectativa. Mi intención era enfrentarme a la realidad sin que me decepcionara. No quería que mi perspectiva se viera contaminada por clichés absurdos, ni que falsas ideas o concepciones idealizadas me llevaran a la frustración. Solo quería liberarme de la inevitable subjetividad humana. Necesitaba descubrir la verdad sin depender de opiniones ajenas, ver la realidad con mis propios ojos.
El objetivo de mi viaje no guarda relación alguna con esté artículo. Pero, siendo honesto conmigo mismo, creo que lo que vi necesita ser contado. Más aún en casa, acostumbrados al bombardeo constante de informaciones sesgadas cuando no directamente falsas sobre Venezuela. El decadente hegemón norteamericano tiene un claro objetivo en su agenda geopolítica: siempre quiso apropiarse de esa tierra bañada por el Caribe, abrigada por el Amazonas y protegida por los Andes, siempre quiso apropiarse de sus recursos y de su posición estratégica. Y este ataque constante no se limita al ámbito militar, sino que también penetra en la conciencia colectiva de la gente, intentando condicionar la opinión pública. Esto no solo ocurre en Venezuela, donde la aparición de María Corina Machado fue tomada a risa entre la mayoría de la población venezolana, sino también en el extranjero. En países como España, donde la diáspora venezolana anti-chavista llega a tener una influencia considerable e incluso afectar procesos electorales y definir barrios e identidades, como es el caso de Madrid. Este ejemplo de relato trastocado hasta la saciedad es capaz de marcar agenda política, y de manera infantil hacer que la izquierda pueda asumir posturas realmente derechistas que en nada ayudan al avance social que se está dando en Venezuela.
Como alguien que no conoce en profundidad el proceso venezolano, quizá lo que cuente aquí le sea familiar a muchas personas; así que disculpen antemano si cometo algún error. Pero de todo lo que he podido observar en Venezuela, y admitiéndolo con la mayor humildad posible, mi mayor admiración se la ha llevado el feminismo popular bolivariano.
LAS LEONAS RECUERDAN
Del 9 al 12 de enero, en Caracas, se celebró el Festival Mundial Internacional Antifascista, cuya apertura se llevó a cabo por Delcy Rodríguez. Rodríguez, que en el Estado Español solo es referida en el marco de las guerras del bipartidismo, a menudo con desdén y soberbia, ejerce un importante papel desde la vicepresidencia: no en vano fue Canciller, es abogada de formación y ministra de Hidrocarburos, nada menos. En su presentación, la vicepresidenta venezolana ya adelantaba los ejes principales de debate: la solidaridad y el apoyo mutuo entre países de todo el mundo frente a la ofensiva imperialista y las nuevas formas del fascismo. Venezuela, al igual que otros pueblos, es consciente de lo que está ocurriendo. El eje geopolítico está cambiando, y la apuesta por un mundo multipolar y en clave anticolonial reconfigura un Sur Global que no asume tutelas. Sin embargo, y pese a los genocidios y guerras constantes a las que nos están acostumbrando los mass-media, lograr este objetivo no será nada fácil y es muy probable que traiga consigo auténticas tragedias a las que se deberá hacer frente con firmeza. No puedo evitar recordar aquella cita de Antonio Gramsci que dice: El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.
Aquel primer día, por la tarde, se llevaron a cabo diferentes mesas de debate. Aunque tentado por una titulada “Intelectuales, artistas y movimientos sociales en defensa de la humanidad”, una compañera me convenció a asistir a la mesa llamada “Mujeres en la lucha antifascista: Construcción de un feminismo emancipador”. Debo admitir que en un principio tuve cierto recelo a asistir; desconocía el contexto, y no sabía si era respetuoso que un hombre ocupara el espacio de aquella charla. El hecho es que me animé, y el recibimiento fue amable, pues se trataba, sobre todo, de compartir y de debatir sobre un legado de conquistas feministas para llevarlas más lejos.
Cabe decir que la charla empezó entre fuerte y muy fuerte. La primera ponente fue María León, veterana guerrillera, abogada y diputada venezolana conocida popularmente entre sus compañeras como “La Leona de Chávez”; incombustible con 87 años y, por lo que pude observar y nos contaron las asistentes, un referente para la lucha de las mujeres venezolanas. Cuando fue presentada el rugir del publico hizo temblar la sala. Muchas de las asistentes transmitían su cariño con aplausos y vítores, pero una vez que la Leona tomo el micrófono el silencio se apoderó del lugar para escucharla, y no hubo quien la parara. Su tono era lento pero vehemente, su voz suave pero incisiva. La fuerza de su palabra llegaba al interior de las presentes. Habló de su época de juventud y de la pésima situación de la mujer en aquellos años previos a la revolución. Y es que las mujeres venezolanas han tenido que luchar mucho dentro y fuera de los espacios políticos y esta lucha se ha librado en campos de batalla que van desde la Comuna más humilde hasta la Asamblea Nacional. Día a día y espacio tras espacio, las leonas han sabido articular y enunciar un camino propio para llevar sus demandas a las leyes y a los barrios, para convertir en política sus malestares y sus reivindicaciones, y también para alcanzar puestos de poder en el gobierno y otras instituciones, el gran reto de la paridad, que es mucho más que una mera cuestión de números, sino de enunciación política.
María León habló de un “feminismo popular” con referentes femeninos y también masculinos. Una y otra vez citaba a Fidel Castro, pero sobre todo a su gran amigo Hugo Chávez. El trabajo conjunto realizado para llevar la agenda del feminismo popular a las instituciones como un mandato constitucional se produjo durante y gracias al gobierno de Chávez, un hombre que como la Leona reiteró “se consideraba feminista, y siempre luchó por las mujeres”.
Esto nos llevó a la reflexión ¿Puede un hombre ser referente de la lucha feminista? Honestamente, no lo se. Probablemente, debatiéndolo con compañeras, las contradicciones que aparecen aquí son evidentes, pues legar el mérito de la lucha feminista a uno o varios hombres sería, de nuevo, invisibilizar el hecho de todas las militantes que empujaron desde las bases hasta la cima para que eso ocurriera. La convicción feminista y popular no llega sola, ni es una epifanía, sino un trabajo de toma de conciencia de privilegios y de opresiones de las que hacerse cargo para erradicarlas. Pero como cualquier materialista sabe, son esas contradicciones las que mueven el mundo. Lo que sí está claro es que el trabajo político de Chávez y de León abrió el camino a que las venezolanas pudieran abrir nuevos espacios de debate para poder luchar por sus derechos. Y así es como ellas lo transmitían. Su labor por ideologizar, por formar, por articular espacios de poder y toma de conciencia fue referencial. La verdad es que las leonas tienen memoria, saben quién ha luchado por ellas y los recuerdan con orgullo y respeto.
LAS LEONAS SE ACUERPAN
Nunca me han gustado los programas cerrados en los que los asistentes deben cumplir de forma rígida lo establecido por la organización. Es por eso que, teniendo la ocasión de poder visitar diferentes puntos de la capital venezolana, decidí no perder esta oportunidad. Quería ver con mis propios ojos lo que ocurría, y así, acudimos al Hipódromo de Caracas.
Allí encontramos alrededor de 7.000 personas acampadas, llegadas desde diferentes rincones de Venezuela acampadas en una suerte de encuentro comunal y de apoyo a Nicolas Maduro de cara al día siguiente, durante su toma de posesión como Presidente, y ante las amenazas de un posible golpe que frustrase la juramentación tal y como solicitaban muchas voces en occidente. El ambiente, en un principio, parecía cargado de tensión. La incertidumbre sobre lo que podría ocurrir el 10 de enero se había expandido. Había quienes temían la posibilidad de una guarimba e incluso un posible golpe de estado orquestado por María Corina Machado, Edmundo González y sus padrinos internacionales. Sin embargo, más allá del miedo, la realidad era que todos se estaban preparando para hacer frente a cualquier escenario que se presentara.
Al ingresar al recinto del hipódromo, el movimiento constante de personas era evidente. Algunas descansaban después del largo viaje hasta Caracas, otras movían cajas de cartón repletas de material político, otras trasladaban colchonetas para que todo el mundo pudiera pasar la noche de manera cómoda, otras repartían la cena, que constaba de una hamburguesa, algo para picar y un zumo… la organización de estos comuneros y comuneras era simplemente impecable. Todo perfectamente coordinado, con una logística en la que todos los presentes ayudaban y contribuían. Fue un ejemplo práctico de poder popular verdaderamente extraordinario.
Tuve la ocasión de conversar con muchos miembros de sindicatos de campesinos y de pescadores y acuicultores que arribaron de diferentes regiones del país, así como con lideres y lideresas de las muchas comunas de Venezuela allí reunidas. La mayoría eran mujeres, que son abrumadoramente mayoritarias, como me contaron algunas veteranas, en las estructuras comuneras y de base, sindicales y organizadas territorialmente. Son, literalmente, el sustento de la revolución. Pero en esta acampada de juventud había militantes muy jóvenes, algunas y algunos prácticamente adolescentes, cuya paciencia para explicarnos el escenario, la autoorganización desplegada, su épica oratoria, su inquebrantable compromiso, su alto nivel de formación política, su solidaridad con sus compañeros y compañeras era, honestamente abrumador y haría sonrojar a mucha militancia del otro lado del charco. Una vez más, ahí estaban las leonas preparadas para hacer frente a sus enemigos con la palabra y el ejemplo de un feminismo de clase y anticolonial ante el cual uno solo puede asumir que nos toca aprender, y mucho.
LAS LEONAS COMBATEN
Nunca me hubiera imaginado escribir sobre un tema como el que estoy tratando en este texto. El objetivo de mi viaje era entrevistar a perfiles más centrados en cuestiones militares y de seguridad, y no lo he conseguido. Aun así, he podido comprobar el poder de la llamada “Unión cívico-militar”. En Occidente, el tema militar no es que sea exactamente tabú, pero sí que no está muy bien visto socialmente entre movimientos de izquierda. Sin embargo, ignorar el tema, o hacer oídos sordos implica el evitar la realidad de cómo funcionan otras sociedades y la de uno mismo; sus dinámicas y, como no, la propia geopolítica.
Hugo Chávez aró la tierra para que los militares adquirieran una formación política impensable en otros países, especialmente en cuestiones ideológicas relativas al patriotismo y a la lucha de clases. Pero también plantó las semillas para que las mujeres accedieran de manera normalizada al ejército y que el acceso a rangos de oficial fuera algo habitual. Estas semillas germinaron, y la fuerza que Venezuela tiene para defender la patria frente a cualquier injerencia, ya sea externa o interna, es algo digno de ver.
En el hipódromo pude ver como la milicia, compuesta por hombres y mujeres de diferentes edades, hacía formación en un perfecto orden digno de cualquier militar profesional. Se podría decir que la milicia es el brazo armado del poder popular; el pueblo en armas, ideologizado, consciente de su papel en la defensa del país y dispuesto a dar la vida en la batalla.
Actualmente, el binomio cívico-militar ha adquirido un tercer elemento: la policía. Al ser unos días “agitados”, en lo que a política venezolana se refiere, en las calles de Caracas se podía ver una gran cantidad de policía. Acostumbrado a un modelo policial europeo, generalmente muy represivo y ajeno a las necesidades populares, debo admitir que el cuerpo de policía venezolano trataba a todo el mundo de manera respetuosa y correcta. Ayudaban a que los acontecimientos se desarrollaran en paz, y el mínimo altercado era tratado de una forma muy profesional. Posiblemente tuvieran órdenes de no ejercer violencia, no lo sé, solo escribo lo que vi. El día 10 el calor era terrible, y concluido el acto de jura de Nicolas Maduro, la gente fue retirándose del centro de Caracas y los y las policías, cansados por la jornada, fueron quitándose los cascos para respirar algo de aire “fresco”. Me crucé con diferentes unidades policiales y una vez más ahí estaban las mujeres, cuyos rostros conformaban, según mi ojimetro, un 35-40 % de los efectivos de estas unidades.
Por último, tendríamos al sector militar; el ejército profesional ya propiamente dicho. El relato occidental de república bananera no tiene nada que ver con la realidad de las fuerzas armadas bolivarianas. He podido observar a militares profesionales generalmente disciplinados y bien formados que portaban sus AK-103 producidas en la misma Venezuela, gracias a la ayuda rusa. Y como no, allí también estaban las leonas. En la guardia de honor del Palacio de Miraflores, en los puestos de control, en la base de la Carlota. Todas ellas haciendo frente de manera marcial al tórrido sol del enero caraqueño con sus viseras, cascos o boinas rojas. Todas ellas alerta, preparadas y dispuestas para cualquier combate.
LAS LEONAS ENSEÑAN
Habrá quien quiera colocar en las narrativas occidentales un relato de conservadurismo o de machismo que caricaturice al movimiento bolivariano en su complejidad y diversidad. Pero ante la propaganda, hechos: La mujer está en las instituciones, está en la calle, lidera la movilización de los barrios populares, está en las comunas y sindicatos, está en el ejército y la milicia. Y está en las leyes y en un constitucionalismo feminista impensable en muchas cartas magnas occidentales. Y en todos esos espacios tiene un espacio soberano y propio, solo hay que observar las estructuras sociales que conforman el chavismo para saber que el futuro depende en gran parte de ellas y de su papel en el devenir de su patria.
Pero más allá de estas palabras, si hay algo incuestionable es que, ante todo, estas mujeres son maestras de resistencia y en sus aprendizajes y practicas revolucionarias residen las claves del pasado, presente y futuro de Venezuela. Y así me lo han enseñado observando su trabajo durante estos días. Las leonas son maestras para compañeras de lucha y ejemplo para las nuevas generaciones, como también lo son para los hombres venezolanos. Y en mi caso, que soy un simple viajero al que no le ha dado tiempo ni de sacudirse el polvo del camino, admito que me han dado una lección digna de ser contada. Sin vergüenza ni arrepentimiento debo admitir que me han dado una lección humildad, de fortaleza y ese ejemplo revolucionario de quienes luchan cada día.
El cantautor cubano Carlos Puebla cantaba que “La mujer está con la revolución”. Y al final de este viaje, mis ojos han podido ver como la mujer no está con la revolución; en Venezuela, estas leonas SON revolución.

Historiador e investigador. Trabaja principalmente en cuestiones de memoria histórica. También hace las veces de reportero en diferentes partes del Mundo, pero me centrado sobre todo en Donbass y el conflicto ruso-ucraniano. Colaborador en GZpodcast, en el programa de entrevistas "El Gallico de San Cernin".
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